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Asuntos "fuera de temática". Recordad que el Respeto es Norma Primera e Innegociable.
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Mensaje por Persona » Mié 27 Abr, 2005 05:19

Después de muchos días sin postear voy a salir por peteneras y os voy a comentar algo que me ha sorprendido. Voy a salirme un momento del tema del libro para haceros una recomendacion tras leer un pasaje de Imgan-movimiento, no la entrevista, sino del libro.

Está hablando sobre el montaje (Capítulo 3 sección 3) y compara el montaje de la escuela francesa de preguerra, que la llama él, con el sublime matemático kantiano. OS hago un pequeño resumen de lo que es el sublime matemático, así, para ser entendido de una manera intuitiva, sin tecnicismos ni "paja". KAnt dice que la imaginación es capaz de comprender el infinitivo si incrementamos en valores regulares una cifra dada; sin embargo, si incrementamos mediante valores discretos e irregulares esa serie, rápidamente la razón se pierde. Bueno, pues con estas pequeñas nociones estaís en las mismas condiciones que yo: quedaros alucinados de que esto tenga una relación estrecha con el cine, o al menos, con determinado cine.

Pues después de leer eso, como estaba desvelado e inquieto poque no sabía qué demonios quería decir Deleuze con esto, me he acercado al PC y me he puesto lo primero que he visto de esta escuela (autores como Vigo, Gance o Delluc serían algunos ejemplo): A propósito de Niza de Jean Vigo. Y he de reconocer que ha sido una experiencia preciosa por el motivo de que sobre el papel no era capaz de descifrar, de ver lo que me quería decir, sin embargo, si veís la película bajo la óptica que más o menos os he esbozado del sublime matemático vereís lo mismo que yo. Cómo está clamando ¡¡¡más movimiento!!!. Movimiento que no tiene porqué ser más acelerado (hay un plano rodado a cámara lenta que desprende movimiento por todas partes y otro a cámara rápida que da la misma sensación.

Realmente parece que Vigo hubiera pensado en el "sublime matemático" kantiano. Produce, diría yo, un cierto desasosiego, parece que nunca va acabar de crecer la cantidad de movimiento, te sientes impotente para predecir la siguiente secuencia, sin embargo sabes que va a ir a más. No sé, es una sensación bastante peculiar que no había sabido descifrar la otra vez que vi la misma cinta, de la que por cierto, si os apetece os dejo el enlace:

ed2k linkA.propos.des.Nice.-.Jean.Vigo.avi ed2k link stats

Bueno, después de esta chapa que os he soltado, prometo que la próxima vez hablaré de la entrevista, pero no sé, me parecía que tal vez podía estar bien aportar no sólo lo que dice el autor sino lo que significa ver una película con una determinada óptica (sana, buena, la mejor, la peor, etc ya no son juicios que deba aplicar, pero sí peculiar).

Saludos!!!

P.D. Alonso la próxima vez que coja el teclado pensaré sobre las entrevistas pero es que si tú te replanteaste posturas después de la conversación, yo no lo hice menos :wink: .
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manuela
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Mensaje por manuela » Mié 27 Abr, 2005 10:20

Me he puesto rápidamente a descargar el enlace que das de Vigo. En cuanto lo vea os comento.
He encontrado una noticia y un artículo sobre Derrida. Esta es la dirección: arte-net.org
"La armonía interior es mejor que la evidente" Heráclito

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Mensaje por Persona » Jue 16 Jun, 2005 19:22

Pues vamos a darle vidilla al hilo. Esto no es exáctamente un libro pero sí un artículo de las similitudes entre Deleuze (más concretamente la noción de Cuerpo sin órganos) y Cronomeber. A ver qué os parece:
David Cronenberg y la nueva carne: el paradójico abrazo a la abyección maquínica*

Fabián Giménez Gatto El cuerpo sufre una serie de mutaciones para poder albergar imágenes en sus entrañas, al enfrentarse a un videocasete palpitante una vagina dentada se abre en el estómago del protagonista para recibirlo gustosamente. En un mundo obsceno, sólo el objeto puede seducir. La nueva carne como el último destello de seducción en el universo desencantado del sujeto fractal


El horror corporal -un efecto de sentido, atravesado por conceptos, perceptos y afectos, que recorre la mayoría de los filmes de David Cronenberg- parece remitirnos a ciertos tópicos presentes en la filosofía de Gilles Deleuze y Félix Guattari a propósito de las máquinas deseantes, los devenires animales y las bodas rizomáticamente contra-naturales. La intención de este artículo es analizar ese juego de transversalidad entre el discurso fílmico y el filosófico, donde parece perfilarse cierta complementariedad entre la filosofía del deseo y la nueva carne, donde ciertos motivos extraídos de la teratología massmediática de Cronenberg encuentran eco en algunas nociones claves de la filosofía maquínica, nomádica y rizomática de Deleuze y Guattari.

El cuerpo sin órganos de Artaud se convierte en el exceso de órganos proteicos de los mutantes cronenbergianos, asistimos a un post-kafkiano devenir maquínico de Max Renn en Videodrome y a los bizarros entrecruzamientos eróticos del metal y la carne en Crash, mientras que Vaughan, el profeta del accidente erótico, nos confirma, también en Crash, un postulado de la filosofía del deseo, las máquinas deseantes sólo funcionan estropeándose.

De todo esto se desprende una apresurada afirmación: los estudiosos de Deleuze y Guattari deberían ver más películas de Cronenberg y los fanáticos de Cronenberg deberían leer, aunque sea un poco, El Anti-Edipo y Mil mesetas. De estas prácticas intertextuales surgiría, quizás, la posibilidad de delinear una suerte de hermenéutica cinematomítica, que nos permita situar el lugar que ocupa el cuerpo -como espacio de experimentación y metamorfosis- en el imaginario de fin de siglo.

Para Deleuze y Guattari, el cuerpo sin órganos no es más que un conjunto de prácticas de desaparición del cuerpo, "ya está en marcha desde el momento en que el cuerpo está harto de los órganos y quiere deshacerse de ellos, o bien los pierde". Esta experimentación, estas prácticas inscritas en el cuerpo como si de un tatuaje se tratara, son bellamente cartografiadas en Mil mesetas: la destrucción en el cuerpo hipocondríaco, el ataque externo en el cuerpo paranoico, la lucha interna en el cuerpo esquizofrénico, la plurivocidad orgánica en el cuerpo drogado, la clausura hermética en el cuerpo masoquista.

Ahora bien, quisiera añadir una figura más en esta cartografía de las prácticas intensivas sobre el cuerpo, quisiera agregar otras metáforas en la lista de subversiones contra la corporalidad entendida como organismo, como organización armoniosa y apolínea de los órganos del cuerpo. Esta figura será la de la desorganización del organismo, su metamorfosis transgresora, la figura excesiva de lo monstruoso. El terror corporal de Cronenberg posee la particular característica de ofrecernos una visión de lo monstruoso que nos remite directamente a nuestra carne, espacio donde se conjuga el miedo a la muerte, el erotismo y la metamorfosis supurante de lo abyecto. A diferencia de Artaud, la desaparición del cuerpo se expresa, en la filmografía de Cronenberg, en una suerte de metástasis incontrolable y viral, ya no el cuerpo sin órganos sino el exceso de órganos.

Desaparición que nos recuerda a los fenómenos de simulación analizados por Jean Baudrillard, donde asistimos a una mágica forma de desaparición por exceso, no es el juego de la ilusión lo que nos atrae, nos sentimos fascinados por la excrecencia de signos que clausura lo real no por una aséptica sustracción sino por una saturación contaminante.

En este sentido, la dispersión fractal, más o menos imaginaria, de la corporalidad se podría relacionar con las conexiones maquínicas trazadas por una filosofía del deseo. Desaparición que sucede gracias a la contigüidad simbiótica de la materialidad de los cuerpos, a la conexión de los flujos y a los devenires del deseo. Los atormentados personajes de Cronenberg resultan ser las figuras paradójicas a través de las cuales podemos acceder a un análisis de lo que la alteridad de un cuerpo preñado de tecnología representa en la cultura occidental, esto es, exceso, transgresión, perversión, polimorfismo sexual, abyección, en definitiva, caos para la identidad constituida a partir del círculo solipsista y claustrofóbico de un yo afincado en la mismidad de la interioridad subjetiva. La metamorfosis del cuerpo es, en definitiva, metamorfosis de la subjetividad. Líneas de subjetivación configuradas en el vértigo de las líneas de fuga que desterritorializan a la corporalidad convirtiéndola en un espacio abierto a un devenir post-humano.

Estas perversiones de la carne nos revelan una característica fundamental del monstruo contemporáneo, esto es, la transgresión de las oposiciones simples, los monstruos actuales no se dejan encasillar fácilmente en las viejas categorías de lo conforme y lo deforme, rompiendo los estereotipos clásicos que vinculaban la alteridad con un monstruo deforme, hoy, la alteridad de lo monstruoso se instala en el propio cuerpo y recorre las venas de los ciudadanos más decentes.

Oposiciones y jerarquías se desmantelan, ya no funcionan como una estrategia de exorcismo de lo diferente, en cambio, son sustituidas por una lógica de las conexiones que nos remite a un terror viral y rizomático. Bodas contra-natura de lo mismo y lo otro. El científico Seth Brundle convertido en Brundlefly es la figura paradigmática de este devenir otro en la filmografía de Cronenberg. Sin embargo, es posible encontrar estos devenires, estas líneas de fuga, en prácticamente todos los filmes emparentados a la noción de nueva carne. La misma está estrechamente vinculada a la de máquina deseante, manufactura tecnológica del cuerpo y desterritorialización del deseo parecen complementarse de manera bastante interesante, ambas ideas cuestionan el dualismo cartesiano mente-cuerpo, proponiendo una suerte de indisolubilidad entre los dos términos al interior de la inmanencia del deseo y de sus conexiones maquínicas.

Muchos de los monstruos surgidos de la imaginación de Cronenberg no nos remiten, entonces, a una subjetividad perversa sino a los pliegues y repliegues de la piel. La monstruosidad resulta de un efecto de superficie, una perversidad de la carne, mutaciones de un cuerpo que se disgrega y se pierde en una infinidad de entrecruzamientos. Nos enfrentamos a la alteridad del cuerpo como monstruo.
Videodrome (1982) nos relata la extraña aventura cárnica de Max Renn, un ser humano que progresivamente se convierte en una máquina, perdiendo su humanidad y transformándose en un entramado de carne, cables y metal, una metamorfosis postkafkiana que ya no deviene en lo invertebrado sino en lo maquínico.

El filme nos presenta un fenómeno de contaminación catódica, imágenes que infectan la mente y el cuerpo del protagonista de la historia, la imagen como virus, la pantalla de televisión como prótesis, como extensión del sistema nervioso. El Dr. Oblivion afirma en la cinta que "la pantalla de televisión se ha convertido en la retina del ojo de la mente", la virulencia de las imágenes modifica al cuerpo, convirtiéndole en un espacio abierto a la metamorfosis.
La exposición a imágenes violentas a través de las snuff movies produce la aparición de un nuevo órgano en el cerebro, que se conecta directamente a las imágenes televisivas.

La televisión convertida un nuevo órgano proteico; Videodrome es también biodrome, es decir, el fenómeno transgresivo de la visión termina por afectar a la corporalidad y fundirla con la máquina. Estos excesivos televidentes polimorfos generan una verdadera tecnofobia frente a la alteridad abyecta del hombre-máquina y sus transgresiones tecnofílicas. El cuerpo sufre una serie de mutaciones para poder albergar imágenes en sus entrañas, al enfrentarse a un videocasete palpitante una vagina dentada se abre en el estómago del protagonista para recibirlo gustosamente.

En un mundo obsceno, sólo el objeto puede seducir (Baudrillard dixit). La nueva carne como el último destello de seducción en el universo desencantado del sujeto fractal. Descentramientos, de una filosofía del sujeto a un erotismo del objeto.

Cronenberg es claro al respecto: "Hago todo lo posible por proyectar mi obsesión por la carne en los objetos: el coche en Fast Company, la televisión en Videodrome." Las maquínicas metáforas del cuerpo en la obra de este director parecen afirmar el último parlamento de Max Renn en Videodrome: "¡Larga vida a la nueva carne!".

Las bodas contra-natura del metal y la carne trazan el campo semántico del terror corporal, las preocupaciones por la inhumanidad que resulta de un desarrollo tecnológico que se nos escapa de las manos están presentes en la mayoría de estos filmes, donde las pesadillas post-industriales nos muestran cuerpos mutilados, penetrados y, aunque parezca extraño, sodomizados en rituales tecnológicos no carentes de erotismo. Es decir, no sólo podemos rastrear paranoias apocalípticas en este tipo de filmes, sino también intentos de experimentación en el terreno de una sexualidad no humana, fetichismo maquínico en la seducción del metal, la máquina como otro, el otro yo, alteridad que marca a un cuerpo y lo convierte en extraño para sí mismo.

Arribamos aquí a la problemática de la abyección, en el horror nos enfrentamos a aquello que nos resulta repulsivo, a aquello que nos perturba y rechazamos violentamente convirtiéndolo en límite. Las reflexiones de Julia Kristeva pueden ayudarnos a sobrevolar lo abyecto para, así, poder abordar la paradoja de la abyección en la nueva carne. Pareciera que lo abyecto, en opinión de Kristeva y por lo menos en algún sentido, remite a la impureza, a la muerte que nos amenaza y, también, a la animalidad, a ese espacio donde la humanidad desaparece. Bataille afirmará algo similar al decir que la animalidad, para nosotros, simboliza la transgresión, ya que el animal nada sabe de interdictos, "la humanidad degradada tiene el mismo sentido que la animalidad".

Sin embargo, en la obra de Cronenberg el carácter de lo abyecto estaría ligado mucho más a la máquina que al animal, o bien, a una especie de animalización de lo maquínico, en el sentido de otorgarle a lo tecnológico una significación ligada a la sexualidad y a la violencia, como sucedía anteriormente, en las sociedades primitivas, con la animalidad. Lo maquínico se convertiría, entonces, en el sustituto simbólico de la animalidad en el imaginario post-industrial.

Entonces, la paradoja de la nueva carne es la de abrazar esta maquínica forma de abyección, esto es, abrazar precisamente lo que rechazamos, abyección tecnológica, si se quiere, ligada a una suerte de tecnofobia ambivalente. Es decir, la máquina convertida en fetiche sadomasoquista se conjuga con la carne, el metal se convierte en ese objeto abyecto que no produce rechazo sino fascinación. La abyección de lo maquínico recorre como un fantasma la totalidad de la obra cinematográfica de Cronenberg, la desintegración de la subjetividad en la tecnofilia se celebra como una fiesta, como el nacimiento de una extraña experiencia interior ligada a una progresiva desaparición del cuerpo.

Paralelamente, la subjetividad se convierte en una pieza de la máquina deseante, conexiones y vínculos más allá de la relación mente-cuerpo, dicha relación es sustituida por la que se instaura en el eje subjetividad-máquina, donde los agenciamientos del deseo conectan al sujeto a lo inorgánico, a lo improductivo. Cada multiplicidad maquínica es simbiótica, una simbiosis sexual entre lo orgánico y lo inorgánico que hace referencia a las múltiples conexiones libidinales que establecemos con los objetos. Organismo polimorfo conectado a flujos de intensidades variables, nuevos órganos, devenires más allá de los límites de nuestra piel.

Crash (1996) también incursiona por los territorios de una sexualidad más allá de los límites del cuerpo. "Los coches son la tecnología a través de la que los personajes están reinventando la existencia humana" , afirma David Cronenberg, quien considera que su creación posee cierto espíritu existencialista. La mezcla de sexo y velocidad se convierte en lo que Deleuze llamaría un programa de experimentación en el terreno de las intensidades. Los personajes van recreando su propia existencia, a través de encuentros sexuales, coches conducidos a velocidad de vértigo y, por supuesto, colisiones. Colisiones no sólo automovilísticas sino también sexuales.

Tecno-sexo que abre las puertas de una sexualidad maquínica, donde la velocidad de los cuerpos no produce necesariamente el accidente fatal, caso extremo de erotismo, sino el accidente erótico, la pequeña muerte motorizada. El accidente como acontecimiento, devenir otro en la mixtura maquínica de la carne y la prótesis, exploraciones sexuales en el interior del seno tecnológico que representa el automóvil, la velocidad aumenta la distancia con el territorio real y reenvía a la subjetividad a un encuentro con el otro, descentramiento dromológico que nos libera del espacio y nos conecta con formas de la continuidad, seres discontinuos que alcanzan la anhelada continuidad separándose de lo real en el deslizamiento vertiginoso de las ruedas sobre el pavimento y del encuentro de los cuerpos sobre el cuero maloliente de los asientos del automóvil, convertido en un dispositivo libidinal, en una máquina de intensidades.

