Reseña del libro "Cómo ser feminista y no morir en el intento" de la profesora Alicia Martínez Ea
Cómo ser machista y disfrutarlo
Juan Jesús Rodríguez Fraile
Rebelión
2.
Sin embargo, a continuación, la profesora Martínez intenta ir estableciendo otras distinciones también muy interesantes —de menor intensión y mayor extensión— dentro del término machista, como lo es, por ejemplo, la de aquello a lo que denomina el "machismo militante". Se trataría en este caso de aquel que se constituye, propiamente, dentro de las fratrías viriles donde funciona como un potente factor de identificación-exclusión, pero que puede ser, después, profundamente asimilado e interiorizado a título individual por sus distintos miembros hasta llegar a constituir un elemento esencial de su identidad y reconocimiento —e incluso el único que permanece a salvo cuando todas las demás cosas importantes de la vida (estatus familiar, ideología política, trabajo, equipo de fútbol) falla—.
El machista militante puede, obviamente, acabar derivando en misógino, pero lo que le caracteriza como tal no es tanto el resentimiento hacia las representantes del otro género, cuanto la dependencia respecto de los otros varones y de la estimación de éstos. Se trata, no obstante, de una estimación que, muy a menudo, se alcanza, por ejemplo, a través de una pública y manifiesta ostentación de desprecio de la feminidad que hace las veces de rito iniciático y que, en casos no tan infrecuentes como pudiera parecer, implica —a juzgar por los propios testimonios recogidos por Martínez— un sometimiento bastante violento de los propios sentimientos al respecto, un sometimiento que ha de ser llevado a cabo, no obstante, a la manera de sacrificio ritual, para ser aceptado por el grupo. Este tipo de dinámica podría encontrarse prácticamente intacta e igual a sí misma desde la preadolescencia hasta el geriátrico, funcionando en todos aquellos lugares en los que puede observarse una fratría viril en activo, y aunque el análisis de la profesora Martínez expone numerosos ejemplos extremos y cercanos a la patología como la tuna o el futbolismo, llama también la atención, por ejemplo, el relato de un experimentado sindicalista que cuenta de qué manera al tratar de integrarse en alguna de estas comunidades obreras sólidamente cohesionadas en las que se introducía, no tenía más remedio que empezar "diciendo un par de burradas" para que "le dejaran en paz", y sólo después podía ya intentar ganarse su confianza. Un funcionario de un pequeño ayuntamiento relataba, por el contrario, cómo había acabado descubriendo con sorpresa que era considerado gay por todos sus compañeros y compañeras de trabajo por no haber secundado comentarios sexistas en presencia de dos guardias municipales.
La vigencia y actualidad de estas señas de identificación se pone frecuentemente de manifiesto, por ejemplo, en el hecho de que allí donde no queda ya nada más a lo que apelar para descalificar al contrario, se recurre muy a menudo a este tipo de substrato ideológico buscando algún lugar en el que poder dar a alguien "donde más le duela". Según informaba el periódico El Mundo (24-03-06, p. 30) en las primeras frases de un artículo relativo a los últimos disturbios ocurridos en París por el pseudo-contrato juvenil: "El rastro de las manifestaciones se reconoce gracias al olor de los gases lacrimógenos, al jaleo de las sirenas y al rastro de las pintadas. Unos insultan a la madre de Villepin. Otras cuestionan la virilidad de Sarkozy, aunque el ministro del Interior tiene el privilegio de vengar las afrentas con el recurso de los fornidos antidisturbios". Las mismas pintadas contra el mismo ministro francés habrían contenido hace sólo unos años acusaciones como las de "enemigo de la clase obrera" o "siervo del capital", y hace unos siglos las de "enemigo del pueblo" o, más atrás, "hereje", "infiel" o "perro blasfemo". En la actualidad, por el contrario, no basta con acusar a un teniente general de "fascista", sino que es necesario —como hacía recientemente un periodista catalán— cuestionar la virtud de su madre para lograr causar alguna ofensa, pero para lograr ofender no a su madre, ¡sino al teniente general! Por que las madres —como ocurre con el resto de las mujeres para los machistas militantes— son, propiamente, signos del prestigio de los varones con los que estos se comunican entre sí, y no es posible ofender a un fonema.
