Re: El Congreso deja solo al PSOE y tumba la ley Sinde
Publicado: Dom 26 Dic, 2010 12:47
Ta rechulo el documentario.
La SJAE.

La SJAE.
Para los amantes del Cine Clásico
http://www.divxclasico.com/foro/
http://www.divxclasico.com/foro/viewtopic.php?f=1012&t=66986
Estoy convencido que muchos de los que asomamos por este tipo de foros tenemos una gran colección bien abonada. Lo que da rabia es que gracias a DXC y otros sitios podemos disfrutar de copias en su formato correcto, de una calidad mínima, desde bastante antes en muchos casos que son editadas en España, que en más casos de los que se debería nos venden un producto mediocre y a unos precios que son realmente una estafa.karma7 escribió:Sy es que en todo este turbio asunto,mmm.... yo estoy bastante enmedio de todo, por un lado me da un gran placer clicar la peli que se ha currado algún colega con el gordian y demás, mas que nada por la gratuidad del hecho (el placer por lo ajeno aunque te lo regale) y por otro está el placer fetichista de tener las obras originales, que también es muy fuerte, por ejemplo las tres del DR. Quatermass que me he agenciado hace poco, y es que éstas últimas no me las imagino en un maletín ni en cajitas de plástico.
Pufff la lista es larga, pero hay un buen repertorio en el siguiente foro de DXC:thelion escribió:dardo una preguntilla cuando dices que venden dvd's a precios de estafa a que precios te refieres o que dvd's?
Bueno estoy de acuerdo que nos la clavan en casi todo, pero quería remitirme exclusivamente al tema cinéfilo, pero todo nos lo cobran o casi todo fuera de lugar, y desde que está el euro mucho más.thelion escribió:vale o sea que estamos hablando siempre de dvd que no respetan formato, que son vhs guarros, con el audio desincronizado o con algun fallo no?
Porque como tu dices el precio de un dvd en un estado optimo es relativo pero siempre me asombra que la gente se queje de ello, pero en cambio no discutan si tales zapatos son caros o de si la leche es demasiado cara...
De Ignacio Escolar en http://www.escolar.net/MT/archives/2010 ... tiles.htmlLo peor de la ley antidescargas no es que sea una norma impuesta bajo amenaza por EEUU ni tampoco que se utilice un procedimiento exprés para aprobarla en el Congreso. ¡Como si no tuviésemos ya suficientes evidencias sobre el nuevo significado de la palabra “soberanía”! Ni siquiera es lo más grave esa puerta de atrás que se abre en la Justicia y que permitiría a un Berlusconi español cerrar webs por la vía rápida. Lo más estúpido de esta desacertada ley es que, además, no servirá de nada.
Tumbar esas doscientas páginas de enlaces a las que la industria cultural culpa de la piratería en España sólo valdrá para que nazcan otras alternativas, y esto no es una opinión: es un dato refrendado por diez años de victorias legales y judiciales hasta la derrota final. En una palabra: Napster. O Audiogalaxy. O Kazaa. O Emule. O ahora Megavideo. En una eterna pelea del ratón y el gato, cada vez que la industria cultural bloquea en los juzgados o en los parlamentos una tecnología de descargas, nace otra, aún más difícil de frenar.
¿Cómo acabar con la piratería? Muy fácil: ofreciendo alternativas en Internet legales y fáciles de usar a precios razonables, como lo está logrando Spotify con la música. ¿Es razonable que sea más lento y complicado comprar legalmente un ebook que piratearlo? Tampoco lo es querer cobrar en Internet el mismo precio que se pagaba antes, cuando –además de la canción, la película o el libro– había que costear la producción del soporte físico y la carísima distribución de ese objeto por tienda y por camión. La ley antidescargas es un esfuerzo inútil que provocará algo peor que la melancolía. Sólo sirve para otra cosa más: para dar falsas esperanzas a una industria moribunda que se niega a tomar su medicina, que resiste a cambiar.
