Carmen Martín Gaite, cine y televisión (filmo abierta)

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el hijo bastardo
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Carmen Martín Gaite, cine y televisión (filmo abierta)

Mensaje por el hijo bastardo » Dom 08 Abr, 2007 09:57

DOS TÉCNICAS PARA UNA MISMA REALIDAD: CALLE MAYOR DE JUAN A. BARDEM Y ENTRE VISILLOS DE CARMEN MARTÍN GAITE
Carmen ALEMANY
Universidad de Alicante



En enero de 1956 Bardem comenzará el rodaje de una de sus mejores películas, Calle Mayor. Los escenarios corresponden a tres ciudades españolas, tres provincias de la España profunda: Cuenca, Logroño y Palencia. No menos profundo será otro escenario que no se incluirá en la película, pero que sí afectará al rodaje y a su director: una cárcel madrileña de la España de posguerra a la que será llevado Bardem, en pleno rodaje, por sus convicciones y actuaciones en oposición a la dictadura franquista. La fama del director madrileño ya en aquellos años, las presiones de cineastas extranjeros y la fuerza de un buen plantel de actores que intervienen en la película, algunos de ellos de otros países, lograrán que se reanude el rodaje poco tiempo después de la aventura carcelaria. Terminada la película, y no con pocos problemas, ésta representará al cine español en el Festival de Venecia, a finales del 56, obteniendo el Premio de la Crítica Internacional. Betsy Blair, la actriz principal, recibirá una mención de honor en el citado encuentro cinematográfico. La película obtendrá algunos premios más en festivales de cine españoles, europeos, e incluso en algún país latinoamericano(1). Sin duda, todos los avatares y periplos durante el rodaje tuvieron una compensación internacional. Algunos ciudadanos europeos pudieron ver en esta película la España triste y desarraigada de la posguerra.

Un año después, en 1957, una escritora salmantina y residente en aquellos años en Madrid recibe un premio literario muy prestigioso, el Nadal. La novelista es Carmen Martín Gaite y la novela Entre visillos(2). [12]

Estos datos podrían ser algunos de los muchos que uno puede recoger de la España de los años cincuenta, un país que inicia un tibio desarrollo económico con la supresión de las cartillas de racionamiento, un país que ha roto con la autarquía económica y cultural con su reciente ingreso en la O.N.U. y que vive las primeras agitaciones universitarias y algunas huelgas que provocan una crisis ministerial en 1957, el mismo año que Martín Gaite recibió su premio. Cautelosos pasos de una España que en 1959 recibirá con entusiasmo a Eisenhower y que tímidamente difundirá algunas novelas extranjeras en el estéril panorama cultural; sin embargo, «la censura persiste y... no ha cedido la vigilancia política»(3).
Pero no en vano hemos hablado de dos activistas culturales, Martín Gaite y Bardem, que a través de dos medios diferentes, pero a veces tan próximos, la novela y el cine, denunciaron a su modo una misma realidad: la España provinciana de posguerra, Quisieron retratar el perfil oscuro y agrisado de un mundo provinciano que asfixiaba todo asomo de rebeldía y propugnaba la incomunicación. Es cierto que tanto en el cine como en las novelas de aquellos años aparecieron intentos cuyo objetivo era el mismo, pero las obras que nos ocupan guardan tantos puntos en común que a cualquier interesado en las manifestaciones culturales de los 50 no puede pasar por alto la siguiente pregunta, aunque resulte retórica: ¿quién influyó a quien?

En una entrevista que en el año 78 realizó Arturo del Villar a la escritora salmantina, ella nos daba algunos datos sobre la gestación de su novela Entre visillos:

El descubrimiento de la libertad en Madrid fue un punto de contraste para la superación de la vida provinciana. Empecé a tomar notas para esa novela en seguida de abandonar Salamanca, pero no me puse a escribirla hasta el cincuenta y cinco, cuando ya el premio Café Gijón me proporcionó confianza en mí misma. Escribí primero un cuento que titulé «Cárcel de visillos», y lo rompí. Después pensé titular la novela «La charca»; y al fin me decidí por Entre visillos(4).