Ciertamente, es éste el caso más conocido y reconocible de machismo, pero no por ello deja de llamar la atención la capacidad identitaria del mismo que supera la de la raza, la clase social, y hasta la filiación futbolística, tendiendo sobre ellas una suave ala bajo la cual todos los hombres (varones) vuelven a ser hermanos. Así, en efecto, en relación con las diferencias raciales, otro de los sujetos entrevistados por Martínez hacía, al ser interrogado acerca de su grado de colaboración en las tareas domésticas, gran ostentación de ser, a ese respecto, "moro y carpetovetónico" —a pesar de tratarse de un individuo que demostraba ser bastante xenófobo—. En el caso del sujeto anterior, por ejemplo, la profesora Martínez relata cómo el resto de varones de menor edad presentes —en calidad de compañeros de trabajo suyos en una empresa de alta tecnología— y que habían previamente confesado que ellos "no tenían más remedio" que "ayudar" a sus mujeres en esas tareas, experimentaban una visible compulsión a reforzar no obstante su pertenencia a la fratría reconociendo, a la vez, la autoridad del macho dominante —el "carpetovetónico" en cuestión, en este caso— con lo que la profesora Martínez denomina allí "gruñidos aprobatorios" y "agitación de ramas": síntomas reconocibles de una potencia viril reprimida que pueden observarse también cuando son proferidas este tipo de afirmaciones militantes sin que puedan ser abiertamente consensuadas por los varones presentes debido a, por ejemplo, la presencia de sus parejas, teniéndose que limitar estos a intercambiar guiños, muecas y risas sofocadas.
Por último, y en lo que se refiere a la filiación futbolística, la profesora Martínez señalaba el caso de un famoso periódico deportivo de tirada nacional que mientras que adaptaba todas sus páginas a los intereses locales (destacando en la portada y páginas interiores las gestas de los equipos de la región) mantenía como comunes para todas sus ediciones las páginas finales en las que siempre figuraba la imagen de una mujer ligera de ropa —es decir el, llamado en la jerga periodística: "gancho"—.
Así, si en el caso de la misoginia es una profunda y arraigada creencia mítica la que la sustenta, en el caso del machismo militante es un no menos profundo sentimiento identitario de carácter ideológico surgido de la que es, quizás —como hacía ver con toda claridad el sociólogo Pierre Bourdieu en su ensayo La dominación masculina— la primera y la más antigua de todas las divisiones del campo social: la división sexual del trabajo. Ésta marca unas fronteras genéricas en las actividades humanas que son inmediatamente reinterpretadas en términos jerárquicos y que, hoy en día, pueden encontrarse totalmente calcadas en la división sexual del ocio tal y como aparece reflejada en la nítida escisión entre el terreno varonil e hipervalorizado de la información futbolística y el terreno femenino y continuamente vilipendiado de la prensa del corazón, ambos cuasi imposibles de distinguir tanto en contenido como en (cada vez más) forma, pero extremadamente diferenciados en lo que respecta a su adscripción sexual y a su valoración social (recordemos que el fútbol fue, en su momento considerado como "interés nacional", mientras que lo que sistemáticamente se identifica con la telebasura son, únicamente, los programas de prensa rosa).
Los jóvenes guerreros, los jóvenes obreros y los jóvenes ejecutivos de las modernas empresas tecnológicas pueden seguir, de esta manera, repitiendo en esos lugares reservados para ellos esencialmente los mismos ritos, bailando alrededor de las mismas hogueras y velando las mismas armas que sus antepasados, y así, cuando golpean ruidosamente sus pechos pueden sentir cómo se hermanan con sus nobles ancestros prehomínidos.







