el_salmonete escribió:Érase que se era un estudiante aún joven en la ciudad de Granada… Lo sabíamos por los carteles, pero ninguno había mostrado el más mínimo interés: “Loquillo y Los Trogloditas - EN DIRECTO”; ¿ninguno? Uno de nosotros se armó de valor, o había fumado psicotrópicos, y se declaró incondicional de Loquillo; quería que fuésemos al concierto. Entre todos (los golpes) conseguimos sacarle la idea de la cabeza, pero a lo largo de la noche del concierto, algo iba a pasar.
Continuará…
después de la cena.
Y después de la cena...
La noche del concierto, salimos de cañas y tapas a eso de las tres de la tarde sin pensar en el recital del
rocker, (toma elipsis), a la hora en que acabó el concierto, nos encontrábamos bastante divertidos los unos a los otros, incluso entonábamos dulces tonadas a la luz de la luna; los angelitos cantaban, las nubes se levantaban y nosotros nos fuimos a tomar la penúltima al garito de costumbre, de moda por aquel entonces por ser el único decente que no cerraba hasta las cinco (ya se sabe que con tanto refresco de cola, se le quita a uno el sueño). Habrán adivinado que una vez dentro del local, a quien vimos más perjudicado fue al tipo aquel que un día pensé era mi colega y ahora resultaba un despojo, alguien totalmente borracho a quien nadie quisiera tener enfrente; pero fue el beodo quien vislumbro a su astro.
A Loquillo le recuerdo de espaldas, con toda una
troupe de babosos a su lado escuchando sus gracias con desfachatez suficiente como para reírlas. Pegué el oído: Loquillo: "Yo sé distinguir una mujer con estilo nada más entrar en un local." Suficiente. Lo despegué. Confirmado, es gi%ipo%%as.
No alcanzo a meterme dentro de la cabeza del beodo que iba con nosotros cuando se encuentra al lado de Loquillo. A pesar de haber olvidado en el plano consciente el concierto de uno de sus ídolos (El Robe de Extremoduro era el otro), gracias a nuestra pronta actuación, ver la silueta del tipo del cartel que había por las calles fue suficiente para que saliese de su lamentable cogorza, pero sólo con un firme propósito: Cantar una canción con loquillo.
Continuará…
Después de un flux.