La autora se instaló en Madrid en el año 49 y recibió el premio Café Gijón en el 54 por su libro de relatos El Balneario. En la citada entrevista, ante la siguiente pregunta: «Sitúa tú misma, pues, Entre visillos», Martín Gaite contesta: «Se puede vincular con una tradición literaria atenta a las vivencias personales, con novedad en el tratamiento del tema. Yo no tengo conciencia de haber imitado a nadie; sólo me basé en mis nostalgias de niña (...) en la novela no detecto influencias (pp. 10-11)». En otra entrevista publicada en el 79, la autora nos dirá: «Entre visillos lo escribí como una especie de rechazo de ese mundo provinciano del que huía. Yo tenía veintitantos años y acababa de llegar a Madrid. Hay una crítica, aunque sin crueldad, de ese mundo pequeño y demasiado cerrado de mi infancia y juventud»(5). Si atendemos a estas palabras, y a pesar de [13] haberse estrenado casi un año antes la película de Bardem, el «plagio» es evidente que no existe.

El caso de Bardem es mucho más claro, según consta en los rótulos iniciales de Calle Mayor, la película está inspirada en una obra de teatro de Carlos Arniches, La señorita de Trevélez; por supuesto se trata de una adaptación muy libre. Algunos detalles ambientales fueron tomados del poema «La ciudad de la niebla» de Agustín de Foxá(6). Calle Mayor fue estrenada en el cine Gran Vía de Madrid, el 7 de diciembre de 1956. No descartamos que la película fuese vista poco después de su estreno por Martín Gaite, aficionada al cine en aquellos años, sobre todo, al cine que realizaban en los 50 los neorrealistas italianos. Tanto Bardem como la escritora salmantina toman, aunque de diferente modo, claro, las novedades que aportaba el cine italiano y la adecuación de este modelo estético a la realidad española de posguerra. Sin embargo, estamos convencidos de que a esas alturas, diciembre del 56 o enero del 57, la novela de Martín Gaite estaría ya lo suficientemente perfilada para que la obra del cineasta madrileño hiciese mella en los escritos de la salmantina.

Pero ¿cuáles son esos puntos en común? Es obvio que ambos pertenecen a una misma generación y parten de principios estéticos idénticos: lo que se llamó el «realismo social» o «realismo crítico»; pero además de estos conceptos que afectan sobre todo a la técnica, hay algún otro punto en común del que habla Sanz Villanueva: «Bardem -a diferencia de Berlanga- se enfrenta con otros aspectos de la realidad nacional y la crítica provinciana y el miedo a la soltería de Calle Mayor (1956), recuerda el ambiente salmantino de Entre visillos, de Martín Gaite»(7). Sanz Villanueva da en el clavo, aunque no sólo el ambiente de Calle Mayor recuerda a la novela de la escritora salmantina. Martín Gaite, como hemos leído en las entrevistas citadas, también quería denunciar, como Bardem, el ambiente provinciano y cerrado de su ciudad natal, aunque ésta no se cita en ningún momento en la novela. Tampoco en la película del cineasta se habla de una ciudad concreta; como sabemos, la censura obligó a que una voz en off al comienzo de la película dijese que los hechos que allí se contaban podían ocurrir en cualquier país, aunque el ambiente tenía demasiado sabor español, como el de Martín Gaite.

Otro elemento común, el de la soltería. Si bien este tema aparece e
n La señorita de Trevélez, el hecho de quedarse soltera es un tema obsesivo en la España de posguerra. Isabel, la protagonista de Calle Mayor, ya ha pasado la edad, treinta y cinco años, para seguir pensando en el matrimonio. El grupo de amigos de Juan, el protagonista masculino, se encargará de repetir en más de una ocasión frases alusivas a ese estado de soltería: «se va a quedar para vestir santos», «se queda soltera», «está muy vista»; o la frase de la criada: «Espabílate, si no te quedarás como la mojama», además de los comentarios de la madre y las amigas. Isabel reconoce que el hecho de no tener novio era un fracaso [14] y que durante dieciocho años estuvo esperando, en sus largos paseos por la Calle Mayor, que llegase ese hombre que la liberase de su soltería. También las jóvenes que aparecen en Entre visillos tienen como única finalidad conseguir un novio seguro con el que casarse, aunque ello suponga renunciar a un verdadero amor como le ocurre a Elvira Domínguez en Entre visillos.

Por tanto, ambas obras son representación de una realidad que se desarrolla en un mismo contexto y denuncian con diferentes técnicas una situación. Los autores presentan a unos personajes reales que incluso en la ficción resultan anodinos. No les interesa contar su historia completa, sino reflejar un trozo de su vida, fragmentos de una existencia inconclusa siempre sumergida en problemas cotidianos. De ahí que las descripciones fotográficas en la obra de la salmantina sean muy frecuentes.

