Vamos a ver, señores: lo diré alto, claro y cristalino, para analizar hechos y no pensamientos o actitudes, como dice
bscout...
Diferenciación entre el espacio público y el espacio privado.- El espacio público (esto es, el poder: entendiendo como poder la
capacidad de hacer: el poder de gobernar, el de estudiar, el de adquirir cultura, el de investigar) ha estado tradicionalmente ligado a los hombres. Por eso, durante todos los siglos precedentes, han sido los hombres los que han copado todos los órdenes de la vida social. ¿Por qué ha sido eso? Hay varias causas. Entre ellas, y la más importante,
la capacidad de parir de la mujer, que la confinó al espacio privado: hacerse cargo de la educación de los hijos. La educación se basa, fundamentalmente (y aunque no lo queramos reconocer) en la perpetuación del sistema establecido. Y los sistemas se perpetúan mediante roles. Por eso a los hijos se les educaba en unos (el trabajo activo, el llevar dinero a casa) y a las mujeres en otro (llevar la casa con el dinero que les daba su marido).

Todo esto ha conllevado una serie de cosas. Porque, siendo francos, este sistema no ha desaparecido. Los principales puestos políticos siguen ocupados por hombres (el diez por ciento de las mujeres tan sólo en la ONU). Es el tan cacareado
Techo de Cristal. ¿Qué significa? Muy fácil. Entre un hombre y una mujer con los mismos méritos, se elegirá siempre para ocupar el alto cargo a un hombre. Veamos, si no, los partidos políticos. Las mujeres sirven para ser ministras o secretarias de Estado: no para ser presidentas de Gobierno:
Angela Merkel y
Tarja Halonen son simplemente excepciones (Alemania y Finlandia, por si no las situáis). El poder, en la mujer, se ve como algo circunstancial. Si no, uno puede ponerse a analizar los comentarios de las fotografías de todos los periódicos el día de investidura. Y hablo de
España y el diario
El Mundo. Foto de
Rodríguez Zapatero: pie de foto en el que se dice algo así como que el presidente del Gobierno llegó solo al Congreso de los Diputados.
Foto de ministras: pie de foto en el que se habla de la moda que llevan las mujeres al Congreso. Señores: estamos hablando de política: es el Congreso de los Diputados, no la Pasarela Cibeles.

Esta concepción de la mujer y del hombre se ha mamado desde la cuna y desde que el mundo es mundo, aun hoy. El
movimiento feminista propició cambios sociales, como el derecho al voto y la apertura de las Universidades para las mujeres. No sé si habrá algún estudio que lo atestigüe, pero sospecho (y es una teoría puramente personal) que las mujeres suelen elegir carreras de letras por propia educación -una educación más centrada en la empatía que la del hombre: no porque la empatía sea algo medianamente deseable, sino porque una mujer tiene que ser empática para saber en todo momento cuáles son las necesidades de su marido y de sus hijos-. Hay un libro magnífico sobre esto de Margarita Rivière y Salvador Paniker, cuyo subtítulo es La Eterna Impostura. En eso estoy de acuerdo: las luchas entre mujeres y hombres son una impostura. Por cierto, el movimiento feminista contó, entre sus miembros, a personas como
Karl Marx,
Friedrich Engels o
John Stuart Mills. Que no son susceptibles de ser mujeres...

Para entender la relación histórica de la mujer con la literatura,
nomegustaelcine, uno podría tomarse la molestia de leer un ensayito corto y delicioso de una de las mejores lectoras del mundo. Ella se llamaba
Virginia Woolf y su libro:
Un cuarto propio (o
Una Habitación Propia, según las traducciones). ¿Por qué ese título?
Woolf sostenía que la mujer, para escribir, necesitaba solvencia económica y una habitación propia. Es el dinero el que da independencia. Independencia monetario/ecológica, desde luego, pero también independencia psicológica. Y posibilidad de adquirir cultura y posibilidad de ocio. El ocio ha estado negado a las mujeres por los siglos de los siglos, hasta hace poco más de doscientos años, puesto que el ocio se asimilaba a otros trabajos domésticos (esto es, coser o decorar la casa) y los lugares públicos (cafés, bares) eran frecuentados por hombres sobre todo (y por mujeres de mal vivir, con lo cual ninguna señorita decente iría a esos antros de perversión). La posibilidad de debate, de confrontación, etc. era nula. De ahí la poca presencia de las mujeres en la literatura. Y de ahí, también, el que se hable tan poco de las mujeres literatas. Porque es el hombre el que tiene la supremacía cultural y el que ha ninguneado a las mujeres a lo largo de la historia (porque la historia, señores, se construye con lo público: con las guerras, las luchas de poder: no con lo que pasa de puertas adentro en una casa).

