Mensaje
por marcambit » Dom 09 Dic, 2007 23:48
Bueno, jejeje, como parece que nadie se atreve a lanzarse, pruebo yo. Ya me diréis si estáis de acuerdo o no.
1- Ahora que much@s se llenan la boca diciendo que los de Yorke no son los primeros -sólo faltaría, con la de grupos olvidados y amateurs que regalan sus maquetas!-, quizás habría que avisar de que lo que hace que el acontecimiento sea relevante es que la acción la lleve a término un "grande" de la música, uno de aquellos puntales del rock actual, con un contrato escandaloso con su discográfica (hasta hace poco, éste lo han editado, evidentemente, ellos solitos) y con una resonancia mediática de primer orden. En este sentido, es verdad que habría que repartir méritos con Prince, que como es ya bien sabido, regaló ahora hace unos meses su último álbum acompañando un diario británico, pero tampoco hay que olvidar a la precursora y visionaría actitud de David Bowie que también encaró una estrategia similar ahora hace unos años todo y que sin suerte ni suficiente resonancia (alguien recuerda qué disco fue?, ¿o eran temas sueltos y b-sides?).
2- Las diferentes iniciativas que en los últimos años han ido surgiendo en torno al concepto del "precio de la música", desde Napster hasta In Rainbows, pasando para Myspace, el Top Manta y mil otros ejemplos, nos ha llevado a un momentum muy significativo donde la sensación de que el cambio es posible flota en el aire y hace creer posible la reinterpretación de los pilares totémicos y anacrónicos de la industria musical.
3- La industria está muy asustada, y sus argumentos no se aguantan más allá de las diatribas sin vergüenza ("estamos matando la música"; si acaso, estamos matando parte de la industria, que ya nos vale; l@s que descargan música a bajo precio o gratuitamente amamos la música tanto o más que los magnates de Vale Music, de la SGAE o de Sony Music), dignos de culebrones desencajados de la realidad ("estamos eliminando puestos de trabajo"; es cierto, pero no nos da pena porque sabemos cuáles son los puestos de trabajo que estamos eliminando, los innecesarios) o directamente equivocados ("si los Radiohead lo pueden hacer es porque anteriormente su discográfica los ha promocionado y los ha hecho famosos"; si eso es cierto, que lo es, no lo es menos el hecho de que cuando un artista cambia de discográfica el argumento tendría que ser igual de válido, pero entonces ya no se esgrime).
4- El concepto de negocio está cambiando radicalmente pues l@s melóman@s se han dado cuenta de que ya no tienen por qué correr los riesgo de gastarse el dinero en un producto que quizás no les gustará. Prefieren probarlo antes y comprar después. Y para probarlo, por mucho que insistan algun@s, no es suficiente con ir a la web del artista y apretar un botoncito para activar el player y poder oir su single. Para probar un disco hay que oirlo entero, varias veces, en casa, en el trayecto al curro, mientras trabajas o cuando vas a comprar. Con el fin de que un disco te guste hace falta que forme parte de tu vida, y eso, en la era del I-Pod, sólo puede pasar si tiene "portabilidad", es decir, si te lo puedes descargar.
y 5- Y justamente eso que mencionaba en el punto anterior es lo que más daño le hace a la industria discográfica. Me explico. Históricamente, desde ya hace muchos años, el sistema capitalista se ha basado en la sobre-venta, es decir, al vender más de lo que el comprador necesita -así vamos, engrosando cada año las cifras de toneladas de desperdicios por persona-. Es decir, que la gente no compra por que alguna cosa le gusta sino porque cree que le gustará. Diríamos que es como si la gente comprara ilusión, la ilusión de placer, en vez del placer real. ¿Hasta que no tienes el producto en las manos (en las orejas en nuestro caso) no puedes llegar a saber si esta ilusión se ha convertido en realidad.
En este momento, en el terreno de la industria discográfica, la tecnología permite al comprador habitual de música probar la ilusión antes y certificarla debidamente antes de desembolsar ni un céntimo. Dicho de otra manera, la venta de música, si adopta finalmente alguna de las variedades de este nuevo método de descarga-y-paga-después, abolirá la venta de ilusiones para vender, exclusivamente, calidad, es decir que el comprador pagará por aquello que quiere, y no por un sueño etéreo o una ilusión posiblemente equivocada.
Eso es lo que les duele. Claro que bajarán las ventas de música. Ahora ya sólo se comprará la música que satisfaga. Ahora quien manda, es quien compra, no a quien vende; como siempre tendría que haber sido.