Lo anodino de sus historias no se refleja sólo en el ambiente, sino también en el lenguaje que emplean. Verbos como «aburrirse», «escapar» o «ahogarse» son constantes en la obra de Martín Gaite, y esta sensación de agobio se acrecienta con las conversaciones anodinas de las jóvenes en edad casadera. No muy lejos de estos diálogos se encuentran los que mantienen los amigotes de Juan en Calle Mayor. Don Tomás, el intelectual provinciano, es muy explícito al comienzo de la película en su conversación con el joven madrileño amigo de Juan, Federico Ribas, a quien le transmite con insistencia que los jóvenes se aburren en ese ambiente. La palabra aburrimiento aparecerá en más de una ocasión a lo largo de la película. Como ha dicho Román Gubern:

Calle Mayor era ante todo una denuncia del atavismo moral que regía en las pequeñas ciudades provincianas y, en particular, de la condición social de la mujer en estas comunidades. Bardem hizo hincapié en tres aspectos de la vida provinciana: el aburrimiento, que conduce a las bromas pesadas para divertirse; la alienación religiosa, especialmente llamativa en las mujeres, pero extensible a la actitud masculina ante los problemas del sexo, la virginidad y el matrimonio; y la escasa calidad humana de sus habitantes, indirectamente explicada por la carencia de estímulos idóneos del medio y también por la malformación moral debida a unas tradiciones retrógradas y a la religión alienadora(8).

Quien conozca ambas obras, Calle Mayor y Entre visillos, intuirá que no mentiríamos si en el anterior texto cambiásemos Calle Mayor por Entre visillos y Bardem por Martín Gaite.

Pero estas semejanzas se acrecientan más si nos planteamos un análisis concreto de los personajes.

A grandes rasgos, la visión que se nos da en ambas obras es muy de la época. Los hombres adquieren más valor social cuanto más experimentados son sexualmente, mientras que la vida amorosa de las mujeres es bastante limitada. Pongamos por caso el personaje de Ángel en Entre visillos frente a su novia Gertru, o en la película de Bardem, las continuas visitas de los amigotes de Juan, casados y solteros, al lupanar. No olvidemos [15] que estas experiencias con otras mujeres estaban bien vistas en aquellos años. El Barrio Chino, que aparece en Entre visillos, o el lupanar en el caso de Bardem, era un lugar exclusivo para la diversión de los hombres; la iglesia, como se ve en ambas obras, era para las mujeres; y hombres y mujeres se encontraban en la Calle Mayor, o la variante en la versión salmantina, la Plaza Mayor.

Hay dos personajes muy parecidos en las obras en cuestión, se trata en algunos casos de personajes secundarios, pero decisivos en la trama y en la denuncia que intentan estas obras. Por una parte, Pablo Klein, el joven profesor de alemán que le llega a la ciudad de Entre visillos, y Federico Ribas, el amigo de Juan en Calle Mayor. Ambos tendrán una misma función: abrir los ojos a otros personajes para que encuentren una salida. Federico hará que Juan reconozca su actitud canallesca al hacer creer a una mujer entrada en edad que se ha enamorado de ella, y cuyo fin, por supuesto, es el matrimonio. Esta acción brutal y sangrante de la burla la lleva a cabo Juan, desde su flaqueza, para que sus amigos no le llamen cobarde. Al mismo tiempo, Federico revelará la historia del engaño a Isabel para evitar un mal mayor, consistente en que el grupo de amigos de Juan quería descubrir la verdad de la pesada broma en el baile del Casino.

Pablo Klein, que al final termina huyendo de la ciudad, será el encargado de visualizar al lector el ambiente pacato de esa ciudad de provincias y logrará, mediante alguna conversación con Tali, la protagonista de Entre visillos, que no se doblegue ante la insistencia de su padre, de su tía Concha y su hermana Mercedes -por cierto, amargada por la soltería- de que no siga estudiando. Esta fuerza que el personaje de Klein infunde en Natalia hace que ésta ayude a su otra hermana, Julia, para que viaje a Madrid para encontrarse con su novio y salir de esa sociedad asfixiante.