En el erotismo dromológico de Crash, el automóvil no juega solamente como vector de una subjetividad que se proyecta en los objetos, sino como una reconfiguración de la subjetividad, la cual transgrede los límites de la velocidad y del sexo simultáneamente. Los accidentes modifican la carne, las prótesis la erogenizan, las cicatrices parecen convertirse, junto a éstas, en las verdaderas zonas erógenas de cuerpos que cargan con la violencia de la velocidad y de la sexualidad. Una sexualidad proteica y polimorfa donde la corporalidad es la escena por excelencia de una transgresión que se desliza entre los metales retorcidos y el erotismo maquínico. Nomadismo plagado de conexiones, fluidos mecánicos y corporales que se mezclan en la deriva de los cuerpos.

La obra cinematográfica de David Cronenberg refleja una nueva concepción a propósito de nuestra corporalidad y su relación con los objetos que la rodean. Haciendo referencia a la filosofía del deseo de Deleuze y Guattari, cabe mencionar una suerte de "poblamiento de la máquina", que, en el caso de la nueva carne, aparece como poblamiento erótico de la máquina, mutación en la subjetividad y en el cuerpo de los que la habitan. La nueva carne resulta ser, entonces, la corporalidad desnuda ante la caricia abyecta del metal, la somática anti-utopía post-industrial presente en el imaginario cultural de cruce de milenios.
Extratío de Henciclopeia su autor es Fabián Giménez Gatto.

Saludos (peazo post.... :oops:)
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hattusil
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Mensaje por hattusil » Jue 16 Jun, 2005 19:42

Tengo que leerlo más tranquilo, pero, quizás por la fecha del artículo, se echan en falta referencias a ExistenZ, donde vuelve a vincularse a conceptos como la "nueva carne", que tampoco creo que nombra. Dejando eso de lado parece que tiene interés. Esta noche más.

Nos vemos.

EDITO: "Esta noche": son interesantes las relaciones que sugiere, el problema (aunque lo mejor para los profanos en la filosofía) es que se centra demasiado en Cronemberg dejando un poco de lado lo demás. No nego que parte de lo que dice tiene sentido, pero a veces es difícil vérselo por la constante adjetivación que puebla el texto. Es, en ese sentido excesivo.
Por otra parte, antes (esta tarde), además del concepto "nueva carne" quizás un tanto freaky, he mencionado ExistenZ, algo en lo que me reafirmo. Al igual que parte de lo que apunta también se puede buscar en "El Almuerzo Desnudo". Y, para acabar, hay momentos en los que al referirse a lo monstruoso y demás, que me hacen pensar en H.R. Giger.

(Ya sé que no aporto mucho, pero ha sido un día largo y leerse esta parrafada... nos vemos).

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Alonso_Quijano
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Mensaje por Alonso_Quijano » Sab 18 Jun, 2005 01:32

Se agradece, Persona, que estés tan atento a las relaciones entre el cine y la filosofía. En este caso, el texto me parece de bastante dificultad, porque la interrelación entre la filosofía de Deleuze y el cine de Cronenberg está muy sutilmente expuesta. Creo que faltan instrumentos para poder valorar el alcance filosófico que pueda tener, porque bajo el manto del cineasta se esconden conceptos filosóficos que desconciertan si no conocemos de qué van. En estos casos es mejor que haya una pequeña introducción o referencia a esas parcelas supuestas, y que filósofos como nuestro anfitrión comprenden a simple vista, pero que dificulta al lego su comprensión. Permitidme la licencia de inmiscuirme en asuntos que no son de mi competencia, y que os dé algunas herramientas tras las cuales el texto cobra "una nueva carne".
La vida, como una corriente, que empuja y te lleva entre diferentes lugares. Así vivida, la vida no está aprisionada, ni por miedos ni perezas, se mueve por deseos, alegrías, curiosidades que la desplazan, la diluyen y la desbordan hacia nuevos lugares (...) La vida así vivida choca con nuestro lenguaje, un código que la aprisiona en sujetos y predicados (...) El lenguaje del ser nos lleva a concebir el movimiento como el paso de un estado a otro, focalizándose en los dos extremos, atando el discurrir de la vida en el lugar de partida y en el lugar de finalización. Sin embargo (...) siguiendo a Deleuze, “La vida es lo que está entre los seres humanos, las plantas y los animales, existió sin sujetos desde hace millones de años”. La vida desencadena. Así pues, la lógica de la vida no es la del ser, sino la de lo que pasa, una lógica del devenir, del cambio, del contagio, que a su paso nos compone (...) El cambio consiste en pensar la vida mediante una lógica del devenir, situándonos en el “dejar hacer”, en el contagio, donde la relación permite el surgimiento de la novedad, acciones que ni empiezan ni finalizan sino que se van fusionando, sumando, enlazando en el mismo plano (...) Deleuze propondría: “Se trata de liberar la vida y de no abandonar el juicio”. Un juicio inmanente a la vida que establece lo que conviene a cada particular, que lo hace amar, desear, odiar, crecer...
La vida así vivida empuja a desear (...). Siguiendo a Deleuze, no se trata de un deseo que se define por el movimiento hacia algo que no se tiene, consiguiendo la satisfacción cuando se posee esa carencia, ese objeto (...) Y como, al mismo tiempo, concebimos que hay objetos buenos y objetos malos, juzgaremos el deseo a partir de la naturaleza del objeto, dándole a éste un carácter trascendente al deseo y a la vida (...) El desafío consiste en pensar el deseo como una producción, como el disponer un conjunto de relaciones que dan forma a nuevos mundos. Porque “con mundos es con lo que siempre hacemos el amor”. Conjuntos de elementos enlazados por cuerpos deseantes, siendo así el propio sujeto del deseo quien dispone aquellas relaciones, quien conecta los elementos, quien los distribuye unos al lado de otros. El deseo como algo no espontáneo, como un resultado. De ahí la dificultad para desear, ya que esta implica la construcción del mismo. Así el deseo sería el objetivo del desear, sin necesidad de recurrir a un juicio trascendente. El devenir es un proceso de deseo, una composición entre elementos que se encuentran.
extraído de http://www.bib.uab.es/pub/athenea/15788646n1a16.htm

- Sobre el concepto de agenciamiento:
La unidad real mínima no es la palabra, ni la idea o el concepto, ni tampoco el significante. La unidad real mínima es el agenciamiento. Siempre es un agenciamiento el que produce los enunciados. Los enunciados no tienen como causa un sujeto que actuaría como sujeto de la enunciación, ni tampoco se relacionan con los sujetos como sujetos de enunciado. El enunciado es un producto de un agenciamiento, que siempre es colectivo y que pone en juego, en nosotros y fuera de nosotros, poblaciones, multiplicidades, territorios, devenires, afectos, acontecimientos. El nombre propio no designa un sujeto, designa algo que ocurre cuando menos entre dos términos, que no son sujetos, sino agentes, elementos. Los nombres propios no son nombres de personas, son nombres de pueblos y de tribus, de faunas y de floras, de operaciones militares o de tifones, de colectivos, de sociedades anónimas y de oficinas de producción. El autor es un sujeto de enunciación, pero el escritor no, el escritor no es un autor. El escritor inventa agenciamientos a partir de agenciamientos que le han inventado, hace que una multiplicidad pase a formar parte de otra (...) ¿Qué es un agenciamiento?. Es una multiplicidad que comporta muchos géneros heterogéneos y que establece uniones, relaciones entre ellos, a través de edades, de sexos y de reinos de diferentes naturalezas. Lo importante no son las filiaciones sino las alianzas y las aleaciones; ni tampoco las herencias o las descendencias sino los contagios, las epidemias, el viento. Un animal se define menos por el género y la especie, por sus órganos y sus funciones que por los agenciamientos de que forma parte. Por ejemplo un agenciamiento del tipo hombre-animal-objeto manufacturado; HOMBRE-CABALLO-ESTRIBO. Lo primero que hay en un agenciamiento es algo así como dos caras o dos cabezas. Estados de cosas, estados de cuerpos; pero también enunciados, regímenes de enunciados. Los enunciados no son ideología. Son piezas de agenciamiento, en un agenciamiento no hay ni infraestructura ni superestructura. Los enunciados son como dos formalizaciones no paralelas, de tal forma que nunca se hace lo que se dice, y nunca se dice lo que se hace, sin que por ello se mienta; no se engaña a nadie ni tampoco se engaña a si mismo. Lo único que uno hace es agenciar signos y cuerpos como piezas heterogéneas de una misma máquina. En la producción de enunciados no hay sujetos, siempre hay agentes colectivos. Son como las variables de la función que no cesan de entrecruzar sus valores o sus segmentos.
- Sobre el deseo:
Ni hay sujeto del deseo ni hay objeto. El sujeto de enunciación no existe. La única objetividad del deseo son los flujos de inconsciente en un campo social. El deseo es el sistema de signos
a-significantes con los que se producen flujos de inconsciente en un campo social. Que la eclosión del deseo se produzca en la célula familiar o en una escuela de barrio, poco importa, lo cierto es que siempre cuestionará las estructuras establecidas. El deseo es revolucionario porque siempre quiere más conexiones y más agenciamientos. Pero el psicoanálisis corta, aplasta todas las conexiones; odia el deseo, odia la política (...). el deseo no está ligado a la ley en absoluto, y no se define por ninguna carencia esencial. La santa castración, el sujeto escindido, la pulsión de muerte, la extraña cultura de la muerte. ¿Qué duda cabe que es así cada vez que se piensa al deseo como a un puente entre un sujeto y un objeto: en ese caso el sujeto del deseo solo puede estar escindido, y el objeto perdido de antemano. Nosotros intentamos demostrar como el deseo está fuera de esas coordenadas personológicas y objetales. Nos parecía que el deseo era un proceso, y que desarrollaba un plano de consistencia, un campo de inmanencia, un "cuerpo sin órganos" como decía Artaud, recorrido por partículas y flujos que se escapan tanto de los objetos como de los sujetos. El deseo no es pues interior a un sujeto ni tampoco tiende hacia un objeto: es estrictamente inmanente a un plano al que no preexiste, a un plano que es necesario construir, y en el que las partículas se emiten y los flujos se conjugan. Lejos de suponer un sujeto el deseo sólo puede alcanzarse en el momento en que uno pierde la posibilidad de decir yo.
- Sobre el deseo y lo maquínico:
Los tres contrasentidos sobre el deseo son, relacionarlo con la carencia o con la ley; como una realidad natural o espontánea; con el placer o incluso y sobre todo con la fiesta. El deseo siempre está agenciado maquinado, en un plano de inmanencia o de composición que debe construirse al mismo tiempo que el deseo agencia y maquina. Y no sólo está determinado históricamente sino que es el operador efectivo que en cada caso se confunde con las variables de un agenciamiento. Ni la carencia ni la privación, producen deseo: si hay carencia es con relación a un agenciamiento del que está excluido, si hay deseo es en función de agenciamiento en el que está incluido, (tanto que sea una asociación para el bandolerismo o para la revuelta).
Máquina, maquinismo, "maquínico": ni es mecánico, ni orgánico. La mecánica es un sistema de progresiones progresivas entre términos dependientes. La máquina por el contrario es un conjunto de "vecindad" entre términos heterogéneos independientes (la vecindad topológica es independiente de la distancia y de la contigüidad). Lo que define un agenciamiento maquínico es el desplazamiento de un centro de gravedad sobre una línea abstracta. Y, como la marioneta de Kleist, es ese desplazamiento el que engendra las líneas o los movimientos concretos. Si la máquina totaliza sus movimientos es porque una de las piezas es un hombre. Siempre hay una máquina social que es anterior respecto a los hombres y a los animales que incluye en su "phylum".
Estos últimos extraídos de http://www.smav.com.ar/deleuze.htm; y a su vez de: "Gilles Deleuze - Claire Parnet. DIALOGOS. Editorial Pretextos. Paris 1977, trad. 1980".

Y para los que quieran sacar nota, que se pasen por http://www.estherdiaz.com.ar/textos/deleuze.htm. Recomendadísimo para "filósofos medulares" y "empollones irreverentes". Creo que es el mejor texto de todos, pero por su longitud no lo he puesto. Quien tenga ganas y tiempo, ya sabe... Creo que si no lo has leído ya, esta página te gustará, Persona.

Imagen
Hete aquí Deleuze en persona (permíteme el juego :wink:).

Y como dijo el hitita, ya sé que no aporto mucho, pero la interrelación Deleuze-Cronenberg os la dejo a vosotros. Mañana hay que madrugar :roll:
Saludos.
—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida...

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dorn1
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Mensaje por dorn1 » Sab 18 Jun, 2005 08:24

Alonso_Quijano, a mí sí me parece que aportas: como mínimo aportas el deseo :wink: .

Precisamente quería yo expresar alguna cosilla sobre los dos conceptos deleuzianos que has aportado (y no explicarlos, porque Deleuze lo hace magistralmente).

Sobre el agenciamiento (agencement): el concepto no lo encontraremos en el diccionario, el traductor tomó la decisión de "inventar" un neologismo para traducir esa novedad deleuziana. Para que no nos suene tan extraño, una posible traducción alternativa podría ser 'composición dinámica' (ya ves :D ). No hay sujeto que conoce o manipula, sino elementos fluidos, sin identidad fija que se reunen potenciándose mutuamente. Cada agenciamiento supone una singularidad, un instante irrepetible seguido de otro instante irrepetible... la particularidad sin sustancia, hecceitas, de Scoto contra la Escolástica y sus especies universales. El agenciamiento se produce en un plano de inmanencia. Eso explica que aquí mismo podamos estar hablando unos con otros y sólo se producen algunos agenciamientos, pues cuando se está en diferente plano, no hay posibilidad. Atraviesa todas las categorías y clasificaciones y todas las instituciones: produce bodas (entre la abeja y la flor) y nunca matrimonios.
Sobre el deseo: lo peor que le ocurre al deseo, su muerte, es que se lo entienda como carencia. Esa es la forma psicoanalítica usual, incluso en sus formas más vulgares, de entenderlo. El deseo escapa a la mirada reificadora del sujeto, del yo -el yo y sus identidades matan el deseo-, el deseo es la sustancia de Spinoza, potencia absoluta, cuerpo sin órganos de Artaud. Para introducir una analogía: el deseo es el nagual de Castaneda, frente al mundo y cuerpo organizados (el tonal). Ni que decir tiene que los dos se dan simultáneamente. Y que la energía -también llamada libido- está en el CsO. Yo es Otro. No se desea a una mujer (y/o hombre) cuando no se le tiene, sino cuando se está produciendo el agenciamiento.

Saludos :)

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Alonso_Quijano
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Mensaje por Alonso_Quijano » Dom 19 Jun, 2005 01:27

:plas: :plas: Qué buen post dorn1! Gracias por las aclaraciones, en serio. Creí necesario aportar esos conceptos para poder comprender el texto sobre Cronenberg, porque es fácil perderse por la maraña conceptual-filosófica sin percibir la relación que se quería hacer notar. Contado por ti, como conocedor de Deleuze, se facilita mucho la tarea... a los legos, como yo, en filosofía no se nos pueden presumir estas cosas. Se agradece mucho la "explicación" (aunque no la quieres llamar así :wink:), y nos acerca un poquito al mundo deleuziano; aprendemos filosofía con vosotros, chicos :D
Saludos!

Por cierto, qué gracia me hizo tu conversación con bscout y lo de que la relación de su plano de inmanencia es, frente al tuyo, de trascendencia!! buenísimo!!
—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida...

koki
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Mensaje por koki » Mar 21 Jun, 2005 10:30

Como este es el hilo más afín pues lo pongo aquí:

En uno de esos concursos que se organizan por internet, el ganador en la categoría de mejor weblog sobre Arte y cultura (en realidad este weblog tiene cosas de filosofía) es el siguiente:

http://www.boulesis.com/boule/

...y a través de ese weblog he visto este otro que se centra en las filosofías de la India:

http://dharma.blogsome.com/

saludos

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Persona
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Mensaje por Persona » Mar 21 Jun, 2005 22:18

La que me habeís liado estos días que he estado fuera! :wink:

Creo que sobre agencement podríamos tirarnos horas hablando. No se ponen de acuerdo. Mi profesor, para algunos muy conocido, para otros no tanto, José Luis Pardo (un especialista español en Deleuze) tradujo ese término como "componenda" (apaño, chapuza para el momento, etc.). Ese término tiene mucho parecido con el otro de rizoma (rhizome) que como bien dice dorn1 es algo momentaneo. Una suerte de nódulo que surge en un momento dado e irrepetible en la red causal (causalidad ciega) de la inmanencia.