Decir que no existen mujeres en un determinado lugar no es ser machista. No preocuparse por el por qué no hay mujeres en determinado lugar sí lo es. No conocer las causas, no pensar en que esas causas han sido históricas, sociales y biológicas, no tener en cuenta que ser diferente no tiene por qué implicar ser desigual, sí es machista.
Superlopez... Siento disentir contigo, pero la ley de divorcio y la ley de violencia doméstica
son profundamente machistas. No privilegian a la mujer en absoluto. En cuanto a la ley de violencia doméstica, es ella y no el agresor la que tiene que cambiar de domicilio, la que tiene que huir y esconderse (¿no son los criminales los que tienen que esconderse?). El tema es muy complejo como para que yo te lo desgrane en un foro, pero no hace falta más que analizar una ley sabiendo leer esa ley. Yendo a lo subterráneo.
En cuanto a la ley de divorcio, que prima a la mujer... ¿En qué? La mujer es la que se queda con la casa y los hijos, dirás tú (en la mayoría de los casos, digo yo). Y eso perpetúa la idea de mujer dedicada al espacio privado, a la crianza de la progenie, lo que suele imposibilitar (en la mayoría de los casos) que una mujer pueda conseguir una pareja hasta que los niños no estén criados... La mujer divorciada y con hijos tiene el mismo status de madre soltera. A una mujer no le importa tanto estar con un hombre divorciado con hijos (total, los verá sólo cada quince días un ratito y quince días en vacaciones... No son un problema), pero en el caso de un hombre que se encuentre con una mujer con, pongamos dos o tres hijos: ¿no hace salir por patas? Teniendo en cuenta que una mujer sola con hijos pequeños al cargo salga a la calle de farra: que la mayoría, obviamente, no lo hacen... Pasar una pensión compensatoria es sólo dinero. Las implicaciones profundas son las que interesan.

¿Cuál es el problema de las leyes? ¿Cuál es el problema para las mujeres? Que no se las deja, porque no tienen representantes en la vida pública (las políticas son cuatro gatas, la inmensa mayoría puestas para satisfacer una cuota) realizar proyectos de ley para mujeres hechos por mujeres: que concilien la vida familiar y la laboral, que les permitan de hecho acceder a puestos de trabajo en igualdad de condiciones y que les permitan conquistar el espacio público. Y que a su vez, permitan a los hombres conquistar el espacio privado. ¿Qué ocurre? Que el espacio privado: es decir, la casa, es visto como algo menor. Menos importante, por supuesto, que las altas cotas de poder real.

Por eso no me valen las frases del estilo: "Si al final mandáis vosotras" "si hacéis con nosotros lo que queréis" "detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer"... porque ese "al final" es puro espacio privado: un puro abrir piernas de decisiones que se toman en la cama. Con el sexo se nace: el género se construye, indicándole a los niños cómo deben ser y a las niñas cómo deben ser.

No creo que el problema, habida cuenta de lo que he expuesto aquí, sea de las mujeres. Y de que así nos vaya la vida. Sino de todo un entramado social que ningunea, invisibiliza, aparta. Si nos vamos a lo personal,
nomegustaelcine, te diré que no me relaciono con mindundis: ni hombres ni mujeres. Así que tengo la suerte de tener amigas clarividentes, cultas, que entienden de cine y de literatura bastante más que yo y que me descubren muchas partes del mundo y la vida. La cuestión ha sido la que tú apuntas, a lo largo de la historia: el que más y el que menos ha aprendido a no tomarnos demasiado en serio y, sobre todo, a despreciarnos. Por eso no estamos en la RAE, ni en el Gobierno, ni en las empresas.
Porque palabra de mujer no vale un alfiler y porque según los boleros, todas somos ingratas y según los tangos, todas somos putas (menos mamá) (
Eduardo Galeano dixit:
Curso Básico de Racismo y Machismo en
Patas Arriba, la Escuela del Mundo al Revés).
De tu mensaje puedo deducir, entonces, que en tus relaciones con las mujeres que te rodean adoptas esa actitud: no tomarlas en serio o despreciarlas. En fin: yo, antes muerta que estar con un tío al que ni tomo en serio o al que desprecio. Ni en una cama ni tomando un café.
Y sigo dando gracias a la luna por mis amigos (esta vez por los hombres, que los tengo) que me demuestran, cada día, que la utopía existe.
Y añado: una está muy mayor, pero que muy mayor, para educar a la gente. Hay multitud de páginas, multitud de libros, multitud de artículos, que explican mejor que yo todo esto que acabo de decir. Uno puede leer mucho: también tiene que elegir qué leer. También ha de decidir si prefiere quedarse con sus ideas preestablecidas o intentar averiguar las causas de lo que denuncian. La historia de hombres y mujeres se puede resumir perfectamente en una frase de Umberto Eco: "¡Me parece evidente! El que trama, si trama, lo hace por debajo".
Y un regalo, de una mujer escritora (¡Dios mío! ¡Existen y son buenas!). Se llamaba Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695). Poetisa libre, monja forzosa:
Hombres necios que acusáis
a la mujer, sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis;
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para prentendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Opinión, ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.
¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende?,
¿si la que es ingrata ofende,
y la que es fácil enfada?
Mas, entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?
¿O cuál es de más culpar,
aunque cualquiera mal haga;
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?
¿Pues, para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
Qué poquito que han cambiado las cosas en 310 años, con tanta información y tanta leches.