Otras dos mujeres guardan estrecha relación en las obras que comentamos. Por una parte Tonia, la prostituta del lupanar de Calle Mayor, y Rosa, la cantante del casino de Entre visillos. Ambos personajes, desde una supuesta degradación moral, actúan con más sinceridad que el resto de individuos. Tonia recriminará a Juan por su imperdonable canallada con Julia; Rosa le sirve de contraste a la autora salmantina para comparar la autenticidad de la cantante de cabaret frente a las jovencitas de clase media que viven en un mundo mediocre y falso(9).
Respecto a Juan, símbolo de la cobardía, no tiene parangón con otros personajes de la novela de Martín Gaite; sin embargo, los amigotes de Juan son muy semejantes a la representación masculina de Entre visillos:

Ángel, el novio de Gertru; o su amigo Manolo Torre; o Teo, el hermano de Elvira; Federico, etc., seres sin más ambición que pasarlo bien y reírse de los demás. [16]

En cuanto a Isabel, la mujer burlada, guarda tímidas relaciones ficcionales con Mercedes, la hermana de Tali, porque ambas están en la misma situación: con algunos años de más para el matrimonio, según se pensaba en la época, y con la desazón de que no van a conseguirlo. Sin embargo, Bardem nos presenta a una mujer de la que el espectador se queda prendado por su sencillez y por la ilusión con que acoge su noviazgo cuando pensaba que era imposible. Pero la desilusión y el pesimismo retornan al espectador cuando Isabel renuncia a viajar a Madrid, a salir de ese mundo agobiante e iniciar una nueva vida. El mensaje es terriblemente pesimista.

En cambio Natalia Ruiz Guilarte, Tali, es un personaje luchador no sólo para sí, sino para aquellos que le rodean y a los que puede ayudar. El mensaje es halagadoramente optimista.

Y aquí radica la principal diferencia entre Calle Mayor y Entre visillos. Mientras que Isabel renuncia a otra vida, quizá mucho mejor, fuera de aquella ciudad, desoyendo los consejos de Federico Ribas; Julia, la hermana de Tali, oyendo los consejos de ésta sale de la monotonía, del mundo del Casino, de la misa y de la Plaza Mayor; pero lo más interesante es que a esta primera huida le seguirá, según nos deja entrever la autora, otra más, la de Tali. Una bocanada de aire fresco al final de la novela frente a un primer plano de Isabel mirando como cae la lluvia tras los visillos como cierre de la película.

También es evidente otra diferencia, y es el gran despliegue de personajes femeninos que aparecen en Entre visillos. Esta variedad permite a la escritora salmantina mostrar los diferentes matices de la psicología femenina de los años de la posguerra. Martín Gaite nos presenta diversas situaciones y nos anuncia el previsible futuro infeliz de esas señoritas de clase media: el inmediato casamiento de Gertru con el avispado Ángel; la renuncia de Elvira a establecer una relación amorosa con Pablo Klein y preferir un matrimonio seguro con Emilio del Yerro; el desgraciado matrimonio de Josefina, hermana de Gertru, con Óscar; la soltería amargada de Mercedes; o bien, un futuro posiblemente más halagüeño como el de Julia y el de Tali. Otros personajes completan esta mediocridad como Marisol o Goyita. Significativas son las palabras que dirá Tali a su padre casi al final de la novela: «Le he dicho que si tengo que ser una mujer resignada y razonable, prefiero no vivir (233)». Martín Gaite se convierte con esta novela en la «gran narradora de impotencias de la mujer»(10).

Frente a esta pobreza de acontecimientos y la presencia de personajes colectivos en ambas obras, los espacios, casi siempre exteriores, sobre todo en Calle Mayor, identifican nuevamente a estas producciones. La Calle Mayor o la Plaza Mayor cumplen un mismo objetivo: el trasiego de la vida cotidiana y el lugar de encuentro entre hombres y mujeres esperando que llegue la chispa del enamoramiento; también los bailes del Casino serán un lugar común para el encuentro. La Catedral, como testigo permanente y agobiante con sus campanadas que no paran de sonar en Calle Mayor, ejerce presión en casi todos los personajes; es la mirada de la ciudad y la que crea una atmósfera agobiante. Pero frente al estancamiento propiciado por estos topoi aparece otro espacio, el río, que simboliza la libertad, el poder escaparse de la cotidianidad y dar suelta a sus instintos presionados día a día. Al lado del río hablarán Tali y Gertru; allí mismo será donde Miguel [17], el novio de Julia, irá con ésta para reencontrar el amor: «Vamos al río -dirá Miguel-, a aquel sitio que fuimos la otra vez que vine a verte (85)»; a este mismo lugar acudirá en muchas ocasiones Pablo Klein para desembarazarse de la agobiante vida cotidiana de la ciudad, como también lo hará Elvira, y, en alguna ocasión, se encontrarán los dos y darán rienda suelta a sus sentimientos. También Isabel y Juan irán alguna vez al río y ella le contará sus ilusiones y terminarán abrazados y besándose ante la mirada atónita de un seminarista.