El deseo no resulta menos problemático. Quieren uir (Deleuze y Guattari) de la concepción idealista del deseo. Es decir, que el deseo desee lo que no tiene en lugar de poner sus propias necesidades. Por ello hay un inversión del platonismo: ahora lo real es lo producido, lo que produce es el deseo (vieja disputa tekné vs. poieis, adueñamiento de la realidad contra producción de la realidad). Esto también se lo deben mucho a la reelaboración del pensamiento psiconalítico por parte de Lacan que se hace desde Spinoza. Finalmente decir que la pregunta que mueve gran parte de la reflexión Deleuze-Guattari es: ¿cómo es posile que el deseo desee su propia represión? Para eso os aconsejo echar un vistazo al texto de Etienne de la Boétie llamado Discurso de la servidumbre voluntaria para rastrear un poco las fuentes (y la verdad es que el texto es alucinante) y sobre todo el Antiedipo.

Bueno, después de todo este coñazo que no sé si será acertado o equivocado ni en qué medida útil pues otra noticia...

¡¡¡HA SALIDO EL VOLÚMEN 2 DEL FERRATER MORA EN LOS QUIOSKOS!!! :wink:
“Qué mala suerte, si esto le puede pasar a cualquiera”.

Alfonso XIII a Douglas Fairbanks sobre el caso Arbuckle-Rappese.

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Alonso_Quijano
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Mensaje por Alonso_Quijano » Lun 20 Ago, 2007 22:40

Refloto el hilo para una tontería... más bien una curiosidad para los que somos legos en filosofía. No lo he leído, solo lo he hojeado en la librería; me ha parecido curioso, y por eso dejo la referencia.

Imagen
Introducción
Cuando un alfarero le preguntó a Sócrates si debía casarse o permanecer soltero, este respondió: “Hagas lo que hagas te arrepentirás”.

Cuando Diógenes fue hecho prisionero y puesto a la venta como esclavo, el vendedor le preguntó qué sabía hacer, y este respondió: “Sé mandar. Mira a ver si alguien quiere comprar un amo”.

En su juventud, San Agustín recitaba esta plegaria: “Señor, concédeme castidad y continencia, pero espera unos años”.

Cuando a Madame de Staël le preguntaron por qué las mujeres guapas tenían más éxito entre los hombres que las inteligentes, respondió: “Porque hay pocos hombres ciegos, pero muchos hombres tontos”.

Cuando alguien le preguntó a Bertrand Russell por qué nunca había escrito sobre estética, este respondió: Porque no sé nada de estética..., aunque reconozco que no es una buena excusa, porque mis amigos dicen que mi ignorancia nunca me ha impedido escribir sobre otros temas”.

¿Es compatible la filosofía con el humor? ¿Es posible aprender filosofía a carcajadas? En este desternillante libro el lector es invitado a un delicioso viaje por la historia de la filosofía y las vidas de los filósofos, en el que se encontrará con el malhumor de la esposa de Sócrates, los sueños de Maquiavelo, las opiniones de Kant sobre el matrimonio, las despiadadas mordacidades de Nietzche, la deducción lógica de Russell de que él y el Papa son la misma persona, la agresividad de Wittgenstein atizador el mano...

Filosofía a carcajadas. Un recorrido por la historia del pensamiento de la mano de las anécdotas y las agudezas de los grandes filósofos.
Las citas son buenísimas :lol:
—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida...

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abyacar
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Mensaje por abyacar » Mar 28 Ago, 2007 13:39

Yo recomiendo "Carta abierta de Woody Allen a Platón" de Juan Anotino Rivera, continuación de "Lo que Sócrates le diría a Woody Allen" y un ejemplo de cómo segundas partes pueden ser mejores que las primeras
Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros (G. Marx)

hiru
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Re: Libros de Filosofía en DXC.El Anti Edipo. Capitalismo y esquizofre

Mensaje por hiru » Jue 30 Jun, 2011 17:41

Imagen

Ello funciona en todas partes, bien sin parar, bien discontinuo. Ello
respira, ello se calienta, ello come. Ello caga, ello besa. Qué error haber
dicho el ello. En todas partes máquinas, y no metafóricamente: máquinas
de máquinas, con sus acoplamientos, sus conexiones. Una máquina-órgano
empalma con una máquina-fuente: una de ellas emite un flujo que la
otra corta. El seno es una máquina que produce leche, y la boca, una
máquina acoplada a aquélla. La boca del anoréxico vacila entre una máqui-
na de comer, una máquina anal, una máquina de hablar, una máquina de
respirar (crisis de asma). De este modo, todos «bricoleurs»; cada cual
sus pequeñas máquinas. Una máquina-órgano para una máquina energía,
siempre flujos y cortes. El presidente Schreber tiene los rayos del cielo
en el culo. Ano solar. Además, podemos estar seguros de que ello mar-
cha; el presidente Schreber siente algo, produce algo, y puede teorizarlo.
Algo se produce: efectos de máquina, pero no metáforas.
El paseo del esquizofrénico es un modelo mejor que el neurótico
acostado en el diván. Un poco de aire libre, una relación con el exte-
rior. Por ejemplo, el paseo de Lenz reconstituido por Büchner1. Por com-
pleto diferente de los momentos en que Lenz se encuentra en casa de su
buen pastor, que le obliga a orientarse socialmente, respecto al Dios
de la religión, respecto al padre, a la madre. En el paseo, por el con-
trario, está en las montañas, bajo la nieve, con otros dioses o sin ningún
dios, sin familia, sin padre ni madre, con la naturaleza. «¿Qué quiere
mi padre? ¿Puede darme algo mejor? Imposible. Dejadme en paz.» Todo
forma máquinas. Máquinas celestes, las estrellas o el arco iris, máquinas
alpestres, que se acoplan con las de su cuerpo. Ruido ininterrumpido de

1. Cf. el texto de Büchner, Lenz, tr. fr. Ed. Fontaine (tr. cast. Ed. Montesi-
nos, 1981).

11

máquinas. «Creía que se produciría una sensación de infinita beatitud si
era alcanzado por la vida profunda de cualquier forma, si poseía un alma
para las piedras, los metales, el agua y las plantas, si acogía en sí mismo
todos los objetos de la naturaleza, maravillosamente, como las flores absor-
ben el aire con el crecimiento y la disminución de la luna.» Ser una má-
quina clorofílica, o de fotosíntesis, o por lo menos deslizar el cuerpo como
una pieza en tales máquinas. Lenz se colocó más allá de la distinción
hombre-naturaleza, más allá de todos los puntos de referencia que esta
distinción condiciona. No vivió la naturaleza como naturaleza, sino como
proceso de producción. Ya no existe ni hombre ni naturaleza, únicamente
el proceso que los produce a uno dentro del otro y acopla las maquinas.
En todas partes, máquinas productoras o deseantes, las máquinas esqui-
zofrénicas, toda la vida genérica: yo y no-yo, exterior e interior ya no
quieren decir nada.
Comitiva del paseo del esquizo, cuando los personajes de Beckett se
deciden a salir. En primer lugar hemos de ver cómo su propio andar
variado es asimismo una máquina minuciosa. Y luego la bicicleta: ¿qué
relación existe entre la máquina bicicleta-bocina y la máquina madre ano?
«hablar de bicicletas y de bocinas, qué descanso. Por desgracia, no es
de esto de lo que tengo que hablar ahora, sino de la que me dio a luz,
por el ojo del culo si mal no recuerdo.» A menudo creemos que Edipo
es algo sencillo, que está dado. Sin embargo, no es así: Edipo supone
una fantástica represión de las máquinas deseantes. ¿Por que, con que
fin? En verdad, ¿es necesario o deseable someterse a él? ¿Y con qué?
¿Qué poner en el triángulo edípico, con qué formarlo? La bocina de
bicicleta y el culo de mí madre, ¿son el meollo del asunto? ¿No hay
cuestiones más importantes? Dado un efecto, ¿qué máquina puede pro-
ducirlo? dada una máquina, ¿para qué puede servir? Por ejemplo, adi-
vine usted qué uso tiene una funda de cuchillo a partir de su descripción
geométrica. O bien, ante una máquina completa formada por seis piedras
en el bolsillo derecho de mi abrigo (bolsillo que suministra), cinco en el
bolsillo derecho de mi pantalón, cinco en el bolsillo izquierdo de mi pan-
talón (bolsillos de transmisión), y con el último bolsillo del abrigo reci-
biendo las piedras utilizadas a medida que las otras avanzan, ¿qué efecto
produce este circuito de distribución en el que la propia boca se inserta
como máquina para chupar las piedras? En este caso, ¿cuál es la produc-
ción de voluptuosidad? Al final de Malone meurt, Mme. Pedale lleva de
paseo a los esquizofrénicos, en charabán, en barco, de pic-nic por la natu-
raleza: se prepara una máquina infernal.

12

continúa:
Spoiler: mostrar
Le corps sous la peau est une usine surchauffée,
et dehors,
le malade brille,
il luit,
it tous ses pores,
eclatés2.

No pretendemos fijar un polo naturalista de la esquizofrenia. Lo que
el esquizofrénico vive de un modo específico, genérico, no es en abso-
luto un polo específico de la naturaleza, sino la naturaleza como proceso
ie producción. ¿Qué quiere decir aquí proceso? Es probable que, a un
:eterminado nivel, la naturaleza se distinga de la industria: por una parte,
la industria se opone a la naturaleza, por otra, saca de ella materiales, por
otra, le devuelve sus residuos, etc. Esta relación distintiva entre hombre-
naturaleza, industria-naturaleza, sociedad-naturaleza, condiciona, hasta en
la sociedad, la distinción de esferas relativamente autónomas que deno-
minaremos «producción», «distribución», «consumo». Sin embargo, este
nivel de distinciones, considerado en su estructura formal desarrollada,
presupone (como lo demostró Marx), además del capital y de la división
del trabajo, la falsa conciencia que el ser capitalista necesariamente tiene
de sí y de los elementos coagulados de un proceso de conjunto. Pues en
verdad —la brillante y negra verdad que yace en el delirio— no existen
esferas o circuitos relativamente independientes: la producción es inme-
diatamente consumo y registro, el registro y el consumo determinan de
un modo directo la producción, pero la determinan en el seno de Ja propia
producción. De suerte que todo es producción: producciones de produc-
ciones, de acciones y de pasiones; producciones de registros, de distribu-
ciones y de anotaciones; producciones de consumos, de voluptuosidades,
de angustias y de dolores. De tal modo todo es producción que Jos regis-
tros son inmediatamente consumidos, consumados, y los consumos direc-
tamente reproducidos3. Este es el primer sentido de proceso: llevar el
2. El cuerpo bajo la piel es una fábrica recalentada / y fuera / el enfermo brilla,
/ reluce, / con todos sus poros, / reventados. (N. del T.) Artaud, Van Cogh le suicidé
de la société (tr. cast., Fundamentos, 1977).
3. Cuando Gcorges Bataille habla de gastos o consumos suntuarios, no producti-
vos, en relación con Ja energía de la naturaleza, se trata de gastos o consumos que
no se inscriben en la esfera supuestamente independiente de la producción humana
en tanto que determinada por «lo útil»: se trata, por tanto, de lo que nosotros llama-
mos producción de consumo (cf. La Notion de dépense y la Part maudite, Ed. de
Minuit) (JLa parte maldita, tr. cast. EDIIASA, 1974).

13

registro y el consumo a la producción misma, convertirlos en las produc-
ciones de un mismo proceso.
En segundo lugar, ya no existe la distinción hombre-naturaleza. La
esencia humana de la naturaleza y la esencia natural del hombre se iden-
tifican en la naturaleza como produdón o industria, es decir, en la vida
genérica del hombre. La industria ya no se considera entonces en una
relación extrínseca de utilidad, sino en su identidad fundamental con la
naturaleza como producción del hombre y por el hombre4. Pero no el
hombre como rey de la creación, sino más bien como el que llega a la
vida profunda de todas las formas o de todos los géneros, como hombre
cargado de estrellas y de los propios animales, que no cesa de empalmar
una máquina-órgano a una máquina-energía, un árbol en su cuerpo, un
seno en la boca, el sol en el culo: eterno encargado de las máquinas del
universo. Este es el segundo sentido de proceso. Hombre y naturaleza
no son como dos términos uno frente al otro, incluso tomados en una
relación de causa, de comprensión o de expresión (causa-efecto, sujeto-
objeto, etc.). Son una misma y única realidad esencial del productor y del
producto. La producción como proceso desborda todas las categorías ideales
y forma un ciclo que remite al deseo en tanto que principio inmanente.
Por ello, la producción deseante es la categoría efectiva de una psiquiatría
materialista que enuncia y trata al esquizo como Homo natura. No obs-
tante, con una condición que constituye el tercer sentido de proceso:
no hay que tomarlo por una finalidad, un fin, ni hay que confundirlo con
su propia continuación hasta el infinito. El fin del proceso, o su continua-
ción hasta el infinito, que es estrictamente lo mismo que su detención brutal
y prematura, es la causa del esquizofrénico artificial, tal como lo vemos
en el hospital, andrajo autistizado producido como entidad. Lawrence dice
del amor: «Hemos convertido un proceso en una finalidad; el fin de todo
proceso no radica en su propia continuación hasta el infinito, sino en su
realización... El proceso debe tender a su realización, pero no a cierta
horrible intensificación, a cierta horrible extremidad en la que el cuerpo
y el alma acaban por perecer» Lo mismo que para el amor es para la
esquizofrenia: no existe ninguna especificidad ni entidad esquizofrénica,
la esquizofrenia es el universo de las máquinas deseantes productoras y
reproductoras, la universal producción primaria como «realidad esencial
del hombre y de la naturaleza».

4. Sobre la identidad Naturaleza-Producción y la vida genérica, según Marx,
cf. los comentarios de Gerard Granel, «L'Ontologie marxisre de 1844 et la question
de la coupure». en l'Endurance de la pensée, Plon, 1968, págs. 301-310.
5. D. H. Lawrence, La Ver ge d'Aaron, tr. fr. Gallimard, pág. 199.

14

Las máquinas deseantes son máquinas binarias, de regla binaria o de
régimen asociativo; una máquina siempre va aclopada a otra. La síntesis
productiva, la producción de producción, posee una forma conectiva: «y»,
«y además»... Siempre hay, además de una máquina productora de un
flujo, otra conectada a ella y que realiza un corte, una extracción de flujo
(el seno — la boca). Y como la primera a su vez está conectada a otra
con respecto a la cual se comporta como corte o extracción, la sene binaria
es lineal en todas las direcciones. El deseo no cesa de efectuar el acopla-
miento de flujos continuos v de objetos parciales esencialmente fragmen-
tarios y fragmentados. El deseo hace fluir, fluye y corta. «Me gusta todo
lo que fluye, incluso el flujo menstrual que arrastra los hueves no fe-
cundados...», dice Miller en su canto del deseo6. Bolsa de aguas y cálculos
del riñon; flujo de cabellos, flujo de baba, flujo de esperma, de mierda o
de orina producidos por objetos parciales, constantemente cortados por
otros objetos parciales, que a su vez producen otros flujos cortados por
otros objetos parciales. Todo «objeto» supone la continuidad de un »lujo,
todo flujo, la fragmentación del objeto. Sin duda, cada máquina-organo
interpreta el mundo entero según su propio flujo, según la energía que
le fluye: el ojo lo interpreta todo en términos de ver —el haolar. el oír,
el cagar, el besar... Pero siempre se establece una conexión con otra ma-
quina, en una transversal en la que la primera corta el flujo de la otra o
«ve» su flujo cortado por la otra.
Por lo tanto, el acoplamiento de la síntesis conectiva, objeto parcial-
flujo posee además otra forma, producto-producir. El producir siempre
está injertado en el producto; por ello, la producción deseante es produc-
ción de producción, como toda máquina, máquina de máquina No podemos
contentarnos con la categoría idealista de expresión. No podemos no de-
beríamos pensar en describir el objeto esquizofrénico sin vincularlo al
proceso de producción. Los Cabiers de Vart brut son su demostración
viviente (y a la vez niegan que haya una entidad del esquizofrénico), si,
Henri Michaux describe una mesa esquizofrénica en función de un proceso
de producción (el del deseo): «Desde el momento que uno la notaba,
continuaba ocupando la mente. Incluso continuaba no se que, sin duda
su propio quehacer... Lo que sorprendía era que, sin ser s.mple, tampoco
era verdaderamente compleja, compleja de entrada o de uitenc.on o de
plan complicado. Más bien se desimplificaba a medida que era trabajada...
Tal como estaba era una mesa de añadidos, al igual que algunos dibujos

6. Henry Miller, Tropas du Carncer, cap. XIII («... y mis entrañas se expan-
den en un inmenso flujo esquizofrénico, evacuación que me coloca frente a frente
con lo «absoluto...») (trad. cast. Ed. Bruguera, 1982).

