Pasajes de El Quijote

Asuntos "fuera de temática". Recordad que el Respeto es Norma Primera e Innegociable.
Avatar de Usuario
vespertilum
Mensajes: 1092
Registrado: Mar 16 Mar, 2004 01:00
Ubicación: Caesaraugusta

Pasajes de El Quijote

Mensaje por vespertilum » Sab 26 Mar, 2005 01:09

En el 400 aniversario, o en cualquier otro, de esa gran obra creo que el mejor homenaje, a la obra y al autor, es la lectura de la misma.
El Quijote está lleno de pasajes graciosos, sentimentales, aleccionadores...
A continuación pongo uno gracioso para quien desee leerlo, e invito a otros lectores gusten poner otros a su discreción.
Había en Sevilla un loco que dio en el más gracioso disparate y tema que dio loco en el mundo, y fue que hizo un cañuto de caña puntiagudo en el fin, y en cogiendo algún perro en la calle, o en cualquiera otra parte, con el un pie le cogía el suyo, y el otro le alzaba con la mano, y como mejor podía le acomodaba el cañuto en la parte que, soplándole, le ponía redondo como una pelota; y en teniéndolo desta suerte, le daba dos palmaditas en la barriga y le soltaba, diciendo a los circunstantes, que siempre eran muchos: «¿Pensarán vuestras mercedes ahora que es poco trabajo hinchar un perro?». ¿Pensará vuestra merced ahora que es poco trabajo hacer un libro?

Y si este cuento no le cuadrare, dirásle, lector amigo, este, que también es de loco y de perro:

Había en Córdoba otro loco, que tenía por costumbre de traer encima de la cabeza un pedazo de losa de mármol o un canto no muy liviano, y en topando algún perro descuidado, se le ponía junto y a plomo dejaba caer sobre él el peso. Amohinábase el perro y, dando ladridos y aullidos, no paraba en tres calles. Sucedió, pues, que entre los perros que descargó la carga fue uno un perro de un bonetero, a quien quería mucho su dueño. Bajó el canto, diole en la cabeza, alzó el grito el molido perro, violo y sintiólo su amo, asió de una vara de medir y salió al loco y no le dejó hueso sano; y cada palo que le daba decía: «Perro ladrón, ¿a mi podenco? ¿No viste, cruel, que era podenco mi perro?». Y repitiéndole el nombre de podenco muchas veces, envió al loco hecho [*] una alheña. Escarmentó el loco y retiróse, y en más de un mes no salió a la plaza; al cabo del cual tiempo volvió con su invención y con más carga. Llegábase donde estaba el perro, y mirándole muy bien de hito en hito, y sin querer ni atreverse a descargar la piedra, decía: «Este es podenco: ¡guarda!». En efeto, todos cuantos perros topaba, aunque fuesen alanos o gozques, decía que eran podencos, y, así, no soltó más el canto. Quizá de esta suerte le podrá acontecer a este historiador, que no se atreverá a soltar más la presa de su ingenio en libros que, en siendo malos, son más duros que las peñas.

Salu2
Salud2

Avatar de Usuario
Alonso_Quijano
Mensajes: 509
Registrado: Jue 27 Ene, 2005 01:00
Ubicación: En mi biblioteca... entre libros de caballerías

Mensaje por Alonso_Quijano » Sab 26 Mar, 2005 02:39

Qué buena idea vespertilum!! Son muchos los pasajes que me parecen destacables, y es que, como bien dices, se encuentra de todo... Cervantes, que no se comía un "torrao" hasta entonces, dio en el clavo y grabó su nombre, en mayúsculas, en la historia de la literatura universal. Me fascinan las diversas lecturas que se pueden dar a muchas partes del Quijote, así que deseo que este hilo que has abierto dé todo el juego que puede dar.

Mi primera aportacion la he elegido también con tema cómico, y es que cuando la leí me pareció una escena muy de "Epi y Blas"... y luego ese Sancho "corto de entendederas"... además, esa descripción de lo que es el "sueño" (que hace precisamente Sancho, precisamente el inculto) creo que es buenísima por la sabiduría de las palabras... si es que el librillo es acojonante... Pertenece al capítulo LXVIII de la Segunda Parte del Quijote:
Era la noche algo escura, puesto que la luna estaba en el cielo, pero no en parte que pudiese ser vista: que tal vez la señora Diana se va a pasear a los antípodas, y deja los montes negros y los valles escuros. Cumplió don Quijote con la naturaleza durmiendo el primer sueño, sin dar lugar al segundo; bien al revés de Sancho, que nunca tuvo segundo, porque le duraba el sueño desde la noche hasta la mañana, en que se mostraba su buena complexión y pocos cuidados. Los de don Quijote le desvelaron de manera que despertó a Sancho y le dijo:

-Maravillado estoy, Sancho, de la libertad de tu condición: yo imagino que eres hecho de mármol, o de duro bronce, en quien no cabe movimiento ni sentimiento alguno. Yo velo cuando tú duermes, yo lloro cuando cantas, yo me desmayo de ayuno cuanto tú estás perezoso y desalentado de puro harto. De buenos criados es conllevar las penas de sus señores y sentir sus sentimientos, por el bien parecer siquiera. Mira la serenidad desta noche, la soledad en que estamos, que nos convida a entremeter alguna vigilia entre nuestro sueño. Levántate, por tu vida, y desvíate algún trecho de aquí, y con buen ánimo y denuedo agradecido date trecientos o cuatrocientos azotes a buena cuenta de los del desencanto de Dulcinea; y esto rogando te lo suplico, que no quiero venir contigo a los brazos, como la otra vez, porque sé que los tienes pesados. Después que te hayas dado, pasaremos lo que resta de la noche cantando, yo mi ausencia y tú tu firmeza, dando desde agora principio al ejercicio pastoral que hemos de tener en nuestra aldea.

-Señor -respondió Sancho-, no soy yo religioso para que desde la mitad de mi sueño me levante y me dicipline, ni menos me parece que del estremo del dolor de los azotes se pueda pasar al de la música. Vuesa merced me deje dormir y no me apriete en lo del azotarme; que me hará hacer juramento de no tocarme jamás al pelo del sayo, no que al de mis carnes.

-¡Oh alma endurecida! ¡Oh escudero sin piedad! ¡Oh pan mal empleado y mercedes mal consideradas las que te he hecho y pienso de hacerte! Por mí te has visto gobernador, y por mí te vees con esperanzas propincuas de ser conde, o tener otro título equivalente, y no tardará el cumplimiento de ellas más de cuanto tarde en pasar este año; que yo post tenebras spero lucem.

-No entiendo eso -replico Sancho-; sólo entiendo que, en tanto que duermo, ni tengo temor, ni esperanza, ni trabajo ni gloria; y bien haya el que inventó el sueño, capa que cubre todos los humanos pensamientos, manjar que quita la hambre, agua que ahuyenta la sed, fuego que calienta el frío, frío que templa el ardor, y, finalmente, moneda general con que todas las cosas se compran, balanza y peso que iguala al pastor con el rey y al simple con el discreto. Sola una cosa tiene mala el sueño, según he oído decir, y es que se parece a la muerte, pues de un dormido a un muerto hay muy poca diferencia (...).

Llegaron, en esto, los de a caballo, y arbolando las lanzas, sin hablar palabra alguna rodearon a don Quijote y se las pusieron a las espaldas y pechos, amenazándole de muerte. Uno de los de a pie, puesto un dedo en la boca, en señal de que callase, asió del freno de Rocinante y le sacó del camino; y los demás de a pie, antecogiendo a Sancho y al rucio, guardando todos maravilloso silencio, siguieron los pasos del que llevaba a don Quijote, el cual dos o tres veces quiso preguntar adónde le llevaban o qué querían; pero, apenas comenzaba a mover los labios, cuando se los iban a cerrar con los hierros de las lanzas; y a Sancho le acontecía lo mismo, porque, apenas daba muestras de hablar, cuando uno de los de a pie, con un aguijón, le punzaba, y al rucio ni más ni menos como si hablar quisiera. Cerró la noche, apresuraron el paso, creció en los dos presos el miedo, y más cuando oyeron que de cuando en cuando les decían:

-¡Caminad, trogloditas!
-¡Callad, bárbaros!
-¡Pagad, antropófagos!
-¡No os quejéis, scitas, ni abráis los ojos, Polifemos matadores, leones carniceros!

Y otros nombres semejantes a éstos, con que atormentaban los oídos de los miserables amo y mozo. Sancho iba diciendo entre sí:

-¿Nosotros tortolitas? ¿Nosotros barberos ni estropajos? ¿Nosotros perritas, a quien dicen cita, cita? No me contentan nada estos nombres: a mal viento va esta parva; todo el mal nos viene junto, como al perro los palos, y ¡ojalá parase en ellos lo que amenaza esta aventura tan desventurada!
Saludos!
—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida...

Avatar de Usuario
vespertilum
Mensajes: 1092
Registrado: Mar 16 Mar, 2004 01:00
Ubicación: Caesaraugusta

Mensaje por vespertilum » Sab 26 Mar, 2005 23:52

Huelga todo comentario sobre tu apodo, firma, localización, icono :D
Como dices vamos a dar algo más de juego al hilo, hoy paso a la primera parte del libro, que es la que más me gusta. Se trata de algo gracioso pero muy curioso, un cuento puesto en boca de Sancho. Se encuentra en el capítulo XX.
El pasaje de ayer pertenece al prógolo de la segunda parte.
—Pero, con todo eso, yo me esforzaré a decir una historia que, si la acierto a contar y no me van a la mano, es la mejor de las historias; y estéme vuestra merced atento, que ya comienzo. «Érase que se era, el bien que viniere para todos sea, y el mal, para quien lo fuere a buscar...» Y advierta vuestra merced, señor mío, que el principio que los antiguos dieron a sus consejas no fue así como quiera, que fue una sentencia de Catón Zonzorino romano, que dice «y el mal, para quien le fuere a buscar», que viene aquí como anillo al dedo, para que vuestra merced se esté quedo y no vaya a buscar el mal a ninguna parte, sino que nos volvamos por otro camino, pues nadie nos fuerza a que sigamos este donde tantos miedos nos sobresaltan.

—Sigue tu cuento, Sancho —dijo don Quijote—, y del camino que hemos de seguir déjame a mí el cuidado.

—«Digo, pues —prosiguió Sancho—, que en un lugar de Estremadura había un pastor cabrerizo, quiero decir que guardaba cabras, el cual pastor o cabrerizo, como digo de mi cuento, se llamaba Lope Ruiz; y este Lope Ruiz andaba enamorado de una pastora que se llamaba Torralba; la cual pastora llamada Torralba era hija de un ganadero rico; y este ganadero rico...»

—Si desa manera cuentas tu cuento, Sancho —dijo don Quijote—, repitiendo dos veces lo que vas diciendo, no acabarás en dos días: dilo seguidamente y cuéntalo como hombre de entendimiento, y si no, no digas nada.

