Mensaje secretos del cine: Chaplin. Luces en la ciudad (1)
Por cambiar un poco de temática, hoy postearé sobre “
Mensajes Secretos del Cine”. Éste es precisamente el título de un libro de Gastón Soublette. No tiene ni una sola foto, ni análisis cinematográfico al uso, del tipo plano-contraplano, racord, etc., sino que se describen y se interpretan algunas situaciones de varias películas, entre ellas ésta de Chaplin.
Pues bueno, con un poquillo de paciencia he hecho algunas capturas (que ya le voy cogiendo el truquillo), y aquí está el trabajillo. Ya os aviso que “aproveché el viaje” y en otra ocasión comentaré alguna escena más.
Se estrenó en el año 1931. Recordemos que se está en plena crisis económica (crack de 1929). Y la película comienza con la siguiente secuencia:
Tras una breve obertura orquestal en la que se enlazan tres temas musicales que luego van a sonar en distintos momentos: uno de carácter satírico (que Soublette califica de “jota española”, y a mí me recuerda alguna de las notas burlescas de “El sombrero de tres picos”) y que lo usa en otros pasajes de la película para describir los momentos más encopetados y ostentosos de la sociedad; otro de carácter romántico y meláncolico (amor por la chica, soledad, etc.) y un pasaje jazzístico en trompeta, que suele salir en los momentos en que el personaje tiene mala suerte.
La abertura da paso a unas trompetas en plan fanfarria, y entonces aparece el “primer plano” de la peli, que no es un primer plano, sino una panorámica general(cap.1).:
1.

Como veis, es una escenografía con altos edificios y una iglesia al fondo. En la zona media, hay una plaza, limitada por detrás por una verja tras la que hay vegetación. El primer plano del encuadre lo ocupa una gran aglomeración de público, de espaldas a la cámara.
En el centro de la plaza, se ve algo voluminoso cubierto con un lienzo. Comprendemos que las autoridades y las “fuerzas vivas” van a inaugurar un monumento público.
A pesar de que podría haber introducido diálogos, Chaplin prefiere informarnos con un cartelón de lo que está sucediendo (cap. 2).
2.

Inmediatamente, el primer orador toma la palabra (Cap.3). Observar su dedo admonitorio mientras se dirige a la multitud. Y aquí viene lo bueno: No habla. Solo emite sonidos, del tipo:
3.

Para-para-para-parará---- parará, parará, pará, parará… Eso sí, con la cadencia que le impondría un orador a un discurso al uso, pero como si se pasara un audio a gran velocidad. El efecto es cómico.
Cede la palabra a una distinguida dama, sobre la cual no digo nada, porque ya la véis.(cap. 4). Puritana al máximo. Con cara de estreñida. Meliflua.
4.

Aquí el discurso es aún mejor:
Pí-pí-pi-ti-ti… Con un sonido parecido al de las trompetillas de las ferias.
Y enseguida entra en cuadro un tercer personaje muy ceremonioso que, por la pinta, debe ser el patrocinador, con gafas y perilla, caricaturizado como lo que podríamos llamar “el prestamista”, “el avaro”… (Cap. 5)
5.

Se ridiculiza el cine parlante, sonorizando los discursos mencionados con articulaciones ininteligibles. Y a la vez se burla de todos los rituales de la sociedad y de los pomposos personajes públicos que hablan como loros y cacatúas.
Las autoridades se vuelven hacia el monumento y los vemos en un “picado” tomado desde las alturas, mientras la dama tira de la cinta para retirar las telas que lo cubren. (Cap. 6)
6.

La lona empieza a subir, como si alguien tirara de ella, dando el efecto de que alguien situado en un “plano superior” ldescubre el monumento. Sube como subiría la funda que cubre la jaula de un pájaro, cuando tiramos de ella hacia arriba:
Primero vemos el pedestal, luego los pies de las figuras y finalmente: Sorpresa: (Cap. 7):
7.