Ya dije que pienso que este tipo de perfil no es el habitual en webs como DXC o Noire. Pienso que te lo puedes encontrar más en la típica de estrenos a modo de screeners, mucho HD de cine actual que me imagino que soltar el dinerito para el bluray hará pupita etc. El cine clásico es bastante más asequible, y normalmente cuando ya lleva un tiempo en el mercado el producto baja el precio a 7-9 € lo que sin duda no es de los precios que hablamos como abusivos. El único "pero" es lo que te comento de comprarte una edición y después comprobar que la que tienes descargada es una copia mucho mejor, y si la quieres tener doblada te topas con un redoblaje infame, eso sí me molesta, pero no he generalizado, he hablado que también hay que ser crítico con lo que se pone en el mercado y no ver internet como el único que hace que la gente no compre. Está claro que el que no compra cine, libros o música no lo va a hacer después, volverán al viejo método de alquilar en videoclubs de los poquitos que quedan o bibliotecas, o al menos lo pienso. Alguien que se molesta en ripear un dvd no editado en España, crearle unos subtítulos, mejorar si es posible la calidad de la copia, sincronizarle un audio que no está disponible etc, no creo que sea potencialmente peligros, pero si conoce el producto que compra lo que hace que a veces ante un DVD de 12 Euros pues ni lo mires ya que no aporta nada que no tengas. Lo que sí ha ayudado mucho es la posibilidad de comprar fuera de España por internet.thelion escribió:Y lo que veo y aqui no estoy señalando a nadie (en serio) que los que mas nerviosos se ponen con todo esto acostumbran a ser los que utilizan internet para no gastarse ni un duro ni peliculas ni en disco ni en libros ni en nada que pueda ser gratuito.
La cena del miedo (mi reunión con la ministra González Sinde)
Publicado por Acuarela on miércoles 12 de enero de 2011
Etiquetas: copyleft
[Amador Fernández-Savater, coeditor de Acuarela Libros, fue invitado (por azar, por error o por alguna razón desconocida) a una reunión con la ministra de Cultura y otras figuras relevantes de la industria cultural española para hablar sobre la Ley Sinde, el tema de las descargas, etc. En este texto cuenta lo que vivió, lo que escuchó y lo que ha pensado desde entonces. Su conclusión es simple: es el miedo quien gobierna, el miedo conservador a la crisis de los modelos dominantes, el miedo reactivo a la gente (sobre todo a la gente joven), el miedo a la rebelión de los públicos, a la Red y al futuro desconocido.]
La semana pasada recibí una llamada del Ministerio de Cultura. Se me invitaba a una reunión-cena el viernes 7 con la ministra y otras personas del mundo de la cultura. Al parecer, la reunión era una más en una serie de contactos que el Ministerio está buscando ahora para pulsar la opinión en el sector sobre el tema de las descargas, la tristemente célebre Ley Sinde, etc. Acepté, pensando que igual después de la bofetada que se había llevado la ley en el Congreso (y la calle y la Red) se estaban abriendo preguntas, replanteándose cosas. Y que tal vez yo podía aportar algo ahí como pequeño editor que publica habitualmente con licencias Creative Commons y como alguien implicado desde hace años en los movimientos copyleft/cultura libre.
El mismo día de la reunión-cena conocí el nombre del resto de invitados: Álex de la Iglesia, Soledad Giménez, Antonio Muñoz Molina, Elvira Lindo, Alberto García Álix, Ouka Leele, Luis Gordillo, Juan Diego Botto, Manuel Gutiérrez Aragón, Gonzalo Suárez (relacionado con el ámbito de los vídeo-juegos), Cristina García Rodero y al menos dos personas más cuyos nombres no recuerdo ahora (perdón). ¡Vaya sorpresa! De pronto me sentí descolocado, como fuera de lugar. En primer lugar, porque yo no ocupo en el mundo de la edición un lugar ni siquiera remotamente comparable al de Álex de la Iglesia en el ámbito del cine o Muñoz Molina en el de la literatura. Y luego, porque tuve la intuición de que los invitados compartían más o menos una misma visión sobre el problema que nos reunía. En concreto, imaginaba (correctamente) que sería el único que no veía con buenos ojos la Ley Sinde y que no se sintió muy triste cuando fue rechazada en el Congreso (más bien lo contrario). De pronto me asaltaron las preguntas: ¿qué pintaba yo ahí? ¿En calidad de qué se me invitaba, qué se esperaba de mi? ¿Se conocía mi vinculación a los movimientos copyleft/cultura libre? ¿Qué podíamos discutir razonablemente tantas personas en medio de una cena? ¿Cuál era el objetivo de todo esto?