—De la misma manera que yo lo cuento —respondió Sancho— se cuentan en mi tierra todas las consejas, y yo no sé contarlo de otra, ni es bien que vuestra merced me pida que haga usos nuevos.

—Di como quisieres —respondió don Quijote—, que pues la suerte quiere que no pueda dejar de escucharte, prosigue.

—«Así que, señor mío de mi ánima —prosiguió Sancho—, que, como ya tengo dicho, este pastor andaba enamorado de Torralba la pastora, que era una moza rolliza, zahareña, y tiraba algo a hombruna, porque tenía unos pocos de bigotes, que parece que ahora la veo».

—Luego ¿conocístela tú? —dijo don Quijote.
—No la conocí yo —respondió Sancho—, pero quien me contó este cuento me dijo que era tan cierto y verdadero, que podía bien, cuando lo contase a otro, afirmar y jurar que lo había visto todo. «Así que, yendo días y viniendo días, el diablo, que no duerme y que todo lo añasca, hizo de manera, que el amor que el pastor tenía a la pastora se volviese en omecillo y mala voluntad; y la causa fue, según malas lenguas, una cierta cantidad de celillos que ella le dio, tales, que pasaban de la raya y llegaban a lo vedado; y fue tanto lo que el pastor la aborreció de allí adelante, que, por no verla, se quiso ausentar de aquella tierra e irse donde sus ojos no la viesen jamás. La Torralba, que se vio desdeñada del Lope, luego le quiso bien, mas que nunca le había querido.»

—Esa es natural condición de mujeres —dijo don Quijote—, desdeñar a quien las quiere y amar a quien las aborrece. Pasa adelante, Sancho.

—«Sucedió —dijo Sancho— que el pastor puso por obra su determinación y, antecogiendo sus cabras, se encaminó por los campos de Estremadura, para pasarse a los reinos de Portugal. La Torralba, que lo supo, se fue tras él y seguíale a pie y descalza desde lejos, con un bordón en la mano y con unas alforjas al cuello, donde llevaba, según es fama, un pedazo de espejo y otro de un peine y no sé qué botecillo de mudas para la cara; mas llevase lo que llevase, que yo no me quiero meter ahora en averiguallo, solo diré que dicen que el pastor llegó con su ganado a pasar el río Guadiana, y en aquella sazón iba crecido y casi fuera de madre, y por la parte que llegó no había barca ni barco, ni quien le pasase a él ni a su ganado de la otra parte, de lo que se congojó mucho porque veía que la Torralba venía ya muy cerca y le había de dar mucha pesadumbre con sus ruegos y lágrimas; mas tanto anduvo mirando, que vio un pescador que tenía junto a sí un barco, tan pequeño, que solamente podían caber en él una persona y una cabra; y, con todo esto, le habló y concertó con él que le pasase a él y a trecientas cabras que llevaba. Entró el pescador en el barco y pasó una cabra; volvió y pasó otra; tornó a volver y tornó a pasar otra.» Tenga vuestra merced cuenta en las cabras que el pescador va pasando, porque si se pierde una de la memoria, se acabará el cuento, y no será posible contar más palabra dél. «Sigo, pues, y digo que el desembarcadero de la otra parte estaba lleno de cieno y resbaloso, y tardaba el pescador mucho tiempo en ir y volver. Con todo esto, volvió por otra cabra, y otra, y otra...»

—Haz cuenta que las pasó todas —dijo don Quijote—, no andes yendo y viniendo desa manera, que no acabarás de pasarlas en un año.

—¿Cuántas han pasado hasta agora? —dijo Sancho.

—¿Yo qué diablos sé? —respondió don Quijote.

—He ahí lo que yo dije: que tuviese buena cuenta. Pues por Dios que se ha acabado el cuento, que no hay pasar adelante.

—¿Cómo puede ser eso? —respondió don Quijote—. ¿Tan de esencia de la historia es saber las cabras que han pasado por estenso, que si se yerra una del número no puedes seguir adelante con la historia?

—No, señor, en ninguna manera —respondió Sancho—; porque así como yo pregunté a vuestra merced que me dijese cuántas cabras habían pasado, y me respondió que no sabía, en aquel mesmo instante se me fue a mí de la memoria cuanto me quedaba por decir, y a fe que era de mucha virtud y contento.

—¿De modo —dijo don Quijote— que ya la historia es acabada?

—Tan acabada es como mi madre —dijo Sancho.

—Dígote de verdad —respondió don Quijote— que tú has contado una de las más nuevas consejas, cuento o historia que nadie pudo pensar en el mundo, y que tal modo de contarla ni dejarla jamás se podrá ver ni habrá visto en toda la vida, aunque no esperaba yo otra cosa de tu buen discurso; mas no me maravillo, pues quizá estos golpes que no cesan te deben de tener turbado el entendimiento.

—Todo puede ser —respondió Sancho—, mas yo sé que en lo de mi cuento no hay más que decir, que allí se acaba do comienza el yerro de la cuenta del pasaje de las cabras.

—Acabe norabuena donde quisiere —dijo don Quijote—, y veamos si se puede mover Rocinante.
Salu2
Salud2

Avatar de Usuario
Alonso_Quijano
Mensajes: 509
Registrado: Jue 27 Ene, 2005 01:00
Ubicación: En mi biblioteca... entre libros de caballerías

Mensaje por Alonso_Quijano » Dom 27 Mar, 2005 01:30

Jeje... huelga, huelga de veras... No me he podido resistir volver a entrar en este hilo, y me encuentro con un pasaje buenísimo! Releyendo el primero que has puesto, con eso de "este es podenco, guarda", me ha dado la risa... pero es que el segundo que has puesto no se queda corto; y es que en él vuelve a haber no solo humor, sino una de las frases (sobre las mujeres) que demuestra que el hombre del s. XX está igual que estaba el del s. XVI: "Esa es natural condición de mujeres —dijo don Quijote—, desdeñar a quien las quiere y amar a quien las aborrece", por mucho que se pueda calificar de tópico.

En el mismo capítulo del que has sacado el tuyo, he querido extraer otro trocito que, sin ninguna aportación filosófica (como la del sueño, de mi primer post), resulta de lo más divertido... quizá un poco escatológico, pero tan cómico y tan vivo como, por ejemplo, la escena de "Un verano de Kikujiro" cuando están en la parada de autobús Masao y Kikujiro, y llega un tercero (que es el otro "beat", Beat Kiyoshi)... pues bien... esto me está pareciendo la historia que ha contado Sancho a Don Quijote :lol:... Mejor voy al grano... Mismo capítulo que el señalado por vespertilum, e introduzco un párrafo del principio para situar a la gente en el ambiente en que se encontraban nuestros "héroes" y justificar el miedo de Sancho:
(...) don Quijote, y, tomando de la rienda a Rocinante, y Sancho del cabestro a su asno, después de haber puesto sobre él los relieves que de la cena quedaron, comenzaron a caminar por el prado arriba a tiento, porque la escuridad de la noche no les dejaba ver cosa alguna; mas, no hubieron andado docientos pasos, cuando llegó a sus oídos un grande ruido de agua (...) oyeron a deshora otro estruendo que les aguó el contento del agua, especialmente a Sancho, que naturalmente era medroso y de poco ánimo. Digo que oyeron que daban unos golpes a compás, con un cierto crujir de hierros y cadenas, que, acompañados del furioso estruendo del agua, que pusieran pavor a cualquier otro corazón que no fuera el de don Quijote. Era la noche, como se ha dicho, escura, y ellos acertaron a entrar entre unos árboles altos, cuyas hojas, movidas del blando viento, hacían un temeroso y manso ruido; de manera que la soledad, el sitio, la escuridad, el ruido del agua con el susurro de las hojas, todo causaba horror y espanto, y más cuando vieron que ni los golpes cesaban, ni el viento dormía, ni la mañana llegaba; añadiéndose a todo esto el ignorar el lugar donde se hallaban (...).

En esto, parece ser, o que el frío de la mañana, que ya venía, o que Sancho hubiese cenado algunas cosas lenitivas, o que fuese cosa natural -que es lo que más se debe creer-, a él le vino en voluntad y deseo de hacer lo que otro no pudiera hacer por él; mas era tanto el miedo que había entrado en su corazón, que no osaba apartarse un negro de uña de su amo. Pues pensar de no hacer lo que tenía gana, tampoco era posible; y así, lo que hizo, por bien de paz, fue soltar la mano derecha, que tenía asida al arzón trasero, con la cual, bonitamente y sin rumor alguno, se soltó la lazada corrediza con que los calzones se sostenían, sin ayuda de otra alguna, y, en quitándosela, dieron luego abajo y se le quedaron como grillos. Tras esto, alzó la camisa lo mejor que pudo y echó al aire entrambas posaderas, que no eran muy pequeñas. Hecho esto -que él pensó que era lo más que tenía que hacer para salir de aquel terrible aprieto y angustia-, le sobrevino otra mayor, que fue que le pareció que no podía mudarse sin hacer estrépito y ruido, y comenzó a apretar los dientes y a encoger los hombros, recogiendo en sí el aliento todo cuanto podía; pero, con todas estas diligencias, fue tan desdichado que, al cabo al cabo, vino a hacer un poco de ruido, bien diferente de aquel que a él le ponía tanto miedo. Oyólo don Quijote y dijo:

-¿Qué rumor es ése, Sancho?

-No sé, señor -respondió él-. Alguna cosa nueva debe de ser, que las aventuras y desventuras nunca comienzan por poco.

Tornó otra vez a probar ventura, y sucedióle tan bien que, sin más ruido ni alboroto que el pasado, se halló libre de la carga que tanta pesadumbre le había dado. Mas, como don Quijote tenía el sentido del olfato tan vivo como el de los oídos, y Sancho estaba tan junto y cosido con él que casi por línea recta subían los vapores hacia arriba, no se pudo escusar de que algunos no llegasen a sus narices; y, apenas hubieron llegado, cuando él fue al socorro, apretándolas entre los dos dedos; y, con tono algo gangoso, dijo:

-Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo.

-Sí tengo -respondió Sancho-; mas, ¿en qué lo echa de ver vuestra merced ahora más que nunca?

-En que ahora más que nunca hueles, y no a ámbar -respondió don Quijote.

-Bien podrá ser -dijo Sancho-, mas yo no tengo la culpa, sino vuestra merced, que me trae a deshoras y por estos no acostumbrados pasos.

-Retírate tres o cuatro allá, amigo -dijo don Quijote (todo esto sin quitarse los dedos de las narices)-, y desde aquí adelante ten más cuenta con tu persona y con lo que debes a la mía; que la mucha conversación que tengo contigo ha engendrado este menosprecio.

-Apostaré -replicó Sancho- que piensa vuestra merced que yo he hecho de mi persona alguna cosa que no deba
Por cierto, "grillos" se refiere a "grilletes", "mudarse" a "evacuar, deponer", y "lenitivas" significaba "laxantes"... Bien le podía haber dicho don Quijote a Sancho eso de que "la confianza da asco"... pues eso.

Saludos!
—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida...