15

de esquizofrénicos llamados abarrotados, y si estaba terminada era en la
medida en que ya no había forma de añadir nada; mesa que se había ido
convirtiendo en amontonamiento, dejando de ser mesa... No era apropiada
para ningún uso, para nada de lo que se espera de una mesa. Pesada, volu-
minosa apenas era transportable. Uno no sabía como cogerla (ni mental,
ni manualmente). El tablero, la parte útil de la mesa, progresivamente redu-
cido desaparecía, y tenía tan poca relación con el voluminoso armazón, que
uno ya no pensaba en el conjunto como una mesa, sino como un mueble
aparte un instrumento desconocido cuyo empleo se ignoraba. Mesa des-
humanizada, que no tenía ningún acomodo, que no era burguesa ni rustica,
ni de campaña, ni de cocina, ni de trabajo. Que no se prestaba a nada,
que se protegía, que rechazaba todo servicio, toda comunicación. En ella
había algo aterrado, petrificado. Se hubiera podido pensar en un motor
parado» 7. El esquizofrénico es el productor universal. Aquí no es posible
distinguir entre el producir y su producto. El objeto producido se lleva
su aquí en un nuevo producir. La mesa continúa su «propio quehacer».
El armazón se come el tablero. La no-terminación de la mesa es un
imperativo de producción. Cuando Lévi-Strauss define el «bncolage», pro-
pone un conjunto de caracteres bien engarzados: la posesión de un stock
o de un código múltiple, heteróclito y sin embargo limitado; la capacidad
de introducir los fragmentos en fragmentaciones siempre nuevas; de lo
que se desprende una indiferencia del producir y del producto del con-
junto instrumental y del conjunto a realizar8. La satisfacción del «bnco-
leur» cuando acopla algo a una conducción eléctrica, cuando desvia un
conducto de agua, no podría explicarse mediante un juego de «papa-mama»
o mediante un placer de transgresión. La regla de producir siempre el
producir, de incorporar el producir al producto, es la característica de las
máquinas deseantes o de la producción primaria: producción de producción.
Un cuadro de Richard Lindner, Boy tvith Machine, muestra un enorme
y turgente niño que ha injertado y hace funcionar una de sus pequeñas
máquinas deseantes sobre una gran máquina social técnica (pues, como
veremos, también esto es cierto con respecto al nino).
El producir, un producto, una identidad producto-producir... Preci-
samente es esta identidad la que forma un tercer término en la sene
lineal: un enorme objeto no diferenciado. Todo se detiene un momento,
todo se paraliza (luego todo volverá a empezar). En cierta manera, sena

7. Henri Míchaux, les Grandes épreuves de Vesprít, Gallimard, 1966, págs. 26
y Sg.
8. Claude Lévi-Strauss, la Pensée sauvage, Plon, 1962, págs. 26 y sg. <tr. cast.
F.C.E.).

16

mejor que nada marcharse, que nada funcionase. No haber nacido, salir
de la rueda de los nacimientos; ni boca para mamar, ni ano para cagar.
¿Estarán las máquinas suficientemente estropeadas, sus piezas suficiente-
mente sueltas como para entregarse y entregarnos a la nada? Se diría que
los flujos de energía todavía están demasiado ligados, que los objetos toda-
vía son demasiado orgánicos. Un puro fluido en estado libre y sin cortes,
resbalando sobre un cuerpo lleno. Las máquinas deseantes nos forman un
organismo; pero en el seno de esta producción, en su producción misma,
el cuerpo sufre por ser organizado de este modo, por no tener otra orga-
nización, o por no tener ninguna organización. «Una parada incompren-
sible y por completo recta» en medio del proceso, como tercer tiempo: «Ni
boca. Ni lengua. Ni dientes. Ni laringe. Ni esófago. Ni vientre. Ni ano.»
Los autómatas se detienen y dejan subir la masa inorganizada que articu-
laban. El cuerpo lleno sin órganos es lo improductivo, lo estéril, lo engen-
drado, lo inconsumible. Antonin Artaud lo descubrió, allí donde estaba,
sin forma y sin rostro. Instinto de muerte, éste es su nombre, y la muerte
no carece de modelo. Pues el deseo también desea esto, es decir, la muerte,
ya que el cuerpo lleno de la muerte es su motor inmóvil, del mismo
modo como desea la vida, ya que los órganos de la vida son la working
machine. No nos preguntaremos como pueden funcionar juntos: esta cues-
tión incluso es el producto de la abstracción. Las máquinas deseantes no
funcionan más que estropeadas, estropeándose sin cesar. El presidente
Schreber «durante largo tiempo vivió sin estómago, sin intestinos, casi sin
pulmones, el esófago desgarrado, sin vejiga, las costillas molidas; a veces
se había comido parte de su propia laringe...». El cuerpo sin órganos es lo
improductivo; y sin embargo, es producido en el lugar adecuado y a su
hora en la síntesis conectiva, como la identidad del producir y del producto
(LA mesa esquizofrénica es un cuerpo sin órganos). El cuerpo sin órganos
no es el testimonio de una nada original, como tampoco es el resto de
una totalidad perdida. Sobre todo, no es una proyección; no tiene nada que
ver con el cuerpo propio, o con una imagen del cuerpo. Es el cuerpo sin
imágenes. El, lo improductivo, existe allí donde es producido, en el tercer
tiempo de la serie binaria-lineal. Perpetuamente es reinyectado en la pro-
ducción. El cuerpo catatonico es producido en el agua del baño. El cuerpo
lleno sin órganos pertenece a la antiproducción; no obstante, una caracte-
rística de la síntesis conectiva o productiva consiste también en acoplar
la producción a la antiproducción, a un elemento de antiproducción.

* * *


17
Última edición por hiru el Jue 11 Oct, 2012 19:16, editado 4 veces en total.

hiru
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Mil Mesetas: Rostridad.

Mensaje por hiru » Mié 22 Feb, 2012 18:45

Este capítulo, el numero 7 de MIL MESETAS Capitalismo y esquizofrenia de Gilles Deleuze y Felix Guattari procede de la 6ª edición de PRE-TEXTOS traducción de José Vazquez Pérez con la colaboración de Umbelina Larraceleta.

en PDF por emule: ed2k linkAño Cero - Rostridad (Mli Mesetas - Gilles Deleuze y Felix Guatari, PRE-TEXTOS 6%C2%AA edicion).pdf ed2k link stats
el original francés: ed2k link7 Mille Plateaux_Année zéro Visageite.PDF ed2k link stats








7
AÑO CERO - ROSTRIDAD




Imagen


333Habíamos encontrado dos ejes, eje de significancia y eje de subjetivación. Eran dos semióticas muy distintas, o incluso dos estratos. Pero la significancia es inseparable de una pared blanca sobre la que inscribe sus signos y sus redundancias. Y la subjetivación es inseparable de un agujero negro en el que sitúa su conciencia, su pasión, sus redundancias. Como sólo hay semióticas mixtas, o como los estratos van por lo menos de dos en dos, no debe extrañamos que se monte un dispositivo muy especial en su intersección. Un rostro es algo muy singular: sistema pared blanca-agujero negro. Ancho rostro de mejillas blancas, rostro de tiza perforado por unos ojos como agujero negro. Cabeza de clown, clown blanco, pierrot lunar, ángel de la muerte, santo sudario. El rostro no es una envoltura exterior al que habla, piensa o percibe. En el lenguaje, la forma del significante, sus
MIL MESETAS 174
propias unidades quedarían indeterminadas si el eventual oyente no guiase sus opciones por el rostro del que habla (“vaya, parece enfadado...”, “no ha podido decir eso...”, “mírame a la cara cuando te hablo...”, “mírame bien...”). Un niño, una mujer, una madre de familia, un hombre, un padre, un jefe, un profesor, un policía, no hablan una lengua en general, hablan una lengua cuyos rasgos significantes se ajustan a los rasgos de rostridad específicos. Los rostros no son, en principio, individuales, defienden zonas de frecuencia o de probabilidad, delimitan un campo que neutraliza de antemano las expresiones y conexiones rebeldes a las significaciones dominantes. De igual modo, la forma de la subjetividad, conciencia o pasión, quedaría absolutamente vacía si los rostros no constituyesen espacios de resonancia que seleccionan lo real mental o percibido, adecuándolo previamente a una realidad dominante. El rostro es redundancia. Y hace redundancia con las redundancias de significancia o de frecuencia, pero también con las de resonancia o de subjetividad. El rostro construye la pared que necesita el significante para rebotar, constituye la pared del significante, el marco o la pantalla. El rostro labra el agujero que necesita la subjetivación para manifestarse; constituye el agujero negro de la subjetividad como conciencia o pasión, la cámara, el tercer ojo.
333¿O acaso hay que decir las cosas de otro modo? Pues no es exactamente el rostro el que constituye la pared del significante, o el agujero de la subjetividad. El rostro, al menos el rostro concreto, comenzaría a dibujarse vagamente sobre la pared blanca. Comenzaría a aparecer vagamente en el agujero negro. En el cine, el primer plano de un rostro oscila entre dos polos: hacer que el rostro refleje la luz, o, al contrario, marcar las sombras hasta hundirlo “en la más implacable obscuridad”1. Un psicólogo decía que el rostro es un precepto visual que cristaliza a partir “de las diversas variedades de luminosidades difusas, sin forma ni dimensión”. Sugestiva blancura, agujero capturante, rostro. El agujero negro sin dimensión, la pared blanca sin forma ya estarían en principio ahí. Y en ese sistema, ya serían posibles muchas combinaciones: o bien unos agujeros negros se distribuyen sobre la pared blanca, o bien la pared blanca se estira y va hacia el agujero negro que los reúne a todos, los precipita o los “aglomera”. Unas veces unos rostros aparecerían sobre la pared, con sus agujeros; otras aparecerían en el agujero, con su pared linealizada, enrollada. Cuento de terror, efectivamente, el rostro es un cuento de terror. Es cierto que el significante no construye él solo la pared que necesita, es cierto que la subjetividad no labra ella sola su agujero. Pero tampoco los rostros concretos son algo ya construido. Los rostros concretos nacen de una máquina abstracta de rostridad, que va a producirlos al mismo tiempo que proporciona al significante su pared blanca, a la subjetividad su agujero negro. Así pues, el sistema agujero negro-pared blanca todavía no sería un rostro, sería la máquina abstracta la que lo produce, según las combinaciones deformables de sus engranajes. Pero no esperemos que la máquina abstracta se parezca a lo que produce, a lo que va a producir.
333La máquina abstracta surge cuando menos se la espera, en el transcurso de un adormecimiento, de un estado crepuscular, de una alucinación, de un divertido experimento de física... El relato de Kafka, Blumfeld*: el solterón regresa a su


*Franz Kafka, “Blumfeld, un solterón”, en La Muralla China. Alianza Editorial, pág. 131 y ss. (N. del T.).

1 Josef Von Sternberg, Souvenirs d ’un montreur d ’ombres, Laffont, págs . 342 - 343 .
AÑO CERO – ROSTRIDAD 175
casa por la noche y encuentra dos pelotitas de ping-pong que saltan por sí solas sobre la “pared” del suelo, rebotan en todas partes, tratan incluso de alcanzar su rostro, y diríase que contienen otras pelotitas eléctricas todavía más pequeñas. Blumfeld logra por fin encerrarlas en el agujero negro del cuarto trastero. La escena continua al día siguiente cuando Blumfeld trata de dar las pelotitas a un niño tonto y a dos niñas que gesticulan continuamente, y luego, en el despacho, donde se encuentra con que sus dos escribientes, pusilánimes y llenos de tics, quieren quitarle la escoba al criado encargado de barrer. En un admirable ballet de Debussy y Nijinsky, una pelotita de tenis rebotará sobre la escena al crepúsculo; otra pelota surgirá de forma parecida al final. Entre las dos, ahora dos niñas y un muchacho que las observa, desarrollan sus rasgos pasionales de danza y de rostro bajo luminosidades difusas (curiosidad, despecho, ironía, éxtasis...)2. No hay nada que explicar, nada que interpretar. Pura máquina de estado crepuscular. ¿Pared blanca-agujero negro? Pero, según las combinaciones, puede perfectamente ocurrir que la pared sea negra y el agujero blanco. Las pelotas pueden rebotar sobre una pared, o introducirse en un agujero. Incluso pueden en su impacto tener un papel relativo de agujero con relación a la pared, como también pueden en su afilado recorrido tener un papel relativo de pared con relación al agujero hacia el que se dirigen. Circulan en el sistema pared blanca-agujero negro. Aquí nada se parece a un rostro y, sin embargo, los rostros se distribuyen en todo el sistema, los rasgos de rostridad se organizan. Y, sin embargo, también esta máquina abstracta puede perfectamente efectuarse en otra cosa que en rostros; pero no en un orden cualquiera, ni sin razones necesarias.
333La psicología americana se ha ocupado mucho del rostro, especialmente en la relación del hijo con su madre, eye-to-eye contact. ¿Máquina de cuatro ojos? Recordemos algunas etapas de estas investigaciones: 1) los estudios de Isakower sobre el adormecimiento, en los que se demuestra que las sensaciones llamadas propioceptivas, manuales, bucales, cutáneas, e incluso vagamente visuales, remiten a la relación infantil boca-seno; 2) el descubrimiento de Lewin de una pantalla blanca del sueño, normalmente recubierta por los contenidos visuales, pero que permanece blanca cuando el sueño sólo tiene como contenidos sensaciones propioceptivas (esta pantalla o esta pared blanca sería todavía el seno acercándose, creciendo, aplastándose); 3) la interpretación de Spitz según la cual la pantalla blanca no deja de ser ya un precepto visual que implica un mínimo de distancia, y que como tal, más que representar el seno como objeto de sensación táctil o de contacto, hará surgir el rostro materno por el que el niño se guía para tomar el pecho. Así pues, habría una combinación de dos tipos de elementos muy distintos: las sensaciones propioceptivas manuales, bucales y cutáneas, la percepción visual del rostro visto de frente sobre una pantalla blanca, con el dibujo de los ojos como agujeros negros. Esta percepción visual adquiere muy rápido una importancia decisiva respecto al acto de nutrirse, respecto al seno como volumen y a la boca como cavidad experimentadas táctilmente3.
333Podemos, pues, proponer la siguiente distinción: el rostro forma parte de un sistema superficie-agujeros, superficie agujereada. Pero este sistema no debe confundirse con el sistema volumen-cavidad, propio del cuerpo (propioceptivo). La