Pero quizá lo más importante sea la presencia de la estación, el único punto de unión con el exterior. Tali irá en ocasiones a ver los trenes partir, como también lo hace Isabel; es ahí donde habla por primera vez con Juan. Los pitidos del tren serán recurrentes en Calle Mayor, anunciando quizá el final: la renuncia de Isabel a montarse en el último tren de su vida. Bardem crea así una obra cerrada y redonda, empieza con el pitido del tren y los penúltimos fotogramas de la película nos enseñan nuevamente la estación. Otra estación, la de Entre visillos, nos dará la nota optimista de la novela, el viaje de Julia hacia el exterior, ruptura y huida, pero enlace con un mundo más libre.

Otros espacios completarán la atmósfera opresiva de cualquier ciudad de provincias. En Calle Mayor aparecerá el lupanar, la procesión, los paseos de los seminaristas, la iglesia, etc.; en Entre visillos, las jovencitas irán a los toros, al cine, y también a la iglesia. Un cosmos cerrado y difícil de traspasar que tuvieron que vivir los jóvenes de la posguerra española.
Como conclusión, queremos insistir en la visión pesimista que ofrece la obra de Bardem, visión que se completa con su intencionalidad, que era la de describir un ambiente determinado de la España de posguerra.

Martín Gaite, con otra técnica, la de la escritura, crea una novela en la que analiza más explícitamente unos comportamientos, sobre todo los femeninos, con un planteamiento de modemidad y también de optimismo porque no renuncia a la esperanza, frente a la visión demasiado cerrada de Bardem. Pero indiscutiblemente ambos, con sus diferentes técnicas, describieron una misma realidad con personajes similares y lugares comunes.

Retornando la pregunta que nos planteábamos al principio, ¿quién influyó a quién?, la respuesta la podríamos encontrar en las palabras de otro escritor perteneciente a otras latitudes y a otras realidades y hablando de otro tema: «la realidad nos influyó a todos». Creo que ésta es la mejor respuesta si hablamos de obras como la de Martín Gaite o la de Bardem creadas en la España mísera y estéril de la posguerra. [19]
Última edición por el hijo bastardo el Dom 08 Abr, 2007 10:03, editado 1 vez en total.

el hijo bastardo
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Mensaje por el hijo bastardo » Dom 08 Abr, 2007 10:00

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-Celia (serie) (1992) Borau

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-Fragmentos de interior (serie) (1984) Francisco Abad (serie que llevo años buscando, y que por lo visto fue emitida por el CANAL NOSTALGIA, si alguien en su momento hizo una captura le agradecería eternamente que la compartiera por la red o fuera de ella, no me importa el formato ni la calidad de la copia)



-Teresa de Jesús (serie) (1984) Josefina Molina

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-Emilia ,parada y fonda (1976) Angelino Fons
(adaptación de su cuento “Un alto en el camino”)







ADAPTACIONES:


-Entre visillos (serie) (1975) Miguel Picazo (también pequeña actuación) (Idéntica situación que con la serie“Entre visillos”, serie que llevo años buscando, y que por lo visto fue emitida por el CANAL NOSTALGIA, si alguien en su momento hizo una captura le agradecería eternamente que la compartiera por la red o fuera de ella, no me importa el formato ni la calidad de la copia)







APARICIONES Y CAMEOS:

-La seducción del caos (1990) Patino

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-Esta es mi tierra: Salamanca (documental, con guión de Gaite)



-A fondo (entrevista) (1981)

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-Encuentros con las letras (documental) (1981)


-El cuento de nunca acabar (documental) Francisco Abad


-Tata mía (1986) Borau

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COMO ACTRIZ:

-Biblioteca nacional (1983)

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