Avatar de Usuario
marchena
Mensajes: 863
Registrado: Mar 08 Jun, 2004 02:00
Ubicación: En un 600 en medio de los Cárpatos.

Mensaje por marchena » Dom 27 Mar, 2005 03:12

:juas:

http://www.calicoelectronico.com/CE_cap3.html

400 años despues y siguen dando risa las mismas cosas
Salvando las distancias, por supuesto :roll: :meparto:

Saludos y gracias por el hilo :D
Imagen

Avatar de Usuario
Alonso_Quijano
Mensajes: 509
Registrado: Jue 27 Ene, 2005 01:00
Ubicación: En mi biblioteca... entre libros de caballerías

Mensaje por Alonso_Quijano » Dom 27 Mar, 2005 03:22

marchena!!! Ese enlace en buenísimo!! :juas: :juas: :juas: :juas:
—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida...

Avatar de Usuario
vespertilum
Mensajes: 1092
Registrado: Mar 16 Mar, 2004 01:00
Ubicación: Caesaraugusta

Mensaje por vespertilum » Lun 28 Mar, 2005 02:05

Ese flash me recuerda algo a la transmutación de la mierda en oro de Jodorovich, aunque aquí el proceso es de ida y vuelta, o de vuelta e ida más precisamente :lol:

Siguiendo con el tema quijotesco y escatológico aquí dejo esto:
Es el final del capítulo 48 de la primerta parte, cuando llevan a don Quijote a casa enjaulado en un carro de bueyes.
—Digo que yo estoy seguro de la bondad y verdad de mi amo, y, así, porque hace al caso a nuestro cuento, pregunto, hablando con acatamiento, si acaso después que vuestra merced va enjaulado y a su parecer encantado en esta jaula le ha venido gana y voluntad de hacer aguas mayores o menores, como suele decirse.

—No entiendo eso de hacer aguas, Sancho; aclárate más, si quieres que te responda derechamente.

—¿Es posible que no entiende vuestra merced de hacer aguas menores o mayores? Pues en la escuela destetan a los muchachos con ello. Pues sepa que quiero decir si le ha venido gana de hacer lo que no se escusa.

—¡Ya, ya te entiendo, Sancho! Y muchas veces, y aun agora la tengo. ¡Sácame deste peligro, que no anda todo limpio!
La próxima vez algo más largo, y menos acuoso (tal vez) :D

Salu2
Salud2

Avatar de Usuario
vespertilum
Mensajes: 1092
Registrado: Mar 16 Mar, 2004 01:00
Ubicación: Caesaraugusta

Mensaje por vespertilum » Mar 29 Mar, 2005 00:17

Un saltito al primer capítulo de la segunda parte, donde el barbero relata un cuento a don Quijote, su familia y el cura.
—En la casa de los locos de Sevilla estaba un hombre a quien sus parientes habían puesto allí por falto de juicio. Era graduado en cánones por Osuna, pero aunque lo fuera por Salamanca, según opinión de muchos, no dejara de ser loco. Este tal graduado, al cabo de algunos años de recogimiento, se dio a entender que estaba cuerdo y en su entero juicio, y con esta imaginación escribió al arzobispo suplicándole encarecidamente y con muy concertadas razones le mandase sacar de aquella miseria en que vivía, pues por la misericordia de Dios había ya cobrado el juicio perdido, pero que sus parientes, por gozar de la parte de su hacienda, le tenían allí, y a pesar de la verdad querían que fuese loco hasta la muerte. El arzobispo, persuadido de muchos billetes concertados y discretos, mandó a un capellán suyo se informase del retor de la casa si era verdad lo que aquel licenciado le escribía, y que asimesmo hablase con el loco, y que si le pareciese que tenía juicio, le sacase y pusiese en libertad. Hízolo así el capellán, y el retor le dijo que aquel hombre aún se estaba loco, que puesto que hablaba muchas veces como persona de grande entendimiento, al cabo disparaba con tantas necedades, que en muchas y en grandes igualaban a sus primeras discreciones, como se podía hacer la esperiencia hablándole. Quiso hacerla el capellán, y, poniéndole con el loco, habló con él una hora y más, y en todo aquel tiempo jamás el loco dijo razón torcida ni disparatada, antes habló tan atentadamente, que el capellán fue forzado a creer que el loco estaba cuerdo. Y entre otras cosas que el loco le dijo fue que el retor le tenía ojeriza, por no perder los regalos que sus parientes le hacían porque dijese que aún estaba loco y con lúcidos intervalos; y que el mayor contrario que en su desgracia tenía era su mucha hacienda, pues por gozar della sus enemigos ponían dolo y dudaban de la merced que Nuestro Señor le había hecho en volverle de bestia en hombre. Finalmente, él habló de manera que hizo sospechoso al retor, codiciosos y desalmados a sus parientes, y a él tan discreto, que el capellán se determinó a llevársele consigo a que el arzobispo le viese y tocase con la mano la verdad de aquel negocio. Con esta buena fee, el buen capellán pidió al retor mandase dar los vestidos con que allí había entrado el licenciado. Volvió a decir el retor que mirase lo que hacía, porque sin duda alguna el licenciado aún se estaba loco. No sirvieron de nada para con el capellán las prevenciones y advertimientos del retor para que dejase de llevarle. Obedeció el retor viendo ser orden del arzobispo, pusieron al licenciado sus vestidos, que eran nuevos y decentes, y como él se vio vestido de cuerdo y desnudo de loco, suplicó al capellán que por caridad le diese licencia para ir a despedirse de sus compañeros los locos. El capellán dijo que él le quería acompañar y ver los locos que en la casa había. Subieron, en efeto, y con ellos algunos que se hallaron presentes; y llegado el licenciado a una jaula adonde estaba un loco furioso, aunque entonces sosegado y quieto, le dijo:
«Hermano mío, mire si me manda algo, que me voy a mi casa, que ya Dios ha sido servido, por su infinita bondad y misericordia, sin yo merecerlo, de volverme mi juicio: ya estoy sano y cuerdo, que acerca del poder de Dios ninguna cosa es imposible. Tenga grande esperanza y confianza en Él, que pues a mí me ha vuelto a mi primero estado, también le volverá a él, si en Él confía. Yo tendré cuidado de enviarle algunos regalos que coma, y cómalos en todo caso, que le hago saber que imagino, como quien ha pasado por ello, que todas nuestras locuras proceden de tener los estómagos vacíos y los celebros llenos de aire. Esfuércese, esfuércese, que el descaecimiento en los infortunios apoca la salud y acarrea la muerte».
Todas estas razones del licenciado escuchó otro loco que estaba en otra jaula, frontero de la del furioso, y, levantándose de una estera vieja donde estaba echado y desnudo en cueros, preguntó a grandes voces quién era el que se iba sano y cuerdo. El licenciado respondió:
«Yo soy, hermano, el que me voy, que ya no tengo necesidad de estar más aquí, por lo que doy infinitas gracias a los cielos, que tan grande merced me han hecho».
«Mirad lo que decís, licenciado, no os engañe el diablo —replicó el loco—; sosegad el pie y estaos quedito en vuestra casa, y ahorraréis la vuelta».
«Yo sé que estoy bueno —replicó el licenciado—, y no habrá para qué tornar a andar estaciones».
«¿Vos bueno? —dijo el loco—. Agora bien, ello dirá, andad con Dios; pero yo os voto a Júpiter, cuya majestad yo represento en la tierra, que por solo este pecado que hoy comete Sevilla en sacaros desta casa y en teneros por cuerdo, tengo de hacer un tal castigo en ella, que quede memoria dél por todos los siglos de los siglos, amén. ¿No sabes tú, licenciadillo menguado, que lo podré hacer, pues, como digo, soy Júpiter Tonante, que tengo en mis manos los rayos abrasadores con que puedo y suelo amenazar y destruir el mundo? Pero con sola una cosa quiero castigar a este ignorante pueblo, y es con no llover en él ni en todo su distrito y contorno por tres enteros años, que se han de contar desde el día y punto en que ha sido hecha esta amenaza en adelante. ¿Tú libre, tú sano, tú cuerdo, y yo loco, y yo enfermo, y yo atado? Así pienso llover como pensar ahorcarme.»
A las voces y a las razones del loco estuvieron los circustantes atentos, pero nuestro licenciado, volviéndose a nuestro capellán y asiéndole de las manos, le dijo:
«No tenga vuestra merced pena, señor mío, ni haga caso de lo que este loco ha dicho, que si él es Júpiter y no quisiere llover, yo, que soy Neptuno, el padre y el dios de las aguas, lloveré todas las veces que se me antojare y fuere menester».
A lo que respondió el capellán:
«Con todo eso, señor Neptuno, no será bien enojar al señor Júpiter: vuestra merced se quede en su casa, que otro día, cuando haya más comodidad y más espacio, volveremos por vuestra merced».
Rióse el retor y los presentes, por cuya risa se medio corrió el capellán; desnudaron al licenciado, quedóse en casa, y acabóse el cuento.
Acuoso, con contenido y un buen tocho.


Salu2
Salud2

Avatar de Usuario
Alonso_Quijano
Mensajes: 509
Registrado: Jue 27 Ene, 2005 01:00
Ubicación: En mi biblioteca... entre libros de caballerías

Mensaje por Alonso_Quijano » Mar 29 Mar, 2005 18:24

El pasaje que has puesto vespertilum me ha recordado mucho la modernidad de este libro que tiene ya 400 años (por lo menos en su primera parte). Vale que el sujeto estuviera loco de verdad, pero durante la narración nos cuenta Cervantes un hecho que hoy mismo podría ser contado por cualquier cronista de sucesos... los problemas que recaen sobre la facultad de disposición de bienes de los incapacitados, y sobre las herencias, no son meramente jurídicos; no se trata simplemente de determinar la validez del acto o de partir la herencia, sino que en ocasiones se puede encontrar el fraude, alentado por un egoísmo del que cada vez estoy más convencido que padece, como una enfermedad, el ser humano. Como si de un caso de telediario se tratara, la explicación del loco (no presunto) hace hincapié en la motivación que lleva a sus familiares a mantenerle encerrado: el móvil económico. Precisamente es el loco quien acusa de algo no descabellado, pese que al final se reconozca como Neptuno...