Con todas esas preguntas bailando en mi cabeza, acudí a la reunión. Y ahora he decidido contar mis impresiones. Por un lado, porque me gustaría compartir la preocupación que me generó lo que escuché aquella noche. Me preocupa que quien tiene que legislar sobre la Red la conozca tan mal. Me preocupa que sea el miedo quien está tratando de organizar nuestra percepción de la realidad y quien está tomando las decisiones gubernamentales. Me preocupa esa combinación de ignorancia y miedo, porque de ahí sólo puede resultar una cosa: el recurso a la fuerza, la represión y el castigo. No son los ingredientes básicos de la sociedad en la que yo quiero vivir.
Por otro lado, querría tratar de explicar lo que pienso algo mejor que el viernes. Porque confieso desde ahora que no hice un papel demasiado brillante que digamos. Lo que escuchaba me sublevó hasta tal punto que de pronto me descubrí discutiendo de mala manera con quince personas a la vez (quince contra uno, mierda para...). Y cuando uno ataca y se defiende olvida los matices, los posibles puntos en común con el otro y las dudas que tiene. De hecho me acaloré tanto que la persona que tenía al lado me pidió que me tranquilizara porque le estaba subiendo la tensión (!). Tengo un amigo que dice: “no te arrepientas de tus prontos, pero vuelve sobre los problemas”. Así que aquí estoy también para eso.
Quizá haya por ahí algún morboso preguntándose qué nos dieron para cenar. Yo se lo cuento, no hay problema, es muy sencillo. Fue plato único: miedo. El miedo lo impregnaba todo. Miedo al presente, miedo al porvenir, miedo a la gente (sobre todo a la gente joven), miedo a la rebelión de los públicos, miedo a la Red. Siento decir que no percibí ninguna voluntad de cambiar el rumbo, de mirar a otros sitios, de escuchar o imaginar alternativas que no pasen simplemente por insistir con la Ley Sinde o similares. Sólo palpé ese miedo reactivo que paraliza la imaginación (política pero no sólo) para abrir y empujar otros futuros. Ese miedo que lleva aparejado un conservadurismo feroz que se aferra a lo que hay como si fuera lo único que puede haber. Un miedo que ve enemigos, amenazas y traidores por todas partes.
Quien repase la lista de invitados concluirá enseguida que se trata del miedo a la crisis irreversible de un modelo cultural y de negocio en el que “el ganador se lo lleva todo” y los demás poco o nada. Pero no nos lo pongamos demasiado fácil y pensemos generosamente que el miedo que circulaba en la cena no sólo expresa el terror a perder una posición personal de poder y de privilegio, sino que también encierra una preocupación muy legítima por la suerte de los trabajadores de la cultura. Ciertamente, hay una pregunta que nos hacemos todos(1) y que tal vez podría ser un frágil hilo común entre las distintas posiciones en juego en este conflicto: ¿cómo pueden los trabajadores de la cultura vivir de su trabajo hoy en día?