Un vagabundo zarrapastroso se había refugiado bajo la lona y dormía profundamente en el regazo de la figura central.
Antes de continuar con la descripción de la escena, describamos el monumento. Se trata de tres figuras. La central es una mujer sentada en actitud solemne, vestida con atuendo clásico, de las que suelen usarse para representar a la Patria, la República, etc. A su izquierda (a nuestra derecha), hay un guerrero greco-latino tumbado, con la espada en alto, en actitud de ofrecerla a la mujer sentada. A la derecha de la mujer (nuestra izquierda), hay con una figura con la rodilla en tierra (con lo que mantiene una posición más alta que el guerrero), que con su mano derecha parece hacer un gesto de detención hacia la multitud, mientras vuelve su mano izquierda en un gesto típico de “poner la mano”, o “poner el cazo”, que dirían otros, para recibir “algo”.
La lectura es obvia y casi no merece comentario: La República (el Estado, en general), sustentado en las fuerzas del orden (represión) y en las fuerzas económicas que “chupan del bote”.
Volvemos al relato de la secuencia. En contrapicado, vemos a Chaplin dormido inocentemente. La multitud, escandalizada, grita. Los gritos le van despertando. Pero antes de enterarse del todo, se estira como un gatito (cap.

o más bien un perrito, porque no sería extraño que tuviese alguna pulga. (Además, es el primer ser “de verdad”, con sus sensaciones, sus olores, sus necesidades, que se ha visto hasta ahora. Lo demás, era pura tramoya).
"8".

Un picado: la sorpresa y la consternación de las fuerzas vivas (capt. 9). En contrapicado: el aturdimiento de Chaplín, sentado sobre el regazo de la Patria, mientras que por la izquierda le amenaza peligrosamente la punta de la espada (cap. 10)
9.

10.

La multitud continúa gritando. Chaplín intenta bajar (cap.11) y la espada le pincha justamente ahí, en el culo (lo de “dar por c….”, se diga como se diga en inglés, parece obvio). Consigue bajarse del regazo, pero la espada le ha atrapado por los fondillos de los pantalones (cap. 12).
11.

12.

Un picado (ahora tomado desde mucho más abajo) nos muestra a un agente de la autoridad increpándole y ordenándole bajar ( cap. 13). Observar que entre las fuerzas vivas y la multitud se ha hecho más evidente el cordón policial. Aunque los polis estaban también en la cap. 9, allí eran menos evidentes, y estaban de espaldas a la cámara (haciendo barrera entre el pueblo que asistía a la inauguración y las autoridades). Ahora, miran hacia cámara, al que asedian es al vagabundo que está en lo alto del monumento.
13.

El oficial sigue gritando, pero sus voces son interrumpidas por el himno nacional. Se calla y se cuadra muy serio, mientras saluda militarmente. (cap. 14). Lo mismo hacen los policías, mientras las autoridades se ponen en pie respetuosamente. Es un momento solemne.
Chaplin su suma a las muestras de respeto a la Patria (cap. 15), aunque sigue prendido por la espadona del militar.
14.

15.

Pero como está en equilibrio precario, oscila arriba y abajo, el sombrero en la mano, la mirada al frente, el gesto serio, intentando mantener una posición digna,
Termina el himno. Los gritos contra Chaplin arrecian. El oficial le ordena que baje inmediatament. Chaplin lo intenta (Cap. 16) y logra zafarse de la espada. Pero, al echarse hacia atrás, termina sentándose en la cara del guerrero, aferrándose al puño de la espada para no caerse. (Cap. 17)
16.

17.

En su azoramiento, siguen sus movimientos aturdidos sobre el pedestal. Se sienta sobre la mano abierta de la otra figura (cap. 18), irritando aún más a los policías y a la multitud. Los improperios siguen creciendo. Pone un pie sobre la pierna de una de las figuras para atarse el cordón de un zapato (Cap.19). Luego se adelanta un poco y acerca la nariz a la mano de la estatua (cap. 20), con lo que se compone el típico burlesco.
Los guardias le amenazan con detenerlo. Se despide, saludando cortésmente con el sombrero (cap. 21). Salta la verja (cap. 22), se va por la derecha de la imagen y desaparece (cap. 23).
En realidad, el mensaje de la secuencia tiene poco de “secreto” y es bastante “obvio”:
El vagabundo confíaba en la República, y en que pudiera cobijarlo, como una madre cobija a un hijo. Por eso se durmió confiado en su regazo. Pero, cuando despierta, ve que no es así. La República no quiere a los vagabundos, sino a los militones y a los banqueros, que la controlan y la esquilman. Por eso se la representa flanqueada por ellos.
El vagabundo es rechazado en dos planos, el figurado, por la espada que le pincha, la inestabilidad en la estatua, etc.. Y en el “real”, por el público que le grita y los policías que le amenazan…
En su estupor, el vagabundo no parece comprender lo que sucede, y termina retirándose de la circulación: se va “tras la verja”, separado de los demás… Pero antes, Chaplin devuelve el golpe, sentando al vagabundo en la cara del soldado y haciendo burla a la figura del capitoste…