Hombre,
topaz, que lo de prometida es lo único a lo que se aviene. Una vez tuve la neutra idea de llamarla 'mi compañera' delante de un comercial y aun me sigue tintineando con el hecho. Desde entonces la llamo mi prometida, una broma un tanto hortera, pero vital para nuestro bienestar. Con el tema de los modernos y los antiguos, al final lo mejor es llamar a la media naranja por el nombre de pila, como debe ser, sin posesivos, y nos ahorramos disgustos.
Después de justificarme sin necesidad, añado, al hilo del hilo:
Aneto es una marca de caldos caseros presumidos que alega ser la única cuyos contenidos son explícitamente sin conservantes ni bragas sucias, y cuyo sabor es tal cual lo hacemos en casa con productos seleccionados por nuestro carnicer@ y verduler@ de confianza.
Recuerdo cuando hacía mis primeros caldos, escatimando carne y sin verduras, en los tiempos heroicos de mi padre, que se comía sin rechistar todos esos horrísonos platos de principiante. Aneto, para la confección de éste caldo, ha elegido a alguien con mis mismas manos de entonces. Por eso no dudo que el caldo sea casero, aunque a la vista aparece como agua sucia. No ha sido desengrasado pulcramente, lo que implica que cada cucharada te deja en el gaznate el sabor rancio y pegajoso de los tocinos, y le da un color blancuzco, imagino que también conseguido a base de triturar esa misma grasa junto a no-se-qué (cualquier harina o legumbre podrían ser). Y lo que realmente me indigna: no sabe a preparado. De hecho, no sabe a nada. No sabe prácticamente a puchero, es un caldo aguado, muy aguado, sin nada que lo haga parecer agradable.
Cada brick de caldo Aneto está entre los 2'50 y 3€ (los normales, hay otros 'específicos' de mayor precio). Por ese precio vale la pena hacerse el caldo en casa.
Compré también un envase de caldo de pollo, de la misma marca, cuyo sabor comentaré en cuanto lo deguste.