2 Sobre este ballet, cf. Debussy de Jean Barraqué, ed. du Seuil, que cita el texto del argumento,
págs. 166-171.
3 Cf. Isakower, “Contribution à la psychopathologie des phénomènes associés à l’endormisse-
ment”, Nouvelle revue de psychanalyse, n.° 5, 1972; Lewin, “Le sommeil, la bouche et l’écran du
réve”, ibid; Spitz, De la naissance à la parole, P.U.F., págs 57-63 (trad, cast., ed. F.C.E.).
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cabeza está incluida en el cuerpo, pero no el rostro. El rostro es una superficie: rasgos, líneas, arrugas, rostro alargado, cuadrado, triangular, el rostro es un mapa, incluso si se aplica y se enrolla sobre un volumen, incluso si rodea y bordea cavidades que ya sólo existen como agujeros. Incluso humana, la cabeza no es forzosamente un rostro. El rostro sólo se produce cuando la cabeza deja de formar parte del cuerpo, cuando deja de estar codificada por el cuerpo, cuando deja de tener un código corporal polívoco multidimensional —cuando el cuerpo, incluida la cabeza, está descodificado y debe ser sobrecodificado por algo que llamaremos Rostro—. Dicho de otro modo, la cabeza, todos los elementos volumen-cavidad de la cabeza, deben ser rostrificados. Y lo serán por la pantalla agujereada, por la pared blanca-agujero negro, la máquina abstracta que va a producir rostro. Pero la operación no acaba ahí: la cabeza y sus elementos no serán rostrificados sin que la totalidad del cuerpo no pueda serlo, no se vea obligado a serlo, en un proceso inevitable. La boca y la nariz, y sobre todo los ojos, no devienen una superficie agujereada sin arrastrar a los demás volúmenes y a todas las cavidades del cuerpo. Operación digna del Dr. Moreau: horrible y expléndida. La mano, el seno, el vientre, el pene y la vagina, la nalga, la pierna y el pie serán rostrificados. El fetichismo, la erotomania, etc., son inseparables de estos procesos de rostrificación. No se trata en modo alguno de tomar una parte del cuerpo para hacer que se parezca a un rostro, o hacer intervenir un rostro irreal como en una nube. Ningún antropomorfismo. La rostrificación no actúa por semejanza, sino por orden de razones. Es una operación mucho más inconsciente y maquínica que hace pasar todo el cuerpo por la superficie agujereada, y en la que el rostro no desempeña el papel de modelo o imagen, sino el de sobrecodificación para todas las partes descodificadas. Todo sigue siendo sexual, no hay ninguna sublimación, sino nuevas coordenadas. Precisamente porque el rostro depende de una máquina abstracta no se contentará con ocultar la cabeza, sino que afectará a las demás partes del cuerpo, e incluso, si fuera necesario, a otros objetos completamente distintos. Así pues, la cuestión es saber en qué circunstancias se desencadena esa máquina, que produce rostro y rostrificación. Si la cabeza, incluso la humana, no es forzosamente un rostro, el rostro sí es producido en la humanidad, pero por una necesidad que no es la de los hombres “en general”. El rostro no es animal, pero tampoco es humano en general, incluso hay algo absolutamente inhumano en el rostro. Es todo un error hacer como si el rostro sólo deviniese inhumano a partir de un cierto umbral: primer plano, ampliación exagerada, expresión insólita, etc. Inhumano en el hombre, el rostro lo es desde el principio, el rostro es por naturaleza primer plano, con sus superficies blancas inanimadas, sus agujeros negros brillantes, su vacío y su aburrimiento. Rostro-bunker. Hasta tal punto que si el hombre tiene un destino, ese sería el de escapar al rostro, deshacer el rostro y las rostrificaciones, devenir imperceptible, devenir clandestino, no por un retomo a la animalidad, ni tan siquiera por retornos a la cabeza, sino por devenires-animales muy espirituales y muy especiales, por extraños devenires en verdad que franquearán la pared y saldrán de los agujeros negros, que harán que hasta los rasgos de rostridad se sustraigan finalmente a la organización del rostro, ya no se dejen englobar por el rostro, pecas que huyen hacia el horizonte, cabellos arrastrados
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por el viento, ojos que uno atraviesa en lugar de mirarse en ellos o de mirarlos en el taciturno cara a cara de las subjetividades significantes. “Ya no miro a los ojos de la mujer que tengo en mis brazos, los atravieso a nado, cabeza, brazos y piernas en su integridad, y veo que tras las órbitas de esos ojos se extiende un mundo inexplorado, mundo de las cosas futuras, y que ese mundo carece de toda lógica (...). He roto la pared (...), mis ojos ya no sirven para nada, pues sólo me remiten la imagen de lo conocido. La totalidad de mi cuerpo debe devenir rayo perpetuo de luz, moviéndose a una velocidad cada vez mayor, sin respiro, sin retomo, sin debilidad (...). Sello, pues, mis oídos, mis ojos, mis labios” 4. CsO. Sí, el rostro tiene un gran futuro, a condición de que sea destruido, deshecho. En camino hacia lo asignificante, hacia lo asubjetivo. Pero nosotros todavía no hemos explicado nada de lo que intuimos.
333Del sistema cuerpo-cabeza al sistema rostro no hay evolución, estadios genéticos. Ni posiciones fenomenológicas. Ni integraciones de objetos parciales, con organizaciones estructurales o estructurantes. Tampoco referencia a un sujeto que ya estaría presente, o que se vería abocado a estarlo, sin pasar por esa máquina específica de rostridad. En la literatura del rostro, el texto de Sartre sobre la mirada y el de Lacan sobre el espejo cometen el error de remitir a una forma de subjetividad, de humanidad reflejada en un campo fenomenológico, o escindida en un campo estructural. Pero la mirada sólo es secundaria con relación a los ojos sin mirada, al agujero negro de la rostridad. El espejo sólo es secundario con relación a la pared blanca de la rostridad. Tampoco debe hablarse de eje genético, ni de integración de objetos parciales. La idea de los estadios en la ontogénesis es una idea de árbitro: se piensa que lo más rápido es anterior, sin perjuicio de servir de base o de trampolín para lo que viene después. La idea de los objetos parciales todavía es peor, es la de un experimentador demente que despedaza, corta, anatomiza en todos los sentidos, sin perjuicio de volver a coserlo todo de cualquier forma. Se puede hacer una lista cualquiera de objetos parciales: la mano, el seno, la boca, los ojos... Así no se sale de Frankestein. No hay que considerar órganos sin cuerpo, cuerpo despedazado, sino fundamentalmente un cuerpo sin órganos, animado de diferentes movimientos intensivos que determinarán la naturaleza y el lugar de los órganos en cuestión, que convertirán a ese cuerpo en un organismo, o incluso en un sistema de estratos del que el organismo sólo es una parte. Como consecuencia, el movimiento más lento no es el menos intenso ni el último en producirse o suceder. El más rápido puede ya converger con él, conectarse con él, en el desequilibrio de un desarrollo disincrónico de estratos no obstante simultáneos, de velocidades diferentes, sin sucesión de estadios. El cuerpo no tiene nada que ver con objetos parciales, sino con velocidades diferenciales.
333Esos movimientos son movimientos de desterritorialización. Ellos son los que “hacen” al cuerpo un organismo, animal o humano. Por ejemplo, la mano prensil implica una desterritorialización relativa no sólo de la pata delantera, sino de la mano locomotriz. Y tiene un correlato, que es el objeto de uso o de herramienta: el bastón como rama desterritorializada. El seno de la mujer en posición vertical indica una desterritorialización de la glándula mamaria animal; la boca del niño, provista de labios como consecuencia del replegamiento de la mucosa en el exte-


4 Henry Miller, Tropique du Capricorne, ed. du Chéne, págs. 177-179 (trad. cast., ed. Bruguera).
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rior, indica una desterritorialización del hocico o de la boca del animal. Y labiosseno, cada uno sirve de correlato al otro5. La cabeza humana implica una desterritorialización con relación al animal, al mismo tiempo que tiene como correlato la organización de un mundo como medio a su vez desterritorializado (la estepa es el primer “mundo” por oposición al medio forestal). Pero el rostro representa a su vez una desterritorialización mucho más intensa, incluso si es más lenta. Diríase que es una desterritorialización absoluta: deja de ser relativa, puesto que hace salir la cabeza del estrato de organismo, tanto humano como animal, para conectarla con otros estratos como los de significancia o subjetivadón. Ahora bien, el rostro tiene un correlato de una gran importancia, el paisaje, que no sólo es un medio, sino también un mundo desterritorializado. Múltiples son las correlaciones rostropaisaje, a ese nivel “superior”. La educación cristiana ejerce a la vez el control espiritual de la rostridad y de la paisajidad: componed tanto unos como otros, coloreadlos, completadlos, ordenadlos en una complementariedad que refleja paisajes y rostros 6. Los manuales de rostro y de paisaje forman una pedagogía, severa disciplina, que inspira a las artes en la misma medida en que ellas le inspiran a ella. La arquitectura sitúa sus conjuntos, casas, pueblos o ciudades, monumentos o fábricas, que funcionan como rostros, en un paisaje que ella transforma. La pintura repite el mismo movimiento, pero también lo invierte, situando un paisaje en función del rostro, tratando tanto uno como otro: “tratado del rostro y del paisaje”. El primer plano cinematográfico trata, fundamentalmente, el rostro como un paisaje, así se define, agujero negro y pared blanca, pantalla y cámara. Pero eso ya sucedía en las demás artes, en la arquitectura, en la pintura, e incluso en la novela: están animadas por primeros planos que inventan todas las correlaciones. Tu madre qué es, ¿un paisaje o un rostro? ¿Un rostro o una fábrica? (Godard). No hay rostro que no englobe un paisaje desconocido, inexplorado; no hay paisaje que no se pueble con un rostro amado o soñado, que no desarrolle un rostro futuro o ya pasado. ¿Qué rostro no ha convocado los paisajes que amalgamaba, el mar y la montaña, qué paisaje no ha evocado el rostro que lo habría completado, qué le habría proporcionado el complemento inesperado de sus líneas y de sus rasgos? Incluso cuando la pintura deviene abstracta, lo único que hace es volver a encontrar el agujero negro y la pared blanca, la gran composición de la tela blanca y de la hendidura negra. Desgarramiento, pero también estiramiento de la tela gracias a un eje de fuga, a un punto de fuga, a una diagonal, a unos navajazos, a una hendidura o a un agujero: la máquina ya está ahí presente, y siempre funciona produciendo rostros y paisajes, incluso los más abstractos. Tiziano empezaba pintando en blanco y negro, no para trazar contornos que habría que rellenar, sino como matriz de cada futuro color.
333Veamos ahora lo que ocurre en la novela. Perceval vio una bandada de ocas salvajes que la nieve había cegado (...). El halcón había encontrado una de ellas abandonada por el grupo. La atacó, chocó contra ella con tanta fuerza que cayó abatida (...). Perceval ve a sus pies la nieve en la que la oca se había posado y la sangre todavía reciente. Y se apoya en su lanza a fin de contemplar el aspecto de la sangre y de la nieve juntas. Ese color fresco le parece que es el del rostro de su amada. Olvida todo de tanto pensar en elloy pues así es como veía en el rostro de su


5 Klaatsch, “L’evolution du genre humain”, en L’Univers et l’humanité, por Kreomer, t. II: “En
vano hemos intentado encontrar una huella del ribete rojo de los labios en los jóvenes chimpan-
cés vivientes, que, por lo demás, se parecen tanto al hombre (...) ¿Qué aspecto tendría el más
gracioso rostro de muchacha si la boca apareciese únicamente entre dos bordes blancos? (...) Por
otro lado, la región pectoral, en el antropoide, tiene los dos mamelones de las glándulas mama-
rias, pero jamás se forman michelines de grasa comparables a los senos.” Y la fórmula de Emile
Devaux
, L’espéce, l'instinct, l’homme, ed. Le Frangois, pág. 264: “El hijo ha creado los senos de
la madre, y la madre ha creado los labios del hijo.”
6 Los ejercicios de rostro desempeñan un papel esencial en los principios pedagógicos de J.-B. de
la Salle. Ya Ignacio de Loyola había incorporado a su enseñanza ejercicios de paisaje o “compo-
siciones de lugar” relacionadas con la vida de Cristo, el infierno, el mundo, etc.: se trata, como
dice Barthes, de imágenes esqueléticas subordinadas a un lenguaje, pero también de esquemas
activos que hay que completar, colorear, los mismos que pueden verse en los catecismos y ma-
nuales piadosos.
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amada el carmín sobre el blanco, igual que las tres gotas de sangre aparecían sobre la nieve (...). Hemos visto un caballero que duerme de pie sobre su montura. Todo está ahí: la redundancia específica del rostro y del paisaje, la nivea pared blanca del paisaje-rostro, el agujero negro del halcón o de las tres gotas distribuidas sobre la pared; o bien, al mismo tiempo, la línea plateada del paisaje-rostro que va hacia el agujero negro del caballero, profunda catatonía. Pero también, a veces, en determinadas circunstancias, ¿no podrá el caballero impulsar el movimiento cada vez más lejos, atravesando el agujero negro, perforando la pared blanca, deshaciendo el rostro, incluso si la tentativa vuelve a caer en la situación inicial?7. Todo esto no señala en modo alguno un final del género novelesco, sino que está presente desde el principio y fórma esencialmente
parte de él. Es falso ver en Don Quijote el final de las novelas de caballería, alegando las alucinaciones, las fugas de ideas, los estados hipnóticos o catalépticos del héroe. Es falso ver en las novelas de Beckett el final de la novela en general, alegando los agujeros negros, la línea de desterritorializadón de los personajes, los paseos esquizofrénicos de Molloy o del Innombrable, su pérdida de nombre, de memoria o de proyecto. Evidentemente, existe una evolución de la novela, pero no consiste en eso. La novela no ha cesado de definirse por la aventura de personajes perdidos, que ya no saben su nombre, lo que buscan y lo que hacen, amnésicos, atáxicos, catatónicos. Ellos son los que marcan la diferencia entre el género novelesco y los géneros dramáticos o épicos (el héroe épico o dramático sufre sus ataques de Jocura, de olvido, etc., de otra forma). La princesa de Cléves es una novela precisamente por la razón que pareció paradójica a sus contemporáneos, los estados de ausencia o de “reposo”, los adormecimientos que padecen los personajes: siempre hay una educación cristiana en la novela. Molloy es el principio del género novelesco. Desde sus orígenes, con Chrétien de Troyes, por ejemplo, la novela cuenta ya con el personaje esencial que la acompañará a lo largo de toda su evolución: el caballero del roman courtois emplea el tiempo en olvidar su nombre, lo que hace, lo que le dicen, no sabe a dónde va ni a quién habla, no cesa de trazar una línea de desterritorialización absoluta, pero también de perder en ella su camino, de pararse y de caer en agujeros negros. “Espera caballería y aventura”. Abrid Chrétien de Troyes por cualquier página, siempre encontraréis un caballero catatònico sentado sobre su caballo, apoyado en su lanza, que espera, que ve en el paisaje el rostro de su amada, y al que hay que golpear para que responda. Lanzelot, ante el blanco rostro de la reina, no se da cuenta de que su caballo se hunde en el río; o bien monta en una carreta que pasa, y que no es otra que la carreta de la infamia. Hay un conjunto rostro-paisaje que pertenece a la novela, y en el que unas veces los agujeros negros se disribuyen sobre la pared blanca, y otras, la línea blanca del horizonte va hacia un agujero negro, y las dos cosas a la vez.


TEOREMAS DE DESTERRITORIALIZACIÓN O PROPOSICIONES MAQUÍNICAS


3331er teorema: Uno nunca se desterritorializa solo, como mínimo siempre hay dos términos, mano-objeto de uso, boca-seno, rostro-paisaje. Y cada uno de estos


7 Chrétien De Troyes, Perceval ou le román du Graal, Gallimard, Folio, págs. 110-111 (trad.
cast., ed. Espasa-Calpe, col. Austral). En la novela de Malcolm Lowry Ultramarine, Donóel,
págs. 182-196 (trad. cast., ed. Bruguera), encontramos una escena semejante, dominada por la
“maquinaria” del barco: un pichón se ahoga en el agua infestada de tiburones, “hoja roja caída
sobre un torrente blanco”, que evocará irresistiblemente un rostro ensangrentado. La escena de
Lowry está incluida en elementos tan diferentes, tan especialmente organizada, que no hay nin-
guna influencia, sino únicamente coincidencia con la escena de Chrétien de Troyes. Lo que con-
firma todavía más la existencia de una verdadera máquina abstracta agujero negro o mancha
roja-pared blanca (nieve o agua).
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dos términos se reterritorializa en el otro. Por tanto, no hay que confundir la reterritorialización con el retomo a una territorialidad primitiva o más antigua: la reterritorialización implica, forzosamente, un conjunto de artificios por los que un elemento, a su vez desterritorializado, sirve de nueva territorialidad al otro que también ha perdido la suya. De ahí todo un sistema de reterritorializaciones horizontales y complementarias, entre la mano y la herramienta, la boca y el seno, el rostro y el paisaje. —2º teorema: De dos elementos o movimiento de desterritorializadón, el más rápido no es forzosamente el más intenso o el más desterritorializado. No hay que confundir la intensidad de desterritorialización con la velocidad de movimiento o de desarrollo. Por tanto, el más rápido conecta su intensidad con la intensidad del más lento, la cual, en tanto que intensidad, no le sucede, sino que actúa simultáneamente sobre otro estrato o sobre otro plano. Así, la reladón seno-boca se orienta ya en función de un plano de rostridad. —3er teorema: Se puede, incluso, concluir que el menos desterritorializado se reterritorializa en el más desterritorializado. Se establece así un segundo sistema de reterritorializaciones, vertical, de abajo arriba. En ese sentido, no sólo la boca, sino el seno, la mano, el cuerpo en su totalidad, y hasta la herramienta, están “rostrificados”. Como regla general, las desterritorializaciones relativas (transcodificación) se reterritorializan en una desterritorialización absoluta en tal o cual aspecto (sobrecodificación). Ahora bien, hemos visto que la desterritorialización de la cabeza en rostro era absoluta, aunque siguiese siendo negativa, en la medida en que pasaba de un estrato a otro, del estrato de organismo a los de significancia o subjetivación. La mano, el seno se reterritorializan en el rostro, en el paisaje: están rostrificados y a la vez paisajizados. Incluso un objeto de uso será rostrificado: de una casa, de un utensilio o de un objeto, de una ropa, etc., diríase que me miran, y no porque se parezcan a un rostro, sino porque están atrapados en el proceso pared blancaagujero negro, porque se conectan con la máquina abstracta de rostrificación. El primer plano cinematográfico no sólo tiene por objeto un rostro o un elemento de rostro, sino también un cuchillo, una taza, un reloj, un hervidor; en Griffith, por ejemplo, el hervidor me mira. ¿No sería, pues, lógico decir que existen primeros planos de novela, como cuando Dickens escribe la primera frase del Grillo del hogar: “¿El hervidor comenzó...?” 8. Y de pintura, en la que una naturaleza muerta deviene interiormente un rostro-paisaje, en la que un utensilio, una taza sobre el mantel, una tetera, están rostrificados en Bonnard, en Vuillard. —4º teorema: La máquina abstracta no se efectúa, pues, únicamente, en rostros que produce, sino también, y en grados diversos, en partes del cuerpo, ropas, objetos que ella rostrifica según un orden de razones (no según una organizadón de semejanza).
333En efecto, la cuestión fundamental sigue siendo: ¿cuándo aparece la máquina abstracta de rostridad? ¿Cuándo se desencadena? Veamos unos ejemplos muy simples: el poder materno que pasa por el rostro de la madre en el curso del amamantamiento, el poder pasional que pasa por el rostro del amado, incluso en las caricias; el poder político que pasa por el rostro del jefe, banderolas, iconos y fotos, incluso en las acciones de masa; el poder del cine que pasa por el rostro de la estrella y por el primer plano; el poder de la tele... En todos estos casos, el rostro


8 Eisenstein, Film Form, Meridian Books, págs. 194-199: “La tetera fue la que empezó... La pri-
mera frase de Dickens en Le grillón du foyer (trad. cast., ed. Espasa-Calpe, col. Austral). ¿Puede
haber algo más extraño a las películas? Pero, por extraño que parezca, el cine también se pone a
hervir en este hervidor.(...) Desde el momento en que reconocemos en esa frase un primer plano
típico, exclamamos: evidentemente, es puro Griffith... Ese hervidor es un primer plano típica-
mente griffithiano. Un primer plano saturado de esa atmósfera a la Dickens con la que Griffith,
con una maestría sin igual, puede envolver la figura austera de la vida en Lejos al este, y la figura
moral helada de los personajes, que arrastraba a la culpable Ana sobre la superficie móvil de un
bloque de hielo que bascula” (aquí encontramos la pared blanca).