Lo que pasa es que algunos nos preguntamos cómo podemos vivir los trabajadores de la cultura de nuestro trabajo pero añadiendo (entre otras muchas cosas): en un mundo que es y será infinitamente copiable y reproducible (¡viva!). Y hay otros que encierran su legítima preocupación en un marco de interpretación estrechísimo: la industria cultural, el autor individual y propietario, la legislación actual de la propiedad intelectual, etc. O sea el problema no es el temor y la preocupación, sino el marco que le da sentido. Ese marco tan estrecho nos atrapa en un verdadero callejón sin salida en el que sólo se puede pensar cómo estiramos lo que ya hay. Y mucho me temo que la única respuesta posible es: mediante el miedo. Responder al miedo con el miedo, tratar de que los demás prueben el miedo que uno tiene. Ley, represión, castigo. Lo expresó muy claramente alguien en la reunión, refiriéndose al modelo americano para combatir las descargas: “Eso es, que al menos la gente sienta miedo”. Me temo que esa es la educación para la ciudadanía que nos espera si no aprendemos a mirar desde otro marco.
Tienen miedo a la Red. Esto es muy fácil de entender: la mayoría de mis compañeros de mesa piensan que “copiar es robar”. Parten de ahí, ese principio organiza su cabeza. ¿Cómo se ve la Red, que ha nacido para el intercambio, desde ese presupuesto? Está muy claro: es el lugar de un saqueo total y permanente. “¡La gente usa mis fotos como perfil en Facebook!”, se quejaba amargamente alguien que vive de la fotografía en la cena. Copiar es robar. No regalar, donar, compartir, dar a conocer, difundir o ensanchar lo común. No, es robar. Traté de explicar que para muchos creadores la visibilidad que viene con la copia puede ser un potencial decisivo. Me miraban raro y yo me sentía un marciano.
Me parece un hecho gravísimo que quienes deben legislar sobre la Red no la conozcan ni la aprecien realmente por lo que es, que ante todo la teman. No la entienden técnicamente, ni jurídicamente, ni culturalmente, ni subjetivamente. Nada. De ahí se deducen chapuzas tipo Ley Sinde, que confunde las páginas de enlaces y las páginas que albergan contenidos. De ahí la propia idea recurrente de que cerrando doscientas webs se acabarán los problemas, como si después de Napster no hubiesen llegado Audiogalaxy, Kazaa, Emule, Megavideo, etc. De ahí las derrotas que sufren una y otra vez en los juzgados. De ahí el hecho excepcional de que personas de todos los colores políticos (y apolíticos) se junten para denunciar la vulneración de derechos fundamentales que perpetran esas leyes torpes y ciegas.
Tienen miedo a la gente. Cuando había decidido desconectar y concentrarme en el atún rojo, se empezó a hablar de los usuarios de la Red. “Esos consumidores irresponsables que lo quieren todo gratis”, “esos egoístas caprichosos que no saben valorar el trabajo ni el esfuerzo de una obra”. Y ahí me empecé a poner malo. Las personas se bajan material gratuito de la Red por una multiplicidad de motivos que esos clichés no contemplan. Por ejemplo, están todos aquellos que no encuentran una oferta de pago razonable y sencilla. Pero la idea que tratan de imponernos los estereotipos es la siguiente: si yo me atocino la tarde del domingo con mi novia en el cine viendo una peli cualquiera, estoy valorando la cultura porque pago por ella. Y si me paso dos semanas traduciendo y subtitulando mi serie preferida para compartirla en la Red, no soy más que un despreciable consumidor parásito que está hundiendo la cultura. Es increíble, ¿no? Pues la Red está hecha de un millón de esos gestos desinteresados. Y miles de personas (por ejemplo, trabajadores culturales azuzados por la precariedad) se descargan habitualmente material de la Red porque quieren hacer algo con todo ello: conocer y alimentarse para crear. Es precisamente una tensión activa y creativa la que mueve a muchos a buscar y a intercambiar, ¡enteraos!