En esta línea de modernidad he querido extraer otro pasaje que me llamó mucho la atención, y que es uno de tantos causantes de que para mi, "El Quijote", merezca el lugar que tiene en la historia de la literatura. En la fecha de la publicación de la primera parte (1605) es evidente que no existía el cine; pero igual de claro es que la literatura española ya estaba consolidada desde su primera manifestación, según dicen, en la oración encontrada en el s. X en los Monaterios de San Millán de la Cogolla (y las famosas Glosas Emilianenses). Pues bien, este rollo, para qué... pues para hablar del problema de las traducciones, del sentido de la obra, y de las dificultades de los que no somos políglotas para disfrutar del verdadero "cuerpo" de las obras universales. Si leemos los sonetos de Petrarca traducidos al castellano podremos entender qué quería decir, pero nos dejamos la musicalidad en el camino; si atendemos las traducciones de "La Divina Comedia" y cojemos la hecha en verso por Ángel Crespo podemos quedarnos con la sensación de no estar leyendo en el verdadero sentido de la obra, o topar con dificultades para entender realmente lo que nos cuentan. Y así con múltiples libros, de todas las lenguas (he escogido dos italianos porque la refererencia del Quijote era para Ariosto); pensemos en Shakespeare, Göthe... En las películas pasa más o menos igual, porque o nos conformamos con el doblaje (puede ser mal entonado, o mal traducido, aunque en todo caso se dirá más que en un subtítulo), o bien leemos subtítulos (siempre perderemos información frente la palabra hablada). Parecer ser que Hitchcock prefería una buen doblaje, porque el problema de leer subtítulos es perdernos planos aparentemente nimios, pero profundamente importantes. Sobre todo esto ya dijo algo Cervantes (con claridad meridiana), y aquí os dejo el pasaje, perteneciente al Capítulo VI de la Primera Parte, dedicado al escrutinio que el cura y el barbero hacen en "mi" :wink: biblioteca... (que por cierto, para considerar los libros endemoniados muy bien que los conocían ambos, y bien que se emociona el cura al ver el "Tirant" diciendo "tesoro de contento y mina de pasatiempo"; y por cierto, hurtan todos los que pueden los muy...):
Tomando el barbero otro libro, dijo:

-Éste es Espejo de caballerías.

-Ya conozco a su merced -dijo el cura-. Ahí anda el señor Reinaldos de Montalbán con sus amigos y compañeros, más ladrones que Caco, y los doce Pares, con el verdadero historiador Turpín; y en verdad que estoy por condenarlos no más que a destierro perpetuo, siquiera porque tienen parte de la invención del famoso Mateo Boyardo, de donde también tejió su tela el cristiano poeta Ludovico Ariosto; al cual, si aquí le hallo, y que habla en otra lengua que la suya, no le guardaré respeto alguno; pero si habla en su idioma, le pondré sobre mi cabeza.

-Pues yo le tengo en italiano -dijo el barbero-, mas no le entiendo.

-Ni aun fuera bien que vos le entendiérades -respondió el cura-, y aquí le perdonáramos al señor capitán que no le hubiera traído a España y hecho castellano; que le quitó mucho de su natural valor, y lo mesmo harán todos aquellos que los libros de verso quisieren volver en otra lengua: que, por mucho cuidado que pongan y habilidad que muestren, jamás llegarán al punto que ellos tienen en su primer nacimiento. Digo, en efeto, que este libro, y todos los que se hallaren que tratan destas cosas de Francia, se echen y depositen en un pozo seco, hasta que con más acuerdo se vea lo que se ha de hacer dellos, ecetuando a un Bernardo del Carpio que anda por ahí y a otro llamado Roncesvalles; que éstos, en llegando a mis manos, han de estar en las del ama, y dellas en las del fuego, sin remisión alguna.

Todo lo confirmó el barbero, y lo tuvo por bien y por cosa muy acertada, por entender que era el cura tan buen cristiano y tan amigo de la verdad, que no diría otra cosa por todas las del mundo.
Hay otro trozo relativo a la poesía que es interesantísimo, pero que no sé si ponerlo aquí o en el hilo de poesía que anda por estos foros... Creo que mejor lo pondré aquí en la próxima visita. Saludos!
—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida...

Avatar de Usuario
vespertilum
Mensajes: 1092
Registrado: Mar 16 Mar, 2004 01:00
Ubicación: Caesaraugusta

Mensaje por vespertilum » Jue 31 Mar, 2005 00:13

Tras la enunciación de la Poesía por parte de Alonso_Quijano sigo con un sinónimo, el romanticismo.
En el capítulo 25 de la primera parte, allá por Sierra Morena acontecen grandes historias de amor, y qué mejor preludio que la carta que don Quijote envía a su amada Dulcinea del Toboso.
CARTA DE DON QUIJOTE A
DULCINEA DEL TOBOSO

Soberana y alta señora:
El ferido de punta de ausencia y el llagado de las telas del corazón, dulcísima Dulcinea del Toboso, te envía la salud que él no tiene. Si tu fermosura me desprecia, si tu valor no es en mi pro, si tus desdenes son en mi afincamiento, maguer que yo sea asaz de sufrido, mal podré sostenerme en esta cuita, que, además de ser fuerte, es muy duradera. Mi buen escudero Sancho te dará entera relación, ¡oh bella ingrata, amada enemiga mía!, del modo que por tu causa quedo: si gustares de acorrerme, tuyo soy; y si no, haz lo que te viniere en gusto, que con acabar mi vida habré satisfecho a tu crueldad y a mi deseo. Tuyo hasta la muerte,

El Caballero de la Triste Figura
:cry: :cry: :D

Salu2
Salud2

Avatar de Usuario
Alonso_Quijano
Mensajes: 509
Registrado: Jue 27 Ene, 2005 01:00
Ubicación: En mi biblioteca... entre libros de caballerías

Mensaje por Alonso_Quijano » Jue 31 Mar, 2005 00:54

Te estaba esperando... :D Lo prometido es deuda. Corresponde al mismo capítulo de mi anterior post: Capítulo VI de la primera parte, referida al escrutinio de libros...
-Así será -respondió el barbero-; pero, ¿qué haremos destos pequeños libros que quedan?

-Éstos -dijo el cura- no deben de ser de caballerías, sino de poesía.

Y abriendo uno, vio que era La Diana, de Jorge de Montemayor, y dijo, creyendo que todos los demás eran del mesmo género:

-Éstos no merecen ser quemados, como los demás, porque no hacen ni harán el daño que los de caballerías han hecho; que son libros de entendimiento, sin perjuicio de tercero.

-¡Ay señor! -dijo la sobrina-, bien los puede vuestra merced mandar quemar, como a los demás, porque no sería mucho que, habiendo sanado mi señor tío de la enfermedad caballeresca, leyendo éstos, se le antojase de hacerse pastor y andarse por los bosques y prados cantando y tañendo; y, lo que sería peor, hacerse poeta; que, según dicen, es enfermedad incurable y pegadiza.

-Verdad dice esta doncella -dijo el cura-, y será bien quitarle a nuestro amigo este tropiezo y ocasión delante.
Al principio los califican de "libros de entendimiento, sin perjuicio de tercero", es decir, libros buenos, sanos,... pero he ahí una la calificación que hace la sobrina sobre la poesía: "enfermedad incurable y pegadiza"; qué gran razón... enfermedad crónica. Con todo, no es mala forma de calificarla. En realidad no es que aporte mucho sobre el mundo de la poesía, pero no puede negarse que "El Quijote" tiene de todo, y se permite detalles tan significativos (aunque breves) como éste.

Me sigue pareciendo gracioso lo "pirata" que es el cura (lo son los 2, pero es que el cura "es tan buen cristiano y amigo de la verdad..."), cómo va para quemar los libros que enferman al hidalgo, y después arramblar con los que puede (o se los manda guardar al barbero), reconociendo el enorme valor de muchos de ellos... sobre los libros de poesía se vuelve a producir:
-Este libro es -dijo el barbero, abriendo otro- Los diez libros de Fortuna de Amor, compuestos por Antonio de Lofraso, poeta sardo.

-Por las órdenes que recebí -dijo el cura-, que, desde que Apolo fue Apolo, y las musas musas, y los poetas poetas, tan gracioso ni tan disparatado libro como ése no se ha compuesto, y que, por su camino, es el mejor y el más único de cuantos deste género han salido a la luz del mundo; y el que no le ha leído puede hacer cuenta que no ha leído jamás cosa de gusto. Dádmele acá, compadre, que precio más haberle hallado que si me dieran una sotana de raja de Florencia.
Y para terminar con este capítulo, la anécdota:
-La Galatea, de Miguel de Cervantes -dijo el barbero.

-Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo de buena invención; propone algo, y no concluye nada: es menester esperar la segunda parte que promete; quizá con la emienda alcanzará del todo la misericordia que ahora se le niega; y, entre tanto que esto se ve, tenedle recluso en vuestra posada, señor compadre.
Qué cabroncete... esto es publicidad deliberada y directa!! Si no me falla la memoria "La Galatea" es de 1585, y como olió cierto éxito pues esperaba poder escribir una segunda parte, de la que da cuenta en "El Quijote"... para que la gente se fuera haciendo a la idea :wink:

Por cierto, triste y muy profunda carta la que has puesto, vespertilum...

Para teminar, os quería dejar un enlace a este libro, pero con una particularidad, que está hablado! Interesados o interesadas, pulsen:
El Quijote hablado

Saludos!
—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida...

Avatar de Usuario
vespertilum
Mensajes: 1092
Registrado: Mar 16 Mar, 2004 01:00
Ubicación: Caesaraugusta

Mensaje por vespertilum » Vie 01 Abr, 2005 00:21

Parece interesante ese link, pero lamentablemente (muy lamentablemente para un usuario de software libre) está hecho para funcionar con güindous, y no puedo escucharlo. En otra ocasión les enviaré un e-mail con la pertinente queja.
Yendo un poco a lo que decías de los poetas siempre me acuerdo del Satyricon de Fellini, aquél poeta que tras una vida de miseria alcanzó la riqueza y la muy acertada condición que puso a sus herederos para cobrar los cuartos. Pasen cientos o miles de años sencillamente seguimos siendo iguales.

Bueno, hoy pongo un fragmento de una pequeña novela, de las que tan hábilmente incrusta Cervantes en esta obra. Capítulo 41 de la primera parte, un caballero cristiano está preso, lejos de su tierra, en casa de un señor musulmán, éste tiene una bella hija.
Digo, en fin, que entonces llegó en todo estremo aderezada y en todo estremo hermosa, o a lo menos a mí me pareció serlo la más que hasta entonces había visto; y con esto, viendo las obligaciones en que me había puesto, me parecía que tenía delante de mí una deidad del cielo, venida a la tierra para mi gusto y para mi remedio. Así como ella llegó, le dijo su padre en su lengua como yo era cautivo de su amigo Arnaute Mamí y que venía a buscar ensalada. Ella tomó la mano, y en aquella mezcla de lenguas que tengo dicho me preguntó si era caballero y qué era la causa que no me rescataba. Yo le respondí que ya estaba rescatado y que en el precio podía echar de ver en lo que mi amo me estimaba, pues había dado por mí mil y quinientos zoltanís. A lo cual ella respondió:

–En verdad que si tú fueras de mi padre, que yo hiciera que no te diera él por otros dos tantos; porque vosotros, cristianos, siempre mentís en cuanto decís y os hacéis pobres por engañar a los moros.

–Bien podría ser eso, señora –le respondí–, mas en verdad que yo la he tratado con mi amo, y la trato y la trataré con cuantas personas hay en el mundo.

–¿Y cuándo te vas? –dijo Zoraida.

–Mañana, creo yo –dije–, porque está aquí un bajel de Francia que se hace mañana a la vela, y pienso irme en él.

–¿No es mejor –replicó Zoraida– esperar a que vengan bajeles de España y irte con ellos, que no con los de Francia, que no son vuestros amigos?

–No –respondí yo–; aunque si, como hay nuevas, que viene ya un bajel de España es verdad, todavía yo le aguardaré, puesto que es más cierto el partirme mañana, porque el deseo que tengo de verme en mi tierra y con las personas que bien quiero es tanto, que no me dejará esperar otra comodidad, si se tarda, por mejor que sea.

–Debes de ser sin duda casado en tu tierra –dijo Zoraida– y por eso deseas ir a verte con tu mujer.

–No soy –respondí yo– casado, mas tengo dada la palabra de casarme en llegando allá.

–¿Y es hermosa la dama a quien se la diste? –dijo Zoraida.

–Tan hermosa es –respondí yo–, que, para encarecella y decirte la verdad, te parece a ti mucho.

Desto se rió muy de veras su padre, y dijo:

–Gualá, cristiano, que debe de ser muy hermosa si se parece a mi hija, que es la más hermosa de todo este reino. Si no, mírala bien y verás como te digo verdad.

Servíanos de intérprete a las más de estas palabras y razones el padre de Zoraida, como más ladino, que aunque ella hablaba la bastarda lengua que, como he dicho, allí se usa, más declaraba su intención por señas que por palabras. Estando en estas y otras muchas razones, llegó un moro corriendo y dijo a grandes voces que por las bardas o paredes del jardín habían saltado cuatro turcos y andaban cogiendo la fruta, aunque no estaba madura. Sobresaltóse el viejo, y lo mesmo hizo Zoraida, porque es común y casi natural el miedo que los moros a los turcos tienen, especialmente a los soldados, los cuales son tan insolentes y tienen tanto imperio sobre los moros que a ellos están sujetos, que los tratan peor que si fuesen esclavos suyos. Digo, pues, que dijo su padre a Zoraida:

–Hija, retírate a la casa y enciérrate en tanto que yo voy a hablar a estos canes; y tú, cristiano, busca tus yerbas y vete en buen hora, y llévete Alá con bien a tu tierra.

Yo me incliné, y él se fue a buscar los turcos, dejándome solo con Zoraida, que comenzó a dar muestras de irse donde su padre la había mandado. Pero apenas él se encubrió con los árboles del jardín, cuando ella, volviéndose a mí, llenos los ojos de lágrimas, me dijo:

–¿Ámexi, cristiano, ámexi? (Que quiere decir: ‘¿Vaste, cristiano, vaste?’.)

Yo la respondí:

–Señora, sí, pero no, en ninguna manera, sin ti: el primero jumá me aguarda, y no te sobresaltes cuando nos veas, que sin duda alguna iremos a tierra de cristianos.

Yo le dije esto de manera que ella me entendió muy bien a todas las razones que entrambos pasamos, y, echándome un brazo al cuello, con desmayados pasos comenzó a caminar hacia la casa. Y quiso la suerte, que pudiera ser muy mala si el cielo no lo ordenara de otra manera, que yendo los dos de la manera y postura que os he contado, con un brazo al cuello, su padre, que ya volvía de hacer ir a los turcos, nos vio de la suerte y manera que íbamos, y nosotros vimos que él nos había visto. Pero Zoraida, advertida y discreta, no quiso quitar el brazo de mi cuello, antes se llegó más a mí y puso su cabeza sobre mi pecho, doblando un poco las rodillas, dando claras señales y muestras que se desmayaba, y yo ansimismo di a entender que la sostenía contra mi voluntad. Su padre llegó corriendo adonde estábamos y, viendo a su hija de aquella manera, le preguntó que qué tenía; pero como ella no le respondiese, dijo su padre:

–Sin duda alguna que con el sobresalto de la entrada de estos canes se ha desmayado.

Y, quitándola del mío, la arrimó a su pecho, y ella, dando un suspiro y aún no enjutos los ojos de lágrimas, volvió a decir:

–Ámexi, cristiano, ámexi. (‘Vete, cristiano, vete’.)

A lo que su padre respondió:

–No importa, hija, que el cristiano se vaya, que ningún mal te ha hecho y los turcos ya son idos. No te sobresalte cosa alguna, pues ninguna hay que pueda darte pesadumbre, pues, como ya te he dicho, los turcos, a mi ruego, se volvieron por donde entraron.

–Ellos, señor, la sobresaltaron, como has dicho –dije yo a su padre–, mas pues ella dice que yo me vaya, no la quiero dar pesadumbre: quédate en paz, y, con tu licencia, volveré, si fuere menester, por yerbas a este jardín, que, según dice mi amo, en ninguno las hay mejores para ensalada que en él.

–Todas las que quisieres podrás volver –respondió Agi Morato–, que mi hija no dice esto porque tú ni ninguno de los cristianos la enojaban, sino que, por decir que los turcos se fuesen, dijo que tú te fueses, o porque ya era hora que buscases tus yerbas.

Con esto me despedí al punto de entrambos, y ella, arrancándosele el alma al parecer, se fue con su padre, y yo, con achaque de buscar las yerbas, rodeé muy bien y a mi placer todo el jardín: miré bien las entradas y salidas y la fortaleza de la casa y la comodidad que se podía ofrecer para facilitar todo nuestro negocio.
Salu2
Salud2

Avatar de Usuario
hattusil
Ex-desvirtuador anónimo
Mensajes: 1601
Registrado: Jue 27 Ene, 2005 01:00
Ubicación: Desde su trono de Hattusas
Contactar:

Mensaje por hattusil » Vie 01 Abr, 2005 00:40

Menos mal que por este hilo hay un par de cabezas pensantes, donde puedo abstraerme de esta epidemia primaveral que se ha extendido por el foro.

Gracias por ilustrarnos con vuestra amplia cultura quijotesca.

Avatar de Usuario
bscout
Moderador
Mensajes: 1616
Registrado: Mar 17 Feb, 2004 01:00
Ubicación: Más cerca de Alejandría que de Roma.

Mensaje por bscout » Vie 01 Abr, 2005 15:10

Cómo me pude perder este hilo?!?!?! :(
Cuando llegue a casa pongo el que para mi es el pasaje más cómico. Se trata de que la desventura que sucede cuando nuestro caballero se esta preparando la armadura y la pone a prueba, si alguien la tiene a mano que la transcriba.

Por ahora les dejo esta magnífica poesia del Maestro, un admirador del Quijote.
Borges, el Maestro escribió:Lectores

De aquel hidalgo de cetrina y seca
tez y de heroico afán se conjetura
que, en víspera perpetua de aventura,
no salió nunca de su biblioteca.

La crónica puntual que sus empeños
narra y sus tragicómicos desplantes
fue soñada por él, no por Cervantes,
y no es más que una crónica de sueños.

Tal es también mi suerte. Sé que hay algo
inmortal y esencial que he sepultado
en esa biblioteca del pasado
en que leí la historia del hidalgo.
Las lentas hojas vuelve un niño y grave
sueña con vagas cosas que no sabe.
No creo que deba lealtad a ninguno de los dos bandos.

Ultima edición por bluegardenia el Mie 24 Ene, 2007 4:17 pm, editado 14 veces

Avatar de Usuario
vespertilum
Mensajes: 1092
Registrado: Mar 16 Mar, 2004 01:00
Ubicación: Caesaraugusta

Mensaje por vespertilum » Sab 02 Abr, 2005 00:12

bscout escribió:
Borges, el Maestro escribió: Las lentas hojas vuelve un niño y grave
sueña con vagas cosas que no sabe.
Qué frase más bonita, gracias por la poesía.
Te copio el pasaje que dices, y de paso hoy me libro de pensar :D
Está en el primer capítulo de la primera parte.
En efeto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más estraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante y irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama. Imaginábase el pobre ya coronado por el valor de su brazo, por lo menos del imperio de Trapisonda; y así, con estos tan agradables pensamientos, llevado del estraño gusto que en ellos sentía, se dio priesa a poner en efeto lo que deseaba. Y lo primero que hizo fue limpiar unas armas que habían sido de sus bisabuelos, que, tomadas de orín y llenas de moho, luengos siglos había que estaban puestas y olvidadas en un rincón. Limpiólas y aderezólas lo mejor que pudo; pero vio que tenían una gran falta, y era que no tenían celada de encaje, sino morrión simple; mas a esto suplió su industria, porque de cartones hizo un modo de media celada que, encajada con el morrión, hacían una apariencia de celada entera. Es verdad que, para probar si era fuerte y podía estar al riesgo de una cuchillada, sacó su espada y le dio dos golpes, y con el primero y en un punto deshizo lo que había hecho en una semana; y no dejó de parecerle mal la facilidad con que la había hecho pedazos, y, por asegurarse deste peligro, la tornó a hacer de nuevo, poniéndole unas barras de hierro por de dentro, de tal manera, que él quedó satisfecho de su fortaleza y, sin querer hacer nueva experiencia della, la diputó y tuvo por celada finísima de encaje.

Fue luego a ver su rocín, y aunque tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, que «tantum pellis et ossa fuit», le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con él se igualaban. Cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría; porque —según se decía él a sí mesmo— no era razón que caballo de caballero tan famoso, y tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido; y ansí procuraba acomodársele, de manera que declarase quién había sido antes que fuese de caballero andante y lo que era entonces; pues estaba muy puesto en razón que, mudando su señor estado, mudase él también el nombre, y le cobrase famoso y de estruendo, como convenía a la nueva orden y al nuevo ejercicio que ya profesaba; y así, después de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a llamar «Rocinante», nombre, a su parecer, alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo.

Puesto nombre, y tan a su gusto, a su caballo, quiso ponérsele a sí mismo, y en este pensamiento duró otros ocho días, y al cabo se vino a llamar «don Quijote»; de donde, como queda dicho, tomaron ocasión los autores desta tan verdadera historia que sin duda se debía de llamar «Quijada» , y no «Quesada», como otros quisieron decir. Pero acordándose que el valeroso Amadís no sólo se había contentado con llamarse «Amadís» a secas, sino que añadió el nombre de su reino y patria, por hacerla famosa, y se llamó «Amadís de Gaula», así quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de la suya y llamarse «don Quijote de la Mancha», con que a su parecer declaraba muy al vivo su linaje y patria, y la honraba con tomar el sobrenombre della.

Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín y confirmándose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse, porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma. Decíase él:

—Si yo, por malos de mis pecados, o por mi buena suerte, me encuentro por ahí con algún gigante, como de ordinario les acontece a los caballeros andantes, y le derribo de un encuentro, o le parto por mitad del cuerpo, o, finalmente, le venzo y le rindo, ¿no será bien tener a quien enviarle presentado, y que entre y se hinque de rodillas ante mi dulce señora, y diga con voz humilde y rendida: «Yo, señora, soy el gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania, a quien venció en singular batalla el jamás como se debe alabado caballero don Quijote de la Mancha, el cual me mandó que me presentase ante la vuestra merced, para que la vuestra grandeza disponga de mí a su talante»?