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no actúa como individual, la individuación es el resultado de la necesidad de que haya rostro. Lo que cuenta no es la individualidad del rostro, sino la eficacia del cifrado que permite realizar, y en qué casos. No es una cuestión de ideología, sino de economía y de organización de poder. Por supuesto, nosotros no decimos que el rostro, la potencia del rostro, engendre el poder y lo explique. Por el contrario, ciertos agenciamientos de poder tienen necesidad de producir rostro, otros no. Si consideramos las sociedades primitivas, vemos que en ellas pocas cosas pasan por el rostro: su semiótica es no significante, no subjetiva, esencialmente colectiva, polívoca y corporal, utilizando formas y sustancias de expresión muy diversas. La polivocidad pasa por los cuerpos, sus volúmenes, sus cavidades internas, sus conexiones y coordenadas externas variables (territorialidades). Un fragmento de semiótica manual, una secuencia manual se coordina sin subordinación ni unificación con una secuencia oral, cutánea, o rítmica, etc. Lizot muestra, por ejemplo, cómo en esas sociedades “la disociación entre el deber, el rito y la vida cotidiana es casi perfecta (...), extraña, inconcebible para nuestros espíritus”: en un comportamiento de duelo, mientras que unos dicen chistes obscenos, otros lloran; o bien un indio deja bruscamente de llorar y se pone a reparar su flauta; o bien todo el mundo se duerme9. Y lo mismo ocurre con el incesto: no hay prohibición del incesto, hay secuencias incestuosas que se conectan con secuencias de prohibición según tales o tales coordenadas. Las pinturas, los tatuajes, las marcas en la piel se adaptan a la multidimensionalidad de los cuerpos. Incluso las máscaras, más que realzar un rostro, aseguran la pertenencia de la cabeza al cuerpo. Sin duda, se producen profundos movimientos de desterritorialización, que trastocarán las coordenadas del cuerpo y esbozan agenciamientos particulares de poder, aunque, sin embargo, poniendo el cuerpo en conexión, no con la rostridad, sino con devenires animales, especialmente con la ayuda de drogas. Pero no hay realmente menos espiritualidad: pues los devenires animales se basan en un Espíritu animal, espíritujaguar, espíritu-pájaro, espíritu-ocelote, espíritu-tucán, que toman posesión del interior del cuerpo, penetran en sus cavidades, llenan volúmenes, en lugar de hacerle un rostro. Los casos de posesión expresan una relación directa de las Voces con el cuerpo, no con el rostro. Las organizaciones de poder del chamán, del guerrero, del cazador, frágiles y precarias, son tanto más espirituales cuanto que pasan por la corporeidad, la animalidad, la vegetabilidad. Cuando decíamos que la cabeza humana pertenece todavía al estrato de organismo, evidentemente no negábamos la existencia de una cultura y de una sociedad, tan sólo queríamos decir que los códigos de esas culturas y de esas sociedades se basan en los cuerpos, en la pertenencia de las cabezas a los cuerpos, en la capacidad del sistema cuerpo-cabeza para devenir, para recibir almas, recibirlas como amigas y rechazar las enemigas. Los “primitivos” pueden tener las cabezas más humanas, más bellas y más espirituales, pero no tienen rostro y no tienen necesidad de él.
333Y eso por una razón muy simple. El rostro no es universal. Ni siquiera es el del hombre blanco. El rostro es el propio Hombre blanco, con sus anchas mejillas blancas y el agujero negro de los ojos. El rostro es Cristo. El rostro es el Europeo tipo, ese que Ezra Pound llamaba el hombre sensual cualquiera, en resumen, el Erotómano ordinario (los psiquiatras del siglo XIX tenían razón cuando decían


9 Jacques Lizot, Le cercle des feux, ed. du Seuil, págs. 34 s.
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que la erotomanía, al contrario que la ninfomanía, a menudo, permanecía pura y casta; precisamente porque pasa por el rostro y la rostrificación). No universal, sino facies totius universi. Jesucristo superestar: inventa la rostrificación de todo el cuerpo y la transmite por todas partes (la Pasión de Juana de Arco, en primer plano). El rostro es, pues, una idea de una naturaleza muy particular, lo que no le impide haber adquirido y ejercido una función mucho más general. Una función de biunivocización, de binarización. Esa función presenta dos aspectos: la máquina abstracta de rostridad, tal como está compuesta por agujero negro-pared blanca, funciona de dos maneras una de las cuales concierne a las unidades o elementos, la otra a las opciones. Según el primer aspecto, el agujero negro actúa como un ordenador central, Cristo, tercer ojo, que se desplaza sobre la pared o la pantalla blanca como superficie general de referencia. Cualquiera que sea el contenido que se le dé, la máquina va a proceder a la constitución de una unidad de rostro, de un rostro elemental en relación biunívoca con otro: es un hombre o una mujer, un rico o un pobre, un adulto o un niño, un jefe o un subordinado, “un x o un y”. El desplazamiento del agujero negro sobre la pantalla, el recorrido del tercer ojo sobre la superficie de referencia constituye otras tantas dicotomías o arborescencias, como máquinas de cuatro ojos que son rostros elementales unidos de dos en dos. Rostro de maestra y de alumno, de padre y de hijo, de obrero y de patrón, de policía y de ciudadano, de acusado y de juez (“el juez tenía un aspecto severo, tenía la mirada perdida...”): los rostros concretos individuados se producen y se transforman en tomo a esas unidades, a esas combinaciones de unidades, como ese rostro de niño rico en el que ya se puede discernir la vocación militar, la nuca de cadete de Saint Cyr. Más que poseer un rostro, nos introducimos en él.
333Según el otro aspecto, la máquina abstracta de rostridad desempeña un papel de respuesta selectiva o de opción: dado un rostro concreto, la máquina juzga si pasa o no pasa, si se ajusta o no se ajusta, según las unidades de rostros elementales. La relación binaria es, en este caso, del tipo “si-no”. El ojo vacío del agujero negro absorbe o rechaza, como un déspota medio chocho sigue haciendo un signo de asentimiento o de rechazo. Tal rostro de maestra está lleno de tics y refleja una ansiedad que hace que “eso ya no funcione”. Un acusado, un subordinado, manifiestan una sumisión tan afectada que deviene insolencia. O bien: demasiado educado para ser honesto. Tal rostro no es ni el de un hombre ni el de una mujer. O también, no es ni un pobre ni un rico, ¿no será un desclasado que ha perdido su fortuna? La máquina rechaza continuamente los rostros inadecuados o los gestos equívocos. Pero sólo a tal nivel de elección. Pues sucesivamente habrá que producir variaciones-tipo de desviación para todo lo que escapa a las relaciones biunívocas, e instaurar relaciones binarias entre lo que es aceptado en una primera opción y lo que sólo es tolerado en una segunda, en una tercera, etc. La pared blanca no cesa de crecer, al mismo tiempo que el agujero negro funciona varias veces. La maestra se ha vuelto loca; pero la locura es un rostro adecuado de enésima opción (no la última, sin embargo, puesto que todavía hay rostros de locos que no se ajustan a la locura tal como se supone que debe ser). ¡Ah, no es ni un hombre ni una mujer, es un travestí!: la relación binaria se establece entre el “no” de la primera categoría y un “sí” de la categoría siguiente, que puede señalar tanto una toleran-
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cia bajo ciertas condiciones como indicar un enemigo al que hay que derrotar a cualquier precio. De todas formas te han reconocido, la máquina abstracta te ha inscrito en el conjunto de su cuadriculado. Vemos perfectamente que, en su nuevo papel de detección de las desviaciones, la máquina de rostridad no se contenta con casos individuales, sino que procede tan generalmente como en su primer papel de ordenar normalidades. Si el rostro es Cristo, es decir, el Hombre blanco medio-cualquiera, las primeras desviaciones, las primeras variaciones-tipo son raciales: hombre amarillo, hombre negro, hombres de segunda o tercera categoría. También ellos serán inscritos sobre la pared, distribuidos por el agujero. Deben ser cristianizados, es decir, rostrificados. El racismo europeo como pretensión del hombre blanco nunca ha procedido por exclusión, ni asignación de alguien designado como Otro: más bien sería en las sociedades primitivas donde se percibe al extranjero como “otro” 10. El racismo procede por determinación de las variaciones de desviación, en función del rostro Hombre blanco que pretende integrar en ondas cada vez más excéntricas y retrasadas los rasgos inadecuados, unas veces para tolerarlos en tal lugar y en tales condiciones, en tal ghetto, otras para borrarlos de la pared, que nunca soporta la alteridad (es un judío, es un árabe, es un negro, es un loco... etc). Desde el punto de vista del racismo, no hay exterior, no hay personas de afuera, sino únicamente personas que deberían ser como nosotros, y cuyo crimen es no serlo. El corte ya no pasa entre un adentro y un afuera, sino en el interior de las cadenas significantes simultáneas y de las opciones subjetivas sucesivas. El racismo jamás detecta las partículas de lo otro, propaga las ondas de lo mismo hasta la extinción de lo que no se deja identificar (o que sólo se deja identificar a partir de tal o tal variación). Su crueldad sólo es equiparable a su incompetencia o su ingenuidad.
333De una manera más libre, la pintura ha utilizado todos los recursos del Cristorostro. La máquina abstracta de rostridad, pared blanca-agujero negro, los ha utilizado en todos los sentidos para producir con el rostro de Cristo todas las unidades de rostro, pero también todas las variaciones de desviación. De la Edad Media al Renacimiento, se produce una gran exaltación en la pintura a este respecto, algo así como una libertad desenfrenada. Cristo no sólo preside la rostrificación de todo el cuerpo (su propio cuerpo), la paisajización de todos los medios (sus propios medios), sino que compone todos los rostros elementales, y utiliza todas las variaciones: Cristo contorsionista, Cristo manierista homosexual, Cristo negro, o cuando menos Virgen negra fuera de la pared. A través del código católico, el lienzo se puebla de las mayores locuras. Pongamos un único ejemplo entre otros muchos: sobre fondo blanco de paisaje, y agujero azul-negro del cielo, Cristo Crucificado, devenido máquina cometa, envía mediante rayos estigmas a San Francisco; los estigmas efectúan la rostrificación del cuerpo del santo, a imagen del de Cristo; pero también los rayos que aportan los estigmas al santo son los hilos mediante los cuales éste mueve el cometa divino. Bajo el signo de la cruz se ha logrado pulverizar el rostro en todos los sentidos, y los procesos de rostrificación.
333La teoría de la información parte de un conjunto homogéneo de mensajes significantes, construidos de antemano, que ya están incluidos como elementos en relaciones biunívocas, o cuyos elementos están organizados de un mensaje al otro


10 Sobre la captación del extranjero como Otro, cf. Haudricourt, “L’origine des clones et des clans”,
en L'Homme, enero 1964, págs 98-102. Y Jaulin, Gens du soi, gens de
l’autre
, 10-18 (prefacio, pág. 20).
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según esas relaciones. En segundo lugar, el logro de una combinación depende de un cierto número de opciones binarias subjetivas que aumentan proporcionalmente al número de elementos. Ahora bien, la cuestión es la siguiente: toda esta biunivocización, toda esta binarización (que no sólo depende, como se suele decir, de una mayor facilidad para el cálculo) suponen ya el despliegue de una pared o de una pantalla, la instalación de un agujero central ordenador, sin los cuales ningún mensaje sería discemible, ninguna opción efectuable. Ya es necesario que el sistema agujero negro-pared blanca cuadricule todo el espacio, dibuje sus arborescencias o sus dicotomías, para que el significante y la subjetividad puedan tan sólo hacer concebible la posibilidad de las suyas. La semiótica mixta de significancia y de subjetivación tiene una especial necesidad de ser protegida contra cualquier intrusión del afuera. Incluso es necesario que ya no haya exterior: ninguna máquina nómada, ninguna polivocidad primitiva debe surgir, con sus combinaciones de sustancias de expresión heterogéneas. Se necesita una sola sustancia de expresión como condición de toda traducibilidad. Sólo se pueden constituir cadenas significantes que proceden por elementos discretos, digitalizados, desterritorializados, si se dispone de una pantalla semiológica, de una pared que las proteja. Sólo se pueden realizar opciones subjetivas entre dos cadenas o en cada punto de una cadena si no existe ninguna tempestad exterior que arrastre las cadenas y los objetos. Sólo se puede formar una trama de subjetividades si se posee un ojo central, agujero negro que captura todo lo que exceda, todo lo que transforme tanto los afectos asignados cornos las significaciones dominantes. Es más, es absurdo pensar que el lenguaje como tal pueda vehicular un mensaje. Una lengua siempre está atrapada en rostros que anuncian sus enunciados, que los lastran respecto a los significantes dominantes y a los sujetos concernidos. Las opciones se guian y los elementos se organizan por los rostros: la gramática común es inseparable de una educación de los rostros. El rostro es un verdadero porta-voz. Así pues, no sólo la máquina abstracta de rostridad debe proporcionar una pantalla protectora o un agujero negro ordenador, sino que los rostros que ella produce trazan todo tipo de arborescencias y de dicotomías, sin las cuales el significante y lo subjetivo no podrían hacer funcionar aquellas que les corresponden en el lenguaje. Indudablemente, las binaridades y biunivocidades de rostro no son las mismas que las del lenguaje, de sus elementos y de sus sujetos. No se parecen en nada. Pero las primeras sirven de base a las segundas. En efecto, al traducir contenidos formados cualesquiera en una sola sustancia de expresión, la máquina de rostridad los somete ya a la forma exclusiva de expresión significante y subjetiva. Procede a la cuadriculación previa que hace posible el discernimiento de elementos significantes, la efectuación de opciones subjetivas. La máquina de rostridad no es un anexo del significante y del sujeto, más bien es conexa a ellos, y condicionante: las biunivocidades, las binaridades de rostro refuerzan las otras, las redundancias de rostro hacen redundancia con las redundancias significantes y subjetivas. Precisamente porque depende de una máquina abstracta, el rostro no supone ni un sujeto ni un significante déjà là, sino que es conexo a ellos, y les proporciona la sustancia necesaria. Un sujeto no elige rostros, como en el test de Szondi, son los rostros los que eligen sus sujetos. Un significante no interpreta la figura mancha negra-agujero blanco, o página