Lo que hay aquí es una élite que está perdiendo el monopolio de la palabra y de la configuración de la realidad. Y sus discursos traducen una mezcla de disgusto y rabia hacia esos actores desconocidos que entran en escena y desbaratan lo que estaba atado y bien atado. Ay, qué cómodas eran las cosas cuando no había más que audiencias sometidas. Pero ahora los públicos se rebelan: hablan, escriben, se manifiestan, intervienen, abuchean, pitan, boicotean, silban. En la reunión se podía palpar el pánico: “nos están enfrentando con nuestro público, esto es muy grave”. Pero, ¿quién es ese “nos” que “nos enfrenta a nuestro público”? Misterio. ¿Seguro que el público no tiene ninguna razón verdadera para el cabreo? ¿No es esa una manera de seguir pensando al público como una masa de borregos teledirigida desde algún poder maléfico? ¿Y si el público percibe perfectamente el desprecio con el que se le concibe cuando se le trata como a un simple consumidor que sólo debe pagar y callar?
Tienen miedo al futuro. “¿Pero tu qué propones?” Esa pregunta es siempre una manera eficaz de cerrar una conversación, de dejar de escuchar, de poner punto y final a un intercambio de argumentos. Uno parece obligado a tener soluciones para una situación complejísima con miles de personas implicadas. Yo no tengo ninguna respuesta, ninguna, pero creo que tengo alguna buena pregunta. En el mismo sentido, creo que lo más valioso del movimiento por una cultura libre no es que proponga soluciones (aunque se están experimentando muchas, como Creative Commons), sino que plantea unas nuevas bases donde algunas buenas respuestas pueden llegar a tener lugar. Me refiero a un cambio en las ideas, otro marco de interpretación de la realidad. Una revolución mental que nos saque fuera del callejón sin salida, otro cerebro. Que no confunda a los creadores ni a la cultura con la industria cultural, que no confunda los problemas del star-system con los del conjunto de los trabajadores de la cultura, que no confunda el intercambio en la Red con la piratería, etc.
Eso sí, hablé del papel fundamental que para mí podrían tener hoy las políticas públicas para promover un nuevo contrato social y evitar la devastación de la enésima reconversión industrial, para acompañar/sostener una transformación hacia otros modelos, más libres, más justos, más apegados al paradigma emergente de la Red. Como se ha escrito, “la inversión pública masiva en estudios de grabación, mediatecas y gabinetes de edición públicos que utilicen intensivamente los recursos contemporáneos -crowdsourcing, P2P, licencias víricas- podría hacer cambiar de posición a agentes sociales hasta ahora refractarios o poco sensibles a los movimientos de conocimiento libre”(2). Pero mientras yo hablaba en este sentido tenía todo el rato la sensación de arar en el mar. Ojalá me equivoque, porque si no la cosa pinta mal: será la guerra de todos contra todos.
Ya acabo. Durante toda la reunión, no pude sacarme de la cabeza las imágenes de la película El hundimiento: encerrados en un búnker, sin ver ni querer ver el afuera, delirando planes inaplicables para ganar la guerra, atados unos a otros por fidelidades torpes, muertos de miedo porque el fin se acerca, viendo enemigos y traidores por todos lados, sin atreverse a cuestionar las ideas que les arrastran al abismo, temerosos de los bárbaros que están a punto de llegar...(3)
¡Pero es que el búnker ni siquiera existe! Los “bárbaros” ya están dentro. Me gustaría saber cuántos de los invitados a la cena dejaron encendidos sus ordenadores en casa descargándose alguna película. A mi lado alguien me dijo: “tengo una hija de dieciséis años que se lo baja todo”. Y me confesó que no le acababa de convencer el imaginario que circulaba por allí sobre la gente joven. Ese tipo de cosas constituyen para mí la esperanza, la posibilidad de razonar desde otro sitio que no sea sólo el del miedo y los estereotipos denigratorios. Propongo que cada uno de los asistentes a la próxima cena hable un rato sobre el tema con sus hijos antes de salir de casa. O mejor: que se invite a la cena tanto a los padres como a los hijos. Sería quizá una manera de sacar a los discursos de su búnker, porque entonces se verían obligados a asumir algunas preguntas incómodas: ¿es mi hijo un pobre cretino y un descerebrado? ¿Sólo quiero para él que sienta miedo cuando enciende el ordenador? ¿No tiene nada que enseñarme sobre el futuro? El búnker ya no protege de nada, pero impide que uno escuche y entienda algo.
