Viene de una película que marcó mi infancia. La ví sólo, de madrugada, con tan sólo once añitos. Ese era un tiempo en que desafiaba a mis padres y veía películas que ellos pensaban que no podría entender. Recuerdo que tras quedar fascinado, pregunté a mi madre:
Me ha gustado mucho la película, pero no entiendo el final, cuando todos se reunen, forman un corro, bailan juntos. Y mi madre, siempre lúcida, muy sensible:
Es que Fellini es un director que piensa que la vida es como un circo, por eso, todos, amigos y enemigos, se cogen de la mano, la amante, la mujer, el productor, el crítico,....
La memoria es una extraña forma de recuerdo. Y yo recordaba mal una palabra:
nisimasa, que es una palabra mágica, que devuelve a la infancia a
Marcello Mastroianni, a mitad del relato, un flashback que forma parte de una sinfonía, co-dirigida por
Nino Rota, y entonces, ante el protagonista todo se vuelve grande, las mujeres le arropan, todo son sábanas, telas, calor, pechos que se aproximan. Recordaba mal aquella mágica palabra que tanto me gusta y que repetía mal a menudo: misi-nasa, misi-nasa. La película:
Otto e mezzo.