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blanca-agujero negro, como en el test de Rorschach, es esa figura la que programa los significantes.
333Hemos avanzado en la cuestión: ¿qué es lo que desencadena la máquina abstracta de rostridad, puesto que no se ejerce siempre ni en todas las formaciones sociales? Ciertas formaciones sociales tienen necesidad de rostro, y también de paisaje11. Es muy complicado. En diferentes épocas, se ha producido un derrumbamiento generalizado de todas las semióticas primitivas, polívocas, heterogéneas, que utilizan sustancias y formas de expresión muy diversas, en beneficio de una semiótica de significancia y de subjetivación. Cualesquiera que sean las diferencias entre la significancia y la subjetivación, cualquiera que sea el predominio de una o de otra en tal o tal caso, cualesquiera que sean las figuras variables de su combinación, de hecho, las dos tienen en común el destruir toda polivocidad, el erigir el lenguaje como forma de expresión exclusiva, el proceder por biunivocización significante y por binarización subjetiva. La sobrelinealidad propia del lenguaje deja de estar coordinada con figuras multidimensionales: aplana ahora todos los volúmenes, se atribuye todas las líneas. ¿Acaso es un azar si la lingüística encuentra siempre, y muy rápido, el problema de la homonimia o de los enunciados ambiguos que va a tratar mediante un conjunto de reducciones binarias? Más generalmente, ninguna polivocidad, ningún rasgo rizomático pueden ser soportados: un niño que corre, que juega, que baila, que dibuja, no puede concentrar su atención en el lenguaje y la escritura, ni tampoco será nunca un buen sujeto. En resúmen, la nueva semiótica tiene necesidad de destruir sistemáticamente toda la multiplicidad de las semióticas primitivas, incluso si conserva restos de ellas en enclaves bien determinados.
333No obstante, las semióticas no se hacen así la guerra, exclusivamente con sus armas. Agenciamientos de poder muy específicos imponen la significancia y la subjetivación como su forma de expresión determinada, en presuposición recíproca con nuevos contenidos: no hay significancia sin un agenciamiento despótico, no hay subjetivación sin un agenciamiento autoritario, no hay combinación de las dos sin agenciamientos de poder que actúan, precisamente, mediante significantes, y se ejercen sobre almas o sujetos. Pues bien, estos agenciamientos de poder, estas formaciones despóticas o autoritarias son las que proporcionan a la nueva semiótica los medios para ejercer su imperialismo, es decir, los medios para destruir a las demás y, a la vez, protegerse contra cualquier amenaza procedente del afuera. Se trata de una abolición premeditada del cuerpo y de las coordenadas corporales por las que pasaban las semióticas polívocas o multidimensionales. Se disciplinarán los cuerpos, se deshará la corporeidad, se eliminarán los devenires animales, se llevará la desterritorialización hasta un nuevo umbral, puesto que se saltará de los estratos orgánicos a los estratos de significancia y de subjetivación. Se producirá una sola sustancia de expresión. Se construirá el sistema pared blanca-agujero negro, o más bien se desencadenará esa máquina abstracta que debe precisamente permitir y garantizar tanto la omnipotencia del significante como la autonomía del sujeto. Os clavarán en la pared blanca, os hundirán en el agujero negro. Esa máquina se denomina máquina de rostridad, puesto que es producción social de rostro, puesto que efectúa una rostrificación de todo el cuerpo, de sus entornos y


11 Maurice Ronai demuestra cómo el paisaje, tanto en su realidad como en su noción, remite a una
semiótica y a aparatos de poder muy particulares: la geografía encuentra ahí una de sus fuentes,
pero también una de las razones de su dependencia política (el paisaje como “rostro de la patria
o de la nación”). Cf. “Paysages”, en Herodote n.º 1, enero 1976.
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de sus objetos, una paisajización de todos los mundos y medios. La desterritorialización del cuerpo implica una reterritorialización en el rostro; la descodificación del cuerpo implica una sobrecodificación por el rostro; el desmoronamiento de las coordenadas corporales o de los medios implica una constitución de paisaje. La semiótica del significante y de lo subjetivo nunca pasa por los cuerpos. Es completamente absurdo pretender poner en relación el significante con el cuerpo. A menos que sea con un cuerpo ya totalmente rostrificado. La diferencia entre nuestros uniformes y ropas por un lado, y las pinturas y vestimentas primitivas por otro, radica en que los primeros efectúan una rostrificación del cuerpo, con el agujero negro de los botones y la pared blanca de la tela. Incluso la máscara encuentra aquí una nueva función, justo la contraria de la precedente. Pues la máscara no tiene ninguna función unitaria, salvo negativa (la máscara nunca sirve para disimular, para ocultar, ni siquiera cuando muestra o revela). La máscara, o bien asegura la pertenencia de la cabeza al cuerpo y su devenir animal, como en las semióticas primitivas, o bien, por el contrario, como ahora, asegura la constitución, la revalorización del rostro, la rostrificación de la cabeza y del cuerpo: la máscara es, pues, el rostro en sí mismo, la abstracción o la operación del rostro. Inhumanidad del rostro. El rostro nunca supone un significante o un sujeto previos. El orden es completamente diferente: agenciamiento concreto de poder despótico y autoritario → desencadenamiento de la máquina abstracta de rostridad, pared blanca-agujero negro → establecimiento de la nueva semiótica de significancia y de subjetivación, en esa superficie agujereada. Por eso nosotros no hemos dejado de considerar dos problemas exclusivamente: la relación del rostro con la máquina abstracta que lo produce; la relación del rostro con los agenciamientos de poder que tienen necesidad de esa producción social. El rostro es una política.
333Por supuesto, con anterioridad ya hemos visto que la significancia y la subjetivación eran unas semióticas totalmente distintas por derecho, con su régimen diferente (irradiación circular, linealidad segmentaria), con su aparato de poder diferente (la esclavitud generalizada despótica, el contrato-proceso autoritario). Y ninguna de las dos comienza con Cristo, con el Hombre blanco como universal cristiano: hay formaciones despóticas de significancia asiáticas, negras o indias; el proceso autoritario de subjetivación aparece en su forma más pura en el destino del pueblo judío. Pero, cualquiera que sea la diferencia entre estas semióticas, no por ello dejan de formar un compuesto de hecho; y precisamente al nivel de ese compuesto ejercen su imperialismo, es decir, su pretensión común de aplastar todas las demás semióticas. No hay significancia que no implique un germen de subjetividad; no hay subjetivación que no suponga restos de significante. Si el significante rebota preferentemente sobre una pared, si la subjetividad va preferentemente hacia un agujero, hay que decir que la pared del significante ya implica agujeros negros, y que el agujero negro de la subjetividad todavía incluye jirones de pared: el compuesto está, pues, bien fundado en la máquina indisociable pared blanca-agujero negro, y las dos semióticas no cesan de mezclarse por entrecruzamiento, intersección, conexión de la una con la otra, como entre “el hebreo y el faraón”. Pero aún hay más, puesto que la naturaleza de las mezclas puede ser muy variable. Si es posible fechar la máquina de rostridad, asignándole el año cero de
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Cristo y el desarrollo histórico del Hombre blanco, es porque la mezcla deja entonces de ser una intersección o un entrecruzamiento para devenir una penetración completa en la que cada elemento impregna al otro, como gotas de vino tinto en agua clara. Nuestra semiótica de Hombres blancos modernos, la misma del capitalismo, ha alcanzado ese estado de mezcla en el que la significancia y la subjetivación se extienden efectivamente la una a través de la otra. Ahí es donde la rostridad, o el sistema pared blanca-agujero negro, adquiere toda su extensión. No obstante, debemos distinguir los estados de mezcla, y la proporción variable de los elementos. En la etapa cristiana, pero también en las etapas precristianas, un elemento puede predominar sobre el otro, ser más o menos poderoso. Nos vemos, pues, obligados a definir rostros-límites, que no se confunden con las unidades de rostro ni con las variaciones de rostro definidas precedentemente.
333I. Aquí, el agujero negro está sobre la pared blanca. Pero no forman unidad, puesto que el agujero negro no cesa de desplazarse sobre la pared, y procede por binarización. Dos agujeros negros, cuatro agujeros negros, n agujeros se distribuyen como ojos. La rostridad siempre es una multiplicidad. El paisaje se poblará de ojos o de agujeros negros, como en un cuadro de Emst, como en un dibujo de Aloise o de Wólfli. Sobre la pared blanca, se inscriben círculos que bordean un agujero: allí donde hay un círculo, se puede poner un ojo. Incluso se puede establecer como ley: cuanto más bordeado esté un agujero, más el efecto del borde consistirá en aumentar la superficie sobre la que se desplaza, y porporcionar a esa superficie una fuerza de captura. El caso más puro quizá aparezca en los cilindros populares etíopes que representan demonios: dos agujeros negros en la superficie blanca del pergamino, o del rostro rectangular o redondo que se dibuja en él; pero esos agujeros negros se dispersan y se reproducen, entran en redundancia, y cada vez que se rodea un círculo secundario, se constituye un nuevo agujero negro, se pone en él un ojo 12. Efecto de captura de una superficie que se cierra a medida que es agrandada. Es el rostro despótico significante, y su multiplicación específica, su proliferación, su redundancia de frecuencia. Multiplicación de ojos. El déspota o sus representantes están por todas partes. Es el rostro visto de frente, visto por un sujeto que, en la medida en que no está atrapado por los agujeros negros, ve menos. Es una figura del destino, el destino terrestre, el destino significante objetivo. El primer plano cinematográfico conoce bien esta figura: primer-plano Griffith, de un rostro, un elemento de rostro o un objeto rostrificado que adquieren entonces un valor temporal anticipador (las agujas del reloj anuncian algo).
333II. Allí, por el contrario, la pared blanca se ha afilado, hilo de plata que va hacia el agujero negro. Un agujero negro que “aglomera” todos los agujeros negros, todos los ojos, todos los rostros, al mismo tiempo que el paisaje es un hilo que se enrolla por su extremidad final alrededor del agujero. Sigue siendo una multiplicidad, pero es otra figura del destino, el destino subjetivo, pasional, reflexivo. Es el rostro o el paisaje marítimo: sigue la línea que separa el cielo y las aguas, o la tierra y las aguas. Este rostro autoritario está de perfil, y va hacia el agujero negro. 0 bien dos rostros frente a frente, pero de perfil para el observador, y cuya unión ya está marcada por una separación ilimitada. O bien los rostros que se desvían bajo


12 Cf. Jacques Mercier, Rouleaux magiques éthiopiens, ed. du Seuil. Y “Les peintures des rouleaux
protecteurs éthiopiens”, Journal of Ethiopian Studies, XII, julio 1974; “Etude stylistique des
peintures de rouleaux protecteurs éthiopiens”, Objets et mondes, XIV, verano 1974 (“El ojo
equivale al rostro, que a su vez equivale al cuerpo. (...) En los espacios internos están disemina-
das pupilas. (...) Por eso hay que hablar de direcciones de sentidos mágicos a base de ojos y de
rostros, utilizándose en los motivos decorativos tradicionales tales como cruceros, dameros, es-
trellas de cuatro puntas, etc.”). El poder del Negús, con su ascendencia salomónica, con su corte
de magos, pasaba por unos ojos de brasa que actúa como agujero negro, ángel o demonio. El
conjunto de los estudios de J. Mercier forman una aportación esencial para cualquier análisis de
las funciones del rostro.
Imagen
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la traición que los arrastra. Tristán, Isolda, Isolda, Tristán, en la barca que los lleva hacia el agujero negro de la traición y de la muerte. Rostridad de la conciencia y de la pasión, redundancia de resonancia o acoplamiento. En este caso, el efecto del primer plano ya no es el de aumentar una superficie que al mismo tiempo cierra, su función ya no es la de un valor temporal anticipador. Señala el origen de una escala de intensidad, o forma parte de ella, altera la línea que siguen los rostros, a medida que se acercan al agujero negro como terminación: primer plano Eisenstein frente a primer plano Griffith (la creciente intensidad de la pena o de la cólera en los primeros planos del Acorazado Potemkin ) 13. También en este caso, vemos perfectamente que entre las dos figuras-límites del rostro todas las combinaciones son posibles. En la Lulú de Pabst,el rostro despótico de una Lulú caída en desgracia se conecta con la imagen del cuchillo de cocina, imagen anticipadora que anuncia el crimen; pero también el rostro autoritario de Jack el Destripador pasa por toda una escala de intensidades que lo conduce al cuchillo y al asesinato de Lulú.
333Desde un punto de vista más general, habría que señalar algunos caracteres comunes a esas dos figuras-límites. Por un lado, la pared blanca, las anchas mejillas blancas por más que se esfuerzan en ser el elemento sustancial del significante, y el agujero negro, los ojos, el elemento reflejo de la subjetividad, siempre van unidos, pero bajo dos modos en los que, unas veces, unos agujeros negros se distribuyen y se multiplican sobre la pared blanca, otras, por el contrario, la pared, reducida a su cresta o a su línea de horizonte, se precipita hacia el agujero negro que los aglomera a todos. No hay pared sin agujeros negros, no hay agujeros sin pared blanca. Por otro lado, tanto en un caso como en otro, el agujero negro está esencialmente bordeado, e incluso sobrebordeado; el efecto del borde es, o bien aumentar la superficie de la pared, o bien hacer más intensa la línea; y el agujero negro nunca está en los ojos (pupila), siempre está en el interior del borde, y los ojos siempre están en el interior del agujero: ojos muertos, que ven tanto mejor cuanto que están en el agujero negro 14. Estos caracteres comunes no impiden la diferencia-límite entre las dos figuras de rostro, y las proporciones según las cuales, unas veces una, otras veces otra prevalecen en la semiótica mixta —el rostro despótico significante terrestre, el rostro autoritario pasional y subjetivo marítimo (el desierto también puede ser el mar de la tierra). Dos figuras del destino, dos estados de la máquina de rostridad. Jean París ha mostrado con toda claridad el funcionamiento de esos polos en la pintura, del Cristo despótico al Cristo pasional: por un lado, el rostro de Cristo visto de frente, como en un mosaico bizantino, con el agujero negro de los ojos sobre fondo de oro, estando toda la profundidad proyectada hacia adelante; por otro, los rostros que se cruzan y se desvían, de tres cuartos o de perfil, como en un cuadro del Quattrocento, con miradas oblicuas que trazan líneas múltiples, que integran la profundidad en el propio cuadro (se pueden poner ejemplos arbitrarios de transición y de combinación: La llamada de los Apóstoles, de Duccio, sobre paisaje acuático, en el que la segunda fórmula prevalece ya en Cristo y en el primer pescador, mientras que el segundo pescador pertenece aún al código bizantino 15.
333Un amor de Swann: Proust ha sabido hacer resonar rostro, paisaje, pintura,

-
13 Sobre la manera en que Eisenstein distingue su concepción del primer plano de la de Griffith, cf.
Film Form.
14 Es un tema muy corriente en las novelas de terror y en las de ciencia-ficción: los ojos están en el
agujero negro, y no a la inversa (“veo un disco luminoso emerger de ese agujero negro, diríase
que son unos ojos”). Los cómics, por ejemplo Circus n.° 2, presentan un agujero negro poblado
de rostros y de ojos, y la travesía de ese agujero negro. Sobre la relación de los ojos con los
agujeros y las paredes, cf. los textos y dibujos de J. L. Parant, especialmente Les yeux MMDVI, Ch. Bourgois.
15 Cf. Los análisis de Jean París, L 'espace et le regarD, ed. du Seuil, I, cap. I (trad, cast. ed. Taurus),
(igualmente, la evolución de la Virgen y la variación de las relaciones de su rostro con el del
niño Jesús: II, cap. II).
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música, etc. Tres momentos en la historia de Swann-Odette. En un primer momento, se establece todo un dispositivo significante. Rostro de Odette con anchas mejillas blancas o amarillas, y ojos como agujeros negros. Pero ese mismo rostro no cesa de remitir a otras cosas, igualmente dispuestas sobre la pared. Ese es el esteticismo, el diletantismo de Swann: una cosa siempre debe recordarle otra, en una cadena de interpretaciones bajo el signo del significante. Un rostro remite a un paisaje. Un rostro debe “recordarle” un cuadro, un fragmento de cuadro. Una música debe dejar escapar una frasecilla que se conecta con el rostro de Odette, hasta el punto de que la frasecilla ya sólo es una señal. La pared blanca se puebla, los agujeros negros se distribuyen. Todo este dispositivo de significancia, en una cascada de interpretaciones, prepara el segundo momento, subjetivo-pasional, en el que los celos, la litigancia, la erotomania de Swann van a desarrollarse. Ahora el rostro de Odette se escapa siguiendo una línea que se precipita hacia un único agujero negro, el de la pasión de Swann. También las otras líneas, de paisajidad, de picturalidad, de musicalidad, se precipitan hacia ese agujero catatònico y se enrollan alrededor de él, bordeándolo varias veces.
333Al final de su larga pasión, y es el tercer momento, Swann va a una recepción en la que lo primero que ve es el rostro de los criados y de los invitados deshacerse en rasgos estéticos autónomos: como si la línea de picturalidad recobrara una independencia del otro lado de la pared y, a la vez, fuera del agujero negro. A continuación es la frasecilla de Vinteuil la que recobra su transcendencia y enlaza con una línea de musicalidad pura aún más intensa, asignificante, asubjetiva. Y Swann sabe que ya no ama a Odette, y, sobre todo, sabe que Odette ya nunca más le amará a él. ¿Era necesaria ese redención por el arte, puesto que Swann, al igual que Proust, no será salvado? ¿Era necesaria esa manera de traspasar la pared o de salir del agujero, renunciando al amor? ¿No estaba ese amor corrompido desde el principio, hecho de significancia y de celos? Teniendo en cuenta la mediocridad de Odette y del Swann esteta, ¿acaso era posible otra cosa? Y la magdalena, de alguna manera, es la misma historia. El narrador mastica su magdalena: redundancia, agujero negro del recuerdo involuntario. ¿Cómo podrá salir de esa situación? Pues, fundamentalmente, es algo de lo que hay que salir, de lo que hay que escapar. Proust lo sabe perfectamente, aunque sus comentaristas lo hayan olvidado. Pero él saldrá gracias al arte, sólo gracias al arte.
333¿Cómo salir del agujero negro? ¿Cómo traspasar la pared? ¿Cómo deshacer el rostro? Cualquiera que sea el genio de la novela francesa, ese no es su problema. Está demasiado ocupada en medir la pared, o incluso en construirla, en explorar los agujeros negros, en componer los rostros. La novela francesa es profundamente pesimista, idealista, “crítica de la vida más bien que creadora de la vida”. Hunde a sus personajes en el agujero, les hace rebotar sobre la pared. No concibe más viajes que los organizados, ni más redención que la que proporciona el arte. Pero esa redención todavía es católica, es decir, para la eternidad. En lugar de trazar líneas de fuga activas o de desterritorialización positiva, emplea el tiempo en puntualizaciones. La novela angloamericana es totalmente distinta. “Partir, partir, evadirse... atravesar el horizonte” 16. De Thomas Hardy a Lawrence, de Melville a Miller resuena la misma pregunta, atravesar, salir, traspasar, trazar la línea y no