Amador Fernández-Savater (11-1-11)
NOTAS
1 Alguien en la cena reveló que había descubierto recientemente que en “el lado oscuro” también había preocupación por el tema de la remuneración de los autores/trabajadores/creadores. ¡Aleluya! A pesar de esto, durante toda la reunión se siguió argumentando como si este conflicto opusiera a los trabajadores de la cultura y a una masa de consumidores irresponsables que lo quieren “todo gratis”.
2 “Ciberfetichismo y cooperación”, por Igor Sadaba y César Rendueles
3 Por supuesto, el búnker es la vieja industria. El “nuevo capitalismo” (Skype, Youtube, Google) entiende muy bien que el meollo de la cosa está hoy en que la gente interactúe y comparta, y en aprovecharse de ello sin devolver más que precariedad.
-La noticia en Menéame
Le faltó decir para que casualmente meses más tarde una película salga en DVD con subtítulos en español, que han salido del trabajo de esos "piratas" que por ahí circulanPero la idea que tratan de imponernos los estereotipos es la siguiente: si yo me atocino la tarde del domingo con mi novia en el cine viendo una peli cualquiera, estoy valorando la cultura porque pago por ella. Y si me paso dos semanas traduciendo y subtitulando mi serie preferida para compartirla en la Red, no soy más que un despreciable consumidor parásito que está hundiendo la cultura.
Al mejor estilo intereconomía. Me imagino que la Sinde cuando deje de ser ministra tendrá que estar tapadita un tiempo porque me temo que poco consumo habrá de sus productosJacob escribió: Más que el relato en sí, previsible como es lógico, el hecho de que llamasen a 1 persona de 15 con ideas diferentes a la suyas.
Y lo llaman "indiscreción".... Algunos lo llamamos no plegarse a los golfos y ladrones que nos gobiernan y contar las cosas como suceden.La «última cena» de la ley Sinde
Los esfuerzos de la ministra por resucitar la norma, pinchados por una indiscreción
INÉS MARTÍN RODRIGO / MADRID
Día 13/01/2011 - 11.12h
Con la ley Sinde en la sala de reanimación —rechazada en el Congreso el pasado 21 de diciembre—, muchas han sido las voces que han clamado para que los artistas alzaran la voz, desde Teddy Bautista a Pau Donés. Pero la que mayores esfuerzos ha hecho ha sido la propia ministra de Cultura. González-Sinde lleva manteniendo, desde hace algunas semanas, una serie de encuentros «a título personal», según confirman fuentes ministeriales, con diversas personalidades de la industria cultural para debatir sobre internet, derechos de autor... y de paso confirmar el discurso único de apoyo a la ley Sinde.
Manuel Gutiérrez Aragón, presente en una de estas cenas informales, considera las reuniones organizadas por Sinde efectivas y necesarias, ya que «hay que luchar por la propiedad intelectual y no dar ninguna tregua a los internautas, porque es como pactar con los terroristas». Según Gutiérrez Aragón, «el problema es que se está desviando el discurso y con tanta demagogia a la gente se le olvida de que se trata de una industria y que, por tanto, es como robar en El Corte Inglés. Estas cenas se están celebrando en apoyo de la cultura, para que quede claro que todos los sectores estamos concienciados y para que la Ley salga adelante, como ocurre en todos los países de Europa».
El menú de la discordia
Una unidad que el Ministerio buscaba y que había conseguido en todas las cenas celebradas... hasta el pasado viernes 7 de enero. Ese día acudieron a la llamada de Ángeles González-Sinde Álex de la Iglesia, Soledad Giménez, Antonio Muñoz Molina, Elvira Lindo, Alberto García Álix, Ouka Leