LA PASION DE LAURA y 3
Tras la ruptura con Bebel, la vida de Laura Antonelli pasa a ser una crónica de fracasos amorosos. Se casa con Enrico Piacentini, en el que sería su único y efímero matrimonio, pues la pareja no duraría mucho tiempo, aunque con el tiempo Laura se haría amiga de la familia de Bedi Moratti, la segunda esposa de Piacentini.
Arma una nueva pareja con el director de cine Marco Risi, quien la habría de dejar después de una tormentosa relación. Reconstruiría su vida sentimental junto al anticuario Andrea D'Aloja, 10 años menor que ella, pero fue esta vez Laura quien decide poner fin a la unión. Y al lado de Ciro Ippolito se iniciaría la parte más dramática de su vida, el comienzo del descenso al infierno. Ippolito, productor y director de cine, compañero primero, amante después, fue acusado de haber introducido a Laura en el mundo de la droga, algo que él niega, claro. En 1991 los dos fueron detenidos por posesión de cocaína. Llegaron la cárcel y el arresto domiciliario. Los pocos amigos que aún frecuentaban por aquel entonces a Laura empiezan a desaparecer.
Pocos meses después, Salvatore Sampieri, responsable del lanzamiento internacional de la actriz con su película MALIZIA, que se exhibe triunfalmente en Berlín y con el que la Antonelli lograría el premio de mejor interpretación femenina del año, decide hacer una secuela: MALIZIA 2000, con los mismos protagonistas veinte años después. Vittorio Storaro se había recreado en los primeros planos del rostro de la actriz en ese inovidable papel de Angela, la criada; pero ahora Laura iba a cumplir 50 años y la vida que había llevado se reflejaba ya en su rostro.
Parecía inevitable el someterse a la cirugía estética, pero lo que no podía nadie imaginar son los repetidos errores quirúrgicos que acabaron destrozando su semblante. Laura se presenta un día a la filmación, ante los ojos de docenas de periodistas, con su cara totalmente hinchada, irreconocible. «Me lo ha provocado un tratamiento antiarrugas», dice la actriz. La filmación se suspende. El futuro artístico de Laura Antonelli se termina de esfumar.
Laura comienza su descenso a los infiernos de la droga y de la soledad. Hasta que un día como hoy, 2 de noviembre de 1996 Laura Antonelli vuelve a ser portada de los diarios. Algunos medios italianos le dedicaron una columna; otros, dos; los que más, un cuarto de página. La mayoría no informó en las páginas de cine, cultura y espectáculos del internamiento de Laura Antonelli en un psiquiátrico. Lo hizo en «Crónica italiana» o en «Crónica romana», junto a los sucesos, a los casos de drogas o prostitución, junto a los crímenes...
Aquellas revistas que en los años sesenta descubrieron la belleza provocadora de Laura Antonelli, entonces profesora de educación física, ya no muestran ningún interés por ella. La consideran algo así como un «despojo». ¡A buscar caras nuevas, cuerpos jóvenes y esbeltos, que es lo que vende! La Laura que descendió a los infiernos no vende. La abandonó el mundo del cine, la abandonaron los medios de comunicación, la dejaron de frecuentar muchos de sus amigos. A sus 55 años, la ex diva es internada en el departamento psiquiátrico del hospital San Paolo de Civitavecchia, tras sufrir una crisis maníaco-depresiva en una zona comercial de Roma.
Ya lo dijo Jean Paul Sartre hace algunos años
L'Enfer c'est les autres (El Infierno son los otros)
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Pablo Neruda