¡Oh, cómo se holgó nuestro buen caballero cuando hubo hecho este discurso, y más cuando halló a quien dar nombre de su dama! Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo ni le dio cata dello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a esta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla «Dulcinea del Toboso» porque era natural del Toboso: nombre, a su parecer, músico y peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas había puesto.
Bueno, lo he estirado un poco más pero bien merece la pena.

Salu2
Salud2

Avatar de Usuario
Alonso_Quijano
Mensajes: 509
Registrado: Jue 27 Ene, 2005 01:00
Ubicación: En mi biblioteca... entre libros de caballerías

Mensaje por Alonso_Quijano » Sab 02 Abr, 2005 22:55

Hola bscout! ya tienes la silla preparada :mrgreen:... esto se pone cada vez mejor, porque junto con el amigo vespertilum estamos haciendo un pequeño recorrido por unas de las páginas más célebres de nuestra historia literaria... como no podía ser menos, en el año del IV Centenario... Has traído muy oportuno el soneto de Borges, así que esperamos tu colaboración; además, ya me estoy acostumbrando a tu compañía :D

Esta vez, para elegir el pasaje, de igual manera que he tratado de relacionar temas anteriormente, quería condensar lo que en estos últimos post hemos puesto, es decir, aquél que contuviera todos los temas resumidos: amor, poesía y la inclusión de "novela". El pasaje que era exacto es el que se corresponde con la intercalación de la novela "El curioso impertinente", que en puridad se extiende por 3 capítulos de la primera parte (XXXIII, XXXIV y XXXV), aunque sirve de pórtico introductorio el capítulo XXXII. La acción proviene de la llegada a la venta de Juan Palomeque de "toda la cuadrilla de Don Quijote" (DQ, Sancho, el barbero, el cura, Dorotea y Cardenio), aquella venta de los capítulos XVI y XVII donde beben el bálsamo de fierabrás y Sancho es manteado... y que nada tiene que ver con la primera venta, la de las putas y la vela de armas (capítulos II y III). Salieron entonces de la venta sin pagar nada, y ahora llegan con más gente... tras cierto detalle sobre el pago por el hospedaje, y en reunión amistosa, sale a cuento que la locura de DQ es debida a la lectura de libros de caballerías; el ventero se extraña, porque para él tales libros son los mejores "textos escritos" (además de por el se consideran como ciertos y verdaderos, por escritos y por aval del Consejo Real). Al hilo de la virtud de los libros, que no necesariamente vuelven loco, sino que sirven de entretenimiento y diversión (porque los leen los segadores en voz alta, para distraer y amenizar), sale al caso pedirlos el cura, y de aquellos papeles "que de tan buena letra están escritos" sale la novela del "curioso impertinente", que pasan a contar (sin la presencia de DQ, que está en otra habitación, y del que solo tendremos noticia cuando hacia el final del relato se pone a luchar, en sueños, contra el gigante micomicón). Antes de poner el texto, creo que es conveniente indicar quiénes son los personajes de este relato: Anselmo y Lotario son los llamados "los dos amigos" de tan amigos que son; Anselmo se casa con Camila (mujer de bondad y hermosura "bastantes a enamorar a una estatua de mármol"). Anselmo (el curioso impertinente) le pide un favor a Lotario para poner a prueba a Camila, y averiguar si esa mujer es, como dicen en los Proverbios de la Biblia (31,9) "la mujer ideal" ("¿Quién encontrará a una muer ideal? Vale mucho más que las piedras preciosas. Su marido confía plenamente en ella, pues no carecerá de nada").

Tras estos breves apuntes previos, os dejo aquí un pasaje de la novela "El curioso impertinente", extraído del capítulo XXXIV de la primera parte, que a mi ver condensa esos temas a los que nos hemos referido en los anteriores post (amor, poesía y novela):
Quedaron deste acuerdo el impertinente y el traidor amigo; y, vuelto Anselmo a su casa, preguntó a Camila lo que ella ya se maravillaba que no se lo hubiese preguntado: que fue que le dijese la ocasión por que le había escrito el papel que le envió. Camila le respondió que le había parecido que Lotario la miraba un poco más desenvueltamente que cuando él estaba en casa; pero que ya estaba desengañada y creía que había sido imaginación suya, porque ya Lotario huía de vella y de estar con ella a solas. Díjole Anselmo que bien podía estar segura de aquella sospecha, porque él sabía que Lotario andaba enamorado de una doncella principal de la ciudad, a quien él celebraba debajo del nombre de Clori, y que, aunque no lo estuviera, no había que temer de la verdad de Lotario y de la mucha amistad de entrambos. Y, a no estar avisada Camila de Lotario de que eran fingidos aquellos amores de Clori, y que él se lo había dicho a Anselmo por poder ocuparse algunos ratos en las mismas alabanzas de Camila, ella, sin duda, cayera en la desesperada red de los celos; mas, por estar ya advertida, pasó aquel sobresalto sin pesadumbre.

Otro día, estando los tres sobre mesa, rogó Anselmo a Lotario dijese alguna cosa de las que había compuesto a su amada Clori; que, pues Camila no la conocía, seguramente podía decir lo que quisiese.

-Aunque la conociera -respondió Lotario-, no encubriera yo nada, porque cuando algún amante loa a su dama de hermosa y la nota de cruel, ningún oprobrio hace a su buen crédito. Pero, sea lo que fuere, lo que sé decir, que ayer hice un soneto a la ingratitud desta Clori, que dice ansí:

Soneto

En el silencio de la noche, cuando
ocupa el dulce sueño a los mortales,
la pobre cuenta de mis ricos males
estoy al cielo y a mi Clori dando.
Y, al tiempo cuando el sol se va mostrando
por las rosadas puertas orientales,
con suspiros y acentos desiguales,
voy la antigua querella renovando.
Y cuando el sol, de su estrellado asiento,
derechos rayos a la tierra envía,
el llanto crece y doblo los gemidos.
Vuelve la noche, y vuelvo al triste cuento,
y siempre hallo, en mi mortal porfía,
al cielo, sordo; a Clori, sin oídos.

Bien le pareció el soneto a Camila, pero mejor a Anselmo, pues le alabó, y dijo que era demasiadamente cruel la dama que a tan claras verdades no correspondía. A lo que dijo Camila:

-Luego, ¿todo aquello que los poetas enamorados dicen es verdad?

-En cuanto poetas, no la dicen -respondió Lotario-; mas, en cuanto enamorados, siempre quedan tan cortos como verdaderos.

-No hay duda deso -replicó Anselmo, todo por apoyar y acreditar los pensamientos de Lotario con Camila, tan descuidada del artificio de Anselmo como ya enamorada de Lotario.

Y así, con el gusto que de sus cosas tenía, y más, teniendo por entendido que sus deseos y escritos a ella se encaminaban, y que ella era la verdadera Clori, le rogó que si otro soneto o otros versos sabía, los dijese:

-Sí sé -respondió Lotario-, pero no creo que es tan bueno como el primero, o, por mejor decir, menos malo. Y podréislo bien juzgar, pues es éste:

Soneto

Yo sé que muero; y si no soy creído,
es más cierto el morir, como es más cierto
verme a tus pies, ¡oh bella ingrata!, muerto,
antes que de adorarte arrepentido.
Podré yo verme en la región de olvido,
de vida y gloria y de favor desierto,
y allí verse podrá en mi pecho abierto
cómo tu hermoso rostro está esculpido.
Que esta reliquia guardo para el duro
trance que me amenaza mi porfía,
que en tu mismo rigor se fortalece.
¡Ay de aquel que navega, el cielo escuro,
por mar no usado y peligrosa vía,
adonde norte o puerto no se ofrece!

También alabó este segundo soneto Anselmo, como había hecho el primero, y desta manera iba añadiendo eslabón a eslabón a la cadena con que se enlazaba y trababa su deshonra, pues cuando más Lotario le deshonraba, entonces le decía que estaba más honrado; y, con esto, todos los escalones que Camila bajaba hacia el centro de su menosprecio, los subía, en la opinión de su marido, hacia la cumbre de la virtud y de su buena fama
.

Por "novela" no se entendía el concepto que hoy tenemos (que es decimonónico), sino un relato corto, motivo por el que la he entrecomillado y puesto en cursiva anteriormente. Me gustaría hacer un pequeño comentario sobre los otros motivos para elegir este pasaje, si me lo permitís. Ahora voy a cenar, pero "si lo tenéis a bien" después os cuento dos o tres cosillas que me parecen interesantes.
Última edición por Alonso_Quijano el Mar 05 Abr, 2005 01:28, editado 1 vez en total.
—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida...

Avatar de Usuario
bluegardenia
Mensajes: 6113
Registrado: Sab 11 Oct, 2003 02:00
Ubicación: El Páramo del Espanto

Mensaje por bluegardenia » Sab 02 Abr, 2005 23:34

Si hacen un huequecito y permiten que me arrime, dejo mi perla haciendo hilo con la aparición de Borges:

Pierre Menard, Autor del Quijote
Jorge Luis Borges:
No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil. Una doctrina filosófica es al principio una descripción verosímil del universo; giran los años y es un mero capítulo -cuando no un párrafo o un nombre- de la historia de la filosofía. En la literatura, esa caducidad fianl es aun más notoria. El Quijote -me dijo Menard- fue ante todo un libro agradable; ahora es una ocasión de brindis patrióticos, de soberbia gramatical, de obscenas ediciones de lujo. La gloria es una incomprensión y quizá la peor.
Nada tienen de nuevo esas comprobaciones nihilistas; lo singular es la decisión que de ellas derivó Pierre Menard. Resolvió adelantarse a la vanidad que aguarda todas las fatigas del hombre; acometió una empresa complejísima y de antemano fútil. Dedicó sus escrúpulos y vigilias a repetir en un idioma ajeno un libro preexistente. Multiplicó los borradores; corrigió tenazmente y desgarró miles de páginas manuscritas. No permitió que fueran examinadas por nadie y cuidó que no le sobrevivieran. En vano, he procurado reconstruirlas...
En la mula solo tiene una fuente, si no lo bajan y les interesa lo escaneo.
ed2k linkBorges, Jorge Luis - Pierre Menard, Autor Del Quijote.pdf ed2k link stats

Un saludo :wink:

PS. No leí aun todo el hilo, espero que no haya sido citado el Quijote de Menard.

Avatar de Usuario
Alonso_Quijano
Mensajes: 509
Registrado: Jue 27 Ene, 2005 01:00
Ubicación: En mi biblioteca... entre libros de caballerías

Mensaje por Alonso_Quijano » Dom 03 Abr, 2005 02:37

Bienvenido, bluegardenia... ¿huequecito? vespertilum pásame otra silla que se nos une blue :D. Todavía no se había citado la obrita de Borges que has aportado; fue bscout quien nos trajo a Borges, y como se puede ver ha sido un gran acierto; el hilo queda más completo, así que son bienvenidas todas las aportaciones sobre el tema. Contamos con "vuestras mercedes" para todo lo que tengan a bien exponer...