16 D.H. Lawrence, Etudes sur la littérature classique américaine, ed. du Seuil, “Hermann Melville
ou l’impossible retour” (trad. cast. ed. Emecé): el texto de Lawrence empieza por una hermosa
distinción entre los ojos terrestres y los ojos marítimos.
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señalar el punto. Encontrar la línea de separación, seguirla o crearla, hasta la traición. Por eso tienen con el viaje, con la manera de viajar, con otras civilizaciones, Oriente, América del Sur, y también con la droga, con los viajes in situ, una relación totalmente distinta que los franceses. Saben hasta que punto es difícil salir del agujero negro de la subjetividad, de la conciencia y de la memoria, de la pareja y de la conyugalidad. Cómo uno está tentado a dejarse atrapar, y a abandonarse, a aferrarse a un rostro... “Encerrada en ese agujero negro (...) ella extraía de él una especie de fosforescencia cobriza, líquida (...) las palabras salían de su boca como lava, todo su cuerpo se tensaba como una especie de garra voraz que busca un asidero, un punto sólido y sustancial en el que agarrarse, un refugio en el que alojarse y reposar un instante (...). Primero pensé que eso era la pasión, el éxtasis (...), pensé que había descubierto un volcán viviente, no se me ocurrió pensar que pudiese ser un navio naufragando en un océano de desesperación, en los Sargazos de la debilidad y de la impotencia. Hoy, cuando pienso en ese astro negro que irradiaba por el agujero en el techo, en ese astro fijo que pendía sobre nuestra célula conyugal, más fijo, más distante que el Absoluto, sé que era ella, vaciada de todo aquello que, hablando con propiedad, la hacía ser ella misma, sol negro y muerte, sin forma”17. Fosforescencia cobriza como el rostro en el fondo de un agujero negro. Lo importante es salir de él, no en arte, es decir, en espíritu, sino en vida, en vida real. No me privéis de la fuerza de amar. Los novelistas angloamericanos también saben lo difícil que es traspasar la pared del significante. Muchos lo han intentado desde Cristo, empezando por el mismo Cristo. Pero hasta Cristo ha fracasado en la travesía, en el salto, ha rebotado sobre la pared, y “como un resorte que retrocede bruscamente, toda la suciedad de la onda negativa refluyó, todo el impulso negativo de la humanidad pareció condensarse en una masa inerte y monstruosa para dar nacimiento al tipo de número entero humano, la cifra uno, la indivisible unidad” —el Rostro18. Pasar la pared, quizá lo hayan conseguido los chinos, pero ¿a qué precio? Al precio de un devenir-animal, de un devenir-flor o roca, y, todavía más, de un extraño devenir- imperceptible, de un devenir-duro que es inseparable de amar19. Es una cuestión de velocidad, incluso in situ. ¿No es eso también deshacer el rostro, o como decía Miller, ya no mirar a los ojos ni mirarse en los ojos, sino atravesarlos a nado, cerrar los ojos y convertir el propio cuerpo en un rayo de luz que se mueve a una velocidad cada vez mayor? Por supuesto, se necesitan todos los recursos del arte, y del arte más elevado. Se necesita toda una línea de escritura, toda una línea de picturalidad, toda una línea de musicalidad... Pues gracias a la escritura se deviene animal, gracias al color se deviene imperceptible, gracias a la música se deviene duro y sin recuerdos, a la vez animal e imperceptible: amoroso. Pero el arte nunca es un fin, sólo es un instrumento para trazar líneas de vida, es decir, todos esos devenires reales, que no se producen simplemente en el arte, todas esas fugas activas, que no consisten en huir en el arte, en refugiarse en el arte, todas esas desterritorializaciones positivas, que no van a reterritorializarse en el arte, sino más bien arrastrarlo con ellas hacia el terreno de lo asignificante, de lo asubjetivo y de lo sin-rostro.
333Deshacer el rostro no es nada sencillo. Se puede caer en la locura. ¿Acaso es un azar que el esquizofrénico pierda al mismo tiempo el sentido del rostro, de su


17 Henry Miller, Tropique du Capricorne, pág. 345 (trad. cast. ed. Bruguera).
18 Ibid., pág. 95.
19 Ibid., pág. 96.
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propio rostro y del de los demás, el sentido del paisaje y el sentido del lenguaje y de sus significaciones dominantes? La organización del rostro es muy sólida. Se puede decir que el rostro incluye en su rectángulo o en su círculo todo un conjunto de rasgos, rasgos de rostridad que va a englobar y poner al servicio de la significancia y de la subjetivación. ¿Qué es un tic? Es, precisamente, la lucha siempre reanudada entre un rasgo de rostridad que intenta escapar a la organización soberana del rostro, y el propio rostro que se cierra de nuevo sobre ese rasgo, lo recupera, le bloquea su línea de fuga, le reimpone su organización. (En la distinción médica entre el tic clónico o convulsivo, y el tic tónico o espasmódico, quizá habría que ver, en el primer caso, el predominio del rasgo de rostridad que intenta huir, y en el segundo, el de la organización de rostro que trata de volver a cerrar, de inmovilizar). No obstante, si deshacer el rostro es algo muy importante se debe, precisamente, a que no es una simple historia de tics ni una aventura de diletante o de esteta. Si el rostro es una política, deshacer el rostro también es otra política, que provoca los devenires reales, todo un devenir clandestino. Deshacer el rostro es lo mismo que traspasar la pared del significante, salir del agujero negro de la subjetividad. El programa, el slogan del esquizoanálisis deviene ahora: buscad vuestros agujeros negros y vuestras paredes blancas, conocedlos, conoced vuestros rostros, esa es la única forma de deshacerlos, de trazar vuestras líneas de fuga20.
333Y, es que, una vez más, debemos multiplicar la prudencia práctica. En primer lugar, no se trata de un retomo a... No se trata de “volver” a las semióticas presignificantes o presubjetivas de los primitivos. Fracasaremos siempre intentando hacer el negro o el indio, incluso el chino, y un viaje a los Mares del Sur, por duras que sean las condiciones, no nos permitirá franquear la pared, salir del agujero o perder el rostro. Jamás podremos rehacer una cabeza y un cuerpo primitivos, una cabeza humana, espiritual y sin rostro. Al contrario, de esa manera sólo lograremos rehacer fotos, rebotar sobre la pared, siempre aparecerán reterritorializaciones, ¡oh, mi pequeña isla desierta en la que de pronto aparece la Closerie de Lilas!, ¡oh, mi océano profundo que refleja el lago del bosque de Boulogne!, ¡oh, la frasecilla de Vinteuil que me recuerda un dulce momento! Ejercicios físicos y espirituales de Oriente, pero que se hacen en pareja, como el que recubre un lecho conyugal con una colcha china: ¿ya has hecho hoy tu ejercicio? Lawrence sólo critica a Melville por una cosa: haber sabido atravesar el rostro, los ojos y el horizonte, la pared y el agujero, como nadie lo había hecho, pero a la vez haber confundido esa travesía, esa línea creadora con un “imposible retorno”, retorno a los salvajes en Taipi: en una palabra, una manera de seguir siendo artista y de odiar la vida, una manera infalible de alimentar la nostalgia del país natal (“Melville tenía nostalgia de su Casa y de su Madre, de todo aquello de lo que había huido lo más lejos que pudo transportarle un barco (...). Regresó a puerto para afrontar su larga existencia (...). Rechazó la vida (...). Se aferró a su ideal de unión perfecta, de amor absoluto, cuando en realidad, una unión verdaderamente perfecta es aquella en la que uno acepta que en el otro existan grandes espacios desconocidos (...). En el fondo, Melville era un místico y un ideaüsta. Se aferró a sus armas ideales. Yo abandono las mías, y digo: ¡qué se pudran las viejas armas! Haced otras nuevas, y apuntad bien”)21.


20 L'Analyse caractérielle de Reich (Payot) (trad. cast. ed. Paidós) considera el rostro y los rasgos
de rostridad como una de las primeras piezas de la “coraza” caracterial y de las resistencias del
yo (cf. “el anillo ocular”, luego el “anillo oral”). La organización de esos anillos se hace en
planos perpendiculares a la “corriente orgonótica”, y se opone al libre movimiento de esa
corriente entodo el cuerpo. De ahí la importancia de eliminar la coraza o de “resolver los
anillos”. Cf. págs. 311 s.
21 D.H. Lawrence, Ibid.
AÑO CERO - ROSTRIDAD 193
333No podemos dar marcha atrás. Sólo los neuróticos, o, como dice Lawrence, los “renegados”, los tramposos, intentan una regresión. Pues la pared blanca del significante, el agujero negro de la subjetividad, la máquina de rostro son claramente callejones sin salida, la medida de nuestras sumisiones, de nuestras sujeciones; pero en medio de todo eso hemos nacido, y con ello debemos debatirnos. No en el sentido de un momento necesario, sino en el sentido de un instrumento para el que hay que inventar un uso nuevo. Sólo a través de la pared del significante podremos hacer pasar las líneas de asignificancia que anulan todo recuerdo, toda referencia, toda posible significación y toda posible interpretación previa. Sólo en el agujero negro de la conciencia y de la pasión subjetivas podremos descubrir las partículas capturadas, alteradas, transformadas que hay que relanzar para un amor vivo, no subjetivo, en el que cada uno se conecta con los espacios desconocidos del otro sin entrar en ellos ni conquistarlos, en el que las líneas se componen como líneas quebradas. Sólo en el seno del rostro, del fondo de su agujero negro y sobre su pared blanca, podremos liberar los rasgos de rostridad, como pájaros; no volver a una cabeza primitiva, sino inventar las combinaciones en las que esos rasgos se conectan con rasgos de paisajidad, a su vez liberados del paisaje, con rasgos de picturalidad, de musicalidad, a su vez liberados de sus códigos respectivos. Con qué alegría, que no sólo era la de un deseo de pintar, sino la de todos los deseos, han utilizado el rostro los pintores, incluso el de Cristo, en todos los sentidos y en todas las direcciones. Y el caballero del roman courtois, ¿quién puede decir si su catatonía es debida a que está en el fondo del agujero negro, o a que cabalga ya las partículas que le hacen salir para un nuevo viaje? Lawrence, que fue comparado con Lancelot, escribe: “Estar solo, sin espíritu, sin memoria, cerca del mar. (...) Tan solo y ausente y presente como un indígena, oscura sombra en la arena dorada. (...) Lejos, muy lejos, como si hubiese tocado tierra en otro planeta, como un hombre que pisa tierra firme después de la muerte. (...) ¿El paisaje? Se burlaba del paisaje. (...) ¿La humanidad? No existía. ¿El pensamiento? Hundido como piedra en el agua. ¿El inmenso, el brillante pasado? Empobrecido y deteriorado, endeble, endeble y translúcida concha arrojada a la playa22.” Momento incierto en el que el sistema pared blanca-agujero negro, punto negro-playa blanca, como en una estampa japonesa, se confunde con su propia salida, su propia huida, su travesía.
333Hemos visto, pues, los dos estados distintos de la máquina abstracta: unas veces incluida en los estratos, en los que asegura desterritorializaciones que tan sólo son relativas, o desterritorializaciones absolutas que, no obstante, siguen siendo negativas; otras, por el contrario, desarrolladas en un plano de consistencia que le confiere una función “diagramática”, un valor de desterritorialización positiva, como la capacidad de formar nuevas máquinas abstractas. Unas veces la máquina abstracta, en tanto que lo es de rostridad, va a orientar los flujos hacia significancias y subjetivaciones, hacia nudos de arborescencias y agujeros de abolición; otras, por el contrario, en tanto que efectúa una verdadera “desnitrificación”, libera, por así decir, cabezas buscadoras* que deshacen a su paso los estratos, que


*El término que Deleuze utiliza, “tétes chercheuses”, es el que se emplea para hablar de los cohetes con una cabeza provista de un dispositivo capaz de modificar su trayectoria hacia el objetivo. (N. del T.).

22 Lawrence, Kangourou, Gallimard, (trad. cast. ed. Bruguera).
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traspasan las paredes de significancia y hacen brotar agujeros de subjetividad, abaten los árboles en provecho de verdaderos rizomas, y dirigen los flujos hacia líneas de desterritorialización positiva o de fuga creadora. Ya no hay estratos organizados concéntricamente, ya no hay agujeros negros alrededor de los cuales se enrollan las líneas para bordearlos, ya no hay paredes a las que se aferran las dicotomías, las binaridades, los valores bipolares. Ya no hay un rostro que hace redundancia con un paisaje, un medio, una frasecilla musical, y en el que, continuamente, lo uno hace pensar en lo otro, sobre la superficie unificada de la pared o en el torbellino central del agujero negro. Pero cada rasgo liberado de rostridad hace rizoma con un rasgo liberado de paisajidad, de picturalidad, de musicalidad: no una colección de objetos parciales, sino un bloque viviente, una conexión de tallos en los que los rasgos de un rostro entran en una multiplicidad real, en un diagrama, con un rasgo de paisaje desconocido, un rasgo de pintura o de música, que son entonces, efectivamente, producidos, creados, según cuantos de desterritorialización positiva absoluta, y ya no evocados ni recordados según sistemas de desterritorialización. Un rasgo de avispa y un rasgo de orquídea. Cuantos que señalan otras tantas mutaciones de máquinas abstractas, las unas en función de las otras. Se abre así un posible rizomático, que efectúa una potencialización de lo posible, frente a lo posible arborescente que señalaba un cierre, una impotencia.
333Rostro, ¡qué horror!, por naturaleza paisaje lunar, con sus poros, sus planicies, sus palideces, sus brillos, sus blancuras y sus agujeros: no hace falta tomar de él un primer plano para hacerlo inhumano, pues por naturaleza es primer plano, y por naturaleza inhumano, monstruoso capirote. Forzosamente, puesto que es producido por una máquina y por las exigencias de un aparato de poder especial que la desencadena, que lleva la desterritorialización al absoluto, pero manteniéndolo negativo. Pero caíamos en la nostalgia del retomo o de la regresión cuando oponíamos la cabeza humana, espiritual y primitiva, al rostro humano. En verdad, sólo hay inhumanidades, el hombre sólo está hecho de inhumanidades, pero muy diferentes, y según naturalezas y a velocidades muy diferentes. La inhumanidad primitiva, la del pre-rostro, es toda la polivocidad de una semiótica que hace que la cabeza pertenezca al cuerpo, a un cuerpo ya relativamente desterritorializado, en conexión con devenires espirituales-animales. Más allá del rostro, todavía hay otra inhumanidad: no la de la cabeza primitiva, sino la de las “cabezas buscadoras” en las que los máximos de desterritorialización devienen operatorios, las líneas de desterritorialización devienen positivas absolutas, formando devenires nuevos extraños, nuevas polivocidades. Devenir-clandestino, hacer por todas partes rizoma, para la maravilla de una vida no humana a crear. Rostro, amor mío, pero, por fin, convertido en cabeza buscadora... Año zen, año omega, año... ¿Habrá, pues, que concluir hablando de tres estados, no más, cabezas primitivas, rostro-cristo y cabezas-buscadoras?

INDICE DE REPRODUCCIÓNES
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7. Duccio, La vocación de San Pedro y San Andrés, Nueva York, colec. Bulloz.
(note de hiru: este cuadro de Duccio en ocasiones lleva el nombre de vocación,
en otras, llamada.
....Rostros de los cilindros mágicos etíopes, según los documentos de Jac-
....ques Mercier. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 173

TABLA DE MATERIAS
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AÑO CERO - ROSTRIDAD . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 173
Pared blanca, agujero negro. - Máquina abstracta de rostridad.-
Cuerpo cabeza y rostro. - Rostro y paisaje. - Le roman cour-
tois. - Teoremas de desterritorialización. - Funciones sociales de
rostro. -EÍ rostro y el Cristo. - Las dos figuras del rostro: cara y
perfil, la desviación. — Deshacer el rostro.

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