El "Pierre Menard..." de Borges no he tenido oportunidad de leerlo, así que me interesa mucho. Los únicos datos que conozco es que es una obra de ficción por la que Borges cuenta su relación con un tal Pierre Menard, que tiene como objetivo hacer "el Quijote" en el s. XX, metiéndose en la piel de un escritor del Siglo de Oro... tanto es así que escribe un "Quijote" con las mismas palabras que el de Cervantes; sería por tanto una obra idéntica, escrita por un extranjero... creo que se ha hablado algo relativo a la opinión que le merecía a Borges las traducciones, y que con esta ficción también expresa su parecer.

Respecto lo que decía antes de comentar unos pequeños detalles sobre el pasaje que os he dejado, allá voy ... por cierto, ¿os aburro mucho...? es que no sé si hago bien... Antes de seguir, avisadme si os parece fuera de lugar comentar cosas sobre los pasajes... es que yo me enrollo con nada.

Como comentaba en el otro post, la razón de elegir ese pasaje sobre "el curioso impertinente" es triple: el amor, la poesía y las novelas. Sobre el concepto de "novela" no me quiero extender más, aunque imagino que ya lo sabríais porque suele venir en las ediciones del Quijote. Más interesante eran los temas de la poesía y el amor, que tan ligados han ido siempre. El tema amoroso lo estrenó vespertilum con la carta de DQ a Dulcinea, y vuelve a verse en el pasaje del "cautivo"; en "el curioso..." toma mucha fuerza porque se lleva al extremo en cuanto los sentimientos, pues ¿que no sino el amor lleva a Anselmo a poner a prueba la castidad y virtud de su mujer, pese todas las advertencias de Lotario? (por cierto, advertencias muy buenas que se reducen en el "poco que ganar, y mucho que perder", con los ejemplos del diamante fino que se pone a prueba con yunque y martillo y resulta quebrado; y que la mujer buena ha de guardarse como un hermoso jardín lleno de flores y rosas para que el resto, gocen de su fagancia y hermosura detras de las verjas de hierro; en fin, que la somete a la "prueba de la tentación"). La "novela" está ambientada en Florencia, fruto probable de la estancia del propio Cervantes en Italia cuando, tras ser acusado de haber herido a un hombre, es aconsejado por un pariente que marche a Italia, donde quedará bajo la mano del Cardenal de Acquaviva en Roma. Es por entonces cuando, alistado, va a la Batalla de Lepanto (1571), y al terminar (herido por un disparo de arcabuz), con voluntad de regresar a España, es capturado por un corsario que lo lleva al "cautiverio de Argel"; y esto os lo cuento por el pasaje de vespertilum, ya que al parecer ese relato está basado en esa experiencia.

Sobre la poesía, me llaman la atención algunas cosas que os comento por si queréis decir algo. Como ya sabréis en el Siglo de Oro (como en tantas otras épocas), existían roces entre los escritores, sobre todo por la "fama y honor" (ese ego...); enfrentamientos como los que se ven en la obra de Quevedo contra Góngora (y viceversa), Góngora contra Lope (y viceversa)... y creo que también se echa de ver en Cervantes-Lope. Hay una alusión directa de Lope a Cervantes en el prólogo del "Quijote" de Avellaneda (aunque hay dudas sobre la autoría de Lope), donde lo pone a caer de un burro; os extracto una parte del prólogo (del "Quijote" de Avellaneda) que me parece interesante:
...sale al principio desta segunda parte de sus hazañas éste, menos cacareado y agresor de sus letores que el que a su primera parte puso Miguel de Cervantes Saavedra, y más humilde que el que segundó en sus Novelas, más satíricas que ejemplares, si bien no poco ingeniosas. No le parecerán a él lo son las razones desta historia, que se prosigue con la autoridad que él la comenzó y con la copia de fieles relaciones que a su mano llegaron; y digo mano, pues confiesa de sí que tiene sola una; y hablando tanto de todos, hemos de decir dél que, como soldado tan viejo en años cuanto mozo en bríos, tiene más lengua que manos (...) Y, pues Miguel de Cervantes es ya de viejo como el castillo de San Cervantes, y por los años tan mal contentadizo, que todo y todos le enfadan, y por ello está tan falto de amigos, que cuando quisiera adornar sus libros con sonetos campanudos, había de ahijarlos como él dice al Preste Juan de las Indias o al Emperador de Trapisonda, por no hallar título quizás en España que no se ofendiera de que tomara su nombre en la boca, con permitir tantos vayan los suyos en los principios de los libros del autor de quien murmura; ¡y plegue a Dios aun deje, ahora que se ha acogido a la iglesia y sagrado! Conténtese con su Galatea y comedias en prosa, que eso son las más de sus novelas: no nos canse. Santo Tomás, en la 2, 2, q. 36, enseña que la envidia es tristeza del bien y aumento ajeno, dotrina que la tomó de san Juan Damasceno.
Lo mejor era que lo leyérais vosotros mismos; fijaos la cantidad de cosas que le dice: desde agresor de sus lectores, hasta manco, más lengua que manos, que no tiene amigos, que no canse con sus novelas... y en definitiva que los oprobios que le había hecho al propio Lope venían de la envidia.

Yo creo que no debía ir muy desencaminado Lope con eso de la envidia, visto el éxito que estaba teniendo éste. El propio Cervantes reconoce tal éxito en el prólogo de sus "8 Comedias y 8 Entremeses" cuando dice que "entró el monstruo de la naturaleza, el gran Lope de Vega, y alzóse con la monarquía cómica". En el "Quijote" de Cervantes se puede encontrar referencias a Lope (y, por supuesto, a Fernández de Avellaneda, como la defensa por Martín de Riquer por su identificación con Ginés de Pasamonte, el galeote), pero donde quiero hacer hincapié es en el terreno de la poesía. Del "Quijote", de los pocos sonetos que hay, están los contenidos en "el curioso..." y que os he transcrito (en otros capítulos encontramos algún otro; ved el mensaje posterior). Cervantes no fue un gran poeta (en el mismo prólogo que antes, se lee "me dijo un librero que él me las comprara si un autor de título no le hubiera dicho que de mi prosa se podía esperar mucho, pero que del verso, nada; y si va a decir la verdad, cierto que me dio pesadumbre el oírlo, y dije entre mi: o yo me he mudado en otro, o los tiempos se han mejorado mucho"). Esto es significativo porque la producción en verso de Cervantes parece no destacar (quizá ensombrecida por los genios del momento); por eso me parece ver cierto resquemor de Cervantes por este género literario, a observar no solo en el fragmento que puse en otro post sobre la poesía (calificada de enfermedad, aunque cabe interpretación positiva: quien la pruebe ya no puede dejar de hacerla; poesía como veneno), sino en la "Adjunta al Parnaso" en la parte del "Apolo Délfico" (Apolo era también Dios de la poesía), al referirse a los "privilegios, ordenanzas y advertencias que Apolo envía a los poetas españoles" (sobre los destinatarios ya da que pensar), y que dice, entre otras cosas: poetas conocidos tanto por el desaliño de sus personas como por la fama de sus versos; que si algún poeta dijere que es pobre que se le crea sin que lo jure; que si el poeta va a comer a casa de un amigo y jura que ya ha comido, que no se le crea y que le hagan comer por la fuerza; que el más pobre poeta puede decir que es enamorado aunque no lo esté y llamarla Amarili, Clori, Filis... En estos últimos nombres yo veo a Lope, y en las demás referencias (que entroncan con el pasaje que he puesto antes de "el curioso..." al preguntar Camila si todo lo que dicen los poetas enamorados es verdad) cierta impotencia para despuntar en este campo... y, al fin y al cabo, en esa lucha por el reconocimiento popular (y de los editores, claro), y por el genio de Lope.

No me enrollo más, porque no quiero ser pesado. Quedando con vuestras mercedes,
Alonso.
Última edición por Alonso_Quijano el Mar 05 Abr, 2005 01:34, editado 1 vez en total.
—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida...

Avatar de Usuario
vespertilum
Mensajes: 1092
Registrado: Mar 16 Mar, 2004 01:00
Ubicación: Caesaraugusta

Mensaje por vespertilum » Lun 04 Abr, 2005 00:40

No silla sino sillón
para bluegardenia ha de haber,
y para quien sea menester
con dicha y pasión.

Aquí el inmortal Cervantes sublima,
aquí cabalga el triste Quijote,
aquí su querido Sancho admiróle
aquí su Dulcinea nuestra mente cautiva.

Conste que solo escribo estas cosas cuando el porcentaje de alcohol en sangre alcanza cierto nivel :roll:

Hoy pongo un par de pasajes, también relacionados con el tema amoroso. En el primero, cortito él, don Quijote se encomienda a su amada antes de adentrarse en una profunda sima. Capítulo 22 de la segunda parte.
—¡Oh señora de mis acciones y movimientos, clarísima y sin par Dulcinea del Toboso! Si es posible que lleguen a tus oídos las plegarias y rogaciones deste tu venturoso amante, por tu inaudita belleza te ruego las escuches, que no son otras que rogarte no me niegues tu favor y amparo, ahora que tanto le he menester. Yo voy a despeñarme, a empozarme y a hundirme en el abismo que aquí se me representa, solo porque conozca el mundo que si tú me favoreces no habrá imposible a quien yo no acometa y acabe.
En el capítulo 8 de la segunda parte don Quijote y Sancho parten al Toboso. Don Quijote pide señas a Sancho sobre su señora, pues éste supuestamente la había conocido en un hipotético viaje anterior.
Aquí se mezclan el amor del caballero y el humor de la situación.

—Sancho amigo, la noche se nos va entrando a más andar, y con más escuridad de la que habíamos menester para alcanzar a ver con el día al Toboso, adonde tengo determinado de ir antes que en otra aventura me ponga, y allí tomaré la bendición y buena licencia de la sin par Dulcinea; con la cual licencia pienso y tengo por cierto de acabar y dar felice cima a toda peligrosa aventura, porque ninguna cosa desta vida hace más valientes a los caballeros andantes que verse favorecidos de sus damas.

—Yo así lo creo —respondió Sancho—, pero tengo por dificultoso que vuestra merced pueda hablarla ni verse con ella, en parte a lo menos que pueda recebir su bendición, si ya no se la echa desde las bardas del corral, por donde yo la vi la vez primera, cuando le llevé la carta donde iban las nuevas de las sandeces y locuras que vuestra merced quedaba haciendo en el corazón de Sierra Morena.

—¿Bardas de corral se te antojaron aquellas, Sancho —dijo don Quijote—, adonde o por donde viste aquella jamás bastantemente alabada gentileza y hermosura? No debían de ser sino galerías, o corredores, o lonjas o como las llaman, de ricos y reales palacios.

—Todo pudo ser —respondió Sancho—, pero a mí bardas me parecieron, si no es que soy falto de memoria.

—Con todo eso, vamos allá, Sancho —replicó don Quijote—, que, como yo la vea, eso se me da que sea por bardas que por ventanas, o por resquicios, o verjas de jardines, que cualquier rayo que del sol de su belleza llegue a mis ojos alumbrará mi entendimiento y fortalecerá mi corazón, de modo que quede único y sin igual en la discreción y en la valentía.

—Pues en verdad, señor —respondió Sancho—, que cuando yo vi ese sol de la señora Dulcinea del Toboso, que no estaba tan claro, que pudiese echar de sí rayos algunos; y debió de ser que como su merced estaba ahechando aquel trigo que dije, el mucho polvo que sacaba se le puso como nube ante el rostro y se le escureció.

—¡Que todavía das, Sancho —dijo don Quijote—, en decir, en pensar, en creer y en porfiar que mi señora Dulcinea ahechaba trigo, siendo eso un menester y ejercicio que va desviado de todo lo que hacen y deben hacer las personas principales, que están constituidas y guardadas para otros ejercicios y entretenimientos, que muestran a tiro de ballesta su principalidad! Mal se te acuerdan a ti, ¡oh Sancho!, aquellos versos de nuestro poeta donde nos pinta las labores que hacían allá en sus moradas de cristal aquellas cuatro ninfas que del Tajo amado sacaron las cabezas y se sentaron a labrar en el prado verde aquellas ricas telas que allí el ingenioso poeta nos describe, que todas eran de oro, sirgo y perlas contestas y tejidas. Y desta manera debía de ser el de mi señora cuando tú la viste, sino que la envidia que algún mal encantador debe de tener a mis cosas, todas las que me han de dar gusto trueca y vuelve en diferentes figuras que ellas tienen; y, así, temo que en aquella historia que dicen que anda impresa de mis hazañas, si por ventura ha sido su autor algún sabio mi enemigo, habrá puesto unas cosas por otras, mezclando con una verdad mil mentiras, divertiéndose a contar otras acciones fuera de lo que requiere la continuación de una verdadera historia. ¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo, pero el de la envidia no trae sino disgustos, rancores y rabias.

—Eso es lo que yo digo también —respondió Sancho—, y pienso que en esa leyenda o historia que nos dijo el bachiller Carrasco que de nosotros había visto debe de andar mi honra a coche acá, cinchado, y, como dicen, al estricote, aquí y allí, barriendo las calles. Pues a fe de bueno que no he dicho yo mal de ningún encantador, ni tengo tantos bienes que pueda ser envidiado; bien es verdad que soy algo malicioso y que tengo mis ciertos asomos de bellaco, pero todo lo cubre y tapa la gran capa de la simpleza mía, siempre natural y nunca artificiosa; y cuando otra cosa no tuviese sino el creer, como siempre creo, firme y verdaderamente en Dios y en todo aquello que tiene y cree la santa Iglesia Católica Romana, y el ser enemigo mortal, como lo soy, de los judíos, debían los historiadores tener misericordia de mí y tratarme bien en sus escritos. Pero digan lo que quisieren, que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; aunque por verme puesto en libros y andar por ese mundo de mano en mano, no se me da un higo que digan de mí todo lo que quisieren.
Salu2

PS. Y por qué no decirlo, quedo a la espera de los comentarios de nuestro Quijote, que amplios y gustosos son. :D
Salud2

Avatar de Usuario
Alonso_Quijano
Mensajes: 509
Registrado: Jue 27 Ene, 2005 01:00
Ubicación: En mi biblioteca... entre libros de caballerías

Mensaje por Alonso_Quijano » Mar 05 Abr, 2005 01:23

Gracias vespertilum :D Ahora paso a mi, hoy breve, intervención.
Conste que solo escribo estas cosas cuando el porcentaje de alcohol en sangre alcanza cierto nivel.
:plas: Bien se las merece bluegardenia, sin duda; esos dos cuartetos en verso libre, el primero en rima consonante, y el segundo en rima asonante; y esa anáfora en el segundo cuarteto... y, por supuesto, el contenido: marchando un sillón para blue!

Hoy tengo poco tiempo, así que os dejo un pasaje referido también al amor (que estamos tratando por ahora), y donde podemos ver una poesía que Cervantes pone en boca de DQ, aunque con cierta intención de burla y motivar la locura del hidalgo. Sobre las poesías, solo quería recordar que también encontramos sonetos en el capítulo XXVII, en el XL y en el LII de la Primera Parte (hay alguna canción, como en los capítulos XIV y XLIII, que podrían considerarse poesías en verso libre...); en el capítulo V y en el XXXIII, por ejemplo, hay otros versos, pero no son de Cervantes. Lo digo por precisar un poquito. En cambio, en la Segunda Parte, a simple vista no he encontrado ningún soneto, y como formas en verso solo alguna glosa (en XVIII), varios romance (como en XLVI), y una especie de letrilla sin rima en LVII, pero poco más. El pasaje que os pongo pertenece al capítulo XXVI de la Primera Parte, y se enmarca en el momento en el cual DQ pide a Sancho que le lleve una carta a Dulcinea (la carta que arriba transcribió vespertilum); así que nuestro protagonista se queda solo durante un tiempo (claro, Sancho se ha ido a hacer el encargo), y esto es lo que pasa:... Don Quijote ...
se subió sobre una punta de una alta peña y allí tornó a pensar lo que otras muchas veces había pensado, sin haberse jamás resuelto en ello. Y era que cuál sería mejor y le estaría más a cuento: imitar a Roldán en las locuras desaforadas que hizo, o Amadís en las malencónicas. Y, hablando entre sí mesmo, decía:

-Si Roldán fue tan buen caballero y tan valiente como todos dicen, ¿qué maravilla?, pues, al fin, era encantado y no le podía matar nadie si no era metiéndole un alfiler de a blanca por la planta del pie, y él traía siempre los zapatos con siete suelas de hierro. Aunque no le valieron tretas contra Bernardo del Carpio, que se las entendió y le ahogó entre los brazos, en Roncesvalles. Pero, dejando en él lo de la valentía a una parte, vengamos a lo de perder el juicio, que es cierto que le perdió, por las señales que halló en la fontana y por las nuevas que le dio el pastor de que Angélica había dormido más de dos siestas con Medoro, un morillo de cabellos enrizados y paje de Agramante; y si él entendió que esto era verdad y que su dama le había cometido desaguisado, no hizo mucho en volverse loco. Pero yo, ¿cómo puedo imitalle en las locuras, si no le imito en la ocasión dellas? Porque mi Dulcinea del Toboso osaré yo jurar que no ha visto en todos los días de su vida moro alguno, ansí como él es, en su mismo traje, y que se está hoy como la madre que la parió; y haríale agravio manifiesto si, imaginando otra cosa della, me volviese loco de aquel género de locura de Roldán el furioso. Por otra parte, veo que Amadís de Gaula, sin perder el juicio y sin hacer locuras, alcanzó tanta fama de enamorado como el que más; porque lo que hizo, según su historia, no fue más de que, por verse desdeñado de su señora Oriana, que le había mandado que no pareciese ante su presencia hasta que fuese su voluntad, de que se retiró a la Peña Pobre en compañía de un ermitaño, y allí se hartó de llorar y de encomendarse a Dios, hasta que el cielo le acorrió, en medio de su mayor cuita y necesidad. Y si esto es verdad, como lo es, ¿para qué quiero yo tomar trabajo agora de desnudarme del todo, ni dar pesadumbre a estos árboles, que no me han hecho mal alguno? Ni tengo para qué enturbiar el agua clara destos arroyos, los cuales me han de dar de beber cuando tenga gana. Viva la memoria de Amadís, y sea imitado de don Quijote de la Mancha en todo lo que pudiere; del cual se dirá lo que del otro se dijo: que si no acabó grandes cosas, murió por acometellas; y si yo no soy desechado ni desdeñado de Dulcinea del Toboso, bástame, como ya he dicho, estar ausente della. Ea, pues, manos a la obra: venid a mi memoria, cosas de Amadís, y enseñadme por dónde tengo de comenzar a imitaros. Mas ya sé que lo más que él hizo fue rezar y encomendarse a Dios; pero, ¿qué haré de rosario, que no le tengo? En esto le vino al pensamiento cómo le haría, y fue que rasgó una gran tira de las faldas de la camisa, que andaban colgando, y diole once ñudos, el uno más gordo que los demás, y esto le sirvió de rosario el tiempo que allí estuvo, donde rezó un millón de avemarías. Y lo que le fatigaba mucho era no hallar por allí otro ermitaño que le confesase y con quien consolarse. Y así, se entretenía paseándose por el pradecillo, escribiendo y grabando por las cortezas de los árboles y por la menuda arena muchos versos, todos acomodados a su tristeza, y algunos en alabanza de Dulcinea. Mas los que se pudieron hallar enteros y que se pudiesen leer, después que a él allí le hallaron, no fueron más que estos que aquí se siguen:

Árboles, yerbas y plantas
que en aqueste sitio estáis,
tan altos, verdes y tantas,
si de mi mal no os holgáis,
escuchad mis quejas santas.
Mi dolor no os alborote,
aunque más terrible sea,
pues, por pagaros escote,
aquí lloró don Quijote
ausencias de Dulcinea
del Toboso.
Es aquí el lugar adonde
el amador más leal
de su señora se esconde,
y ha venido a tanto mal
sin saber cómo o por dónde.
Tráele amor al estricote,
que es de muy mala ralea;
y así, hasta henchir un pipote,
aquí lloró don Quijote
ausencias de Dulcinea
del Toboso.
Buscando las aventuras
por entre las duras peñas,
maldiciendo entrañas duras,
que entre riscos y entre breñas
halla el triste desventuras,
hirióle amor con su azote,
no con su blanda correa;
y, en tocándole el cogote,
aquí lloró don Quijote
ausencias de Dulcinea
del Toboso.

No causó poca risa en los que hallaron los versos referidos el añadidura del Toboso al nombre de Dulcinea, porque imaginaron que debió de imaginar don Quijote que si, en nombrando a Dulcinea, no decía también del Toboso, no se podría entender la copla; y así fue la verdad, como él después confesó. Otros muchos escribió, pero, como se ha dicho, no se pudieron sacar en limpio, ni enteros, más destas tres coplas. En esto, y en suspirar y en llamar a los faunos y silvanos de aquellos bosques, a las ninfas de los ríos, a la dolorosa y húmida Eco, que le respondiese, consolasen y escuchasen, se entretenía, y en buscar algunas yerbas con que sustentarse en tanto que Sancho volvía; que, si como tardó tres días, tardara tres semanas, el Caballero de la Triste Figura quedara tan desfigurado que no le conociera la madre que lo parió.
Amadís es conocido; Roldán menos... hay un libro titulado "El cantar de Roldán" ("la Chanson de Roland", anónimo del s. XII), que es uno de los 4 grandes Cantares épicos medievales; hay varias ediciones en español, y cuenta las hazañas de este servidor de Carlomagno, cuando luchaba en el s. VIII contra los musulmanes en España (Batalla de Roncesvalles, año 778, en el Pirineo de Navarra), y quedaba como reducto Zaragoza...

La próxima vez os cuento algo sobre el amor de DQ, y ya tengo seleccionado el pasaje...
Alonso.
—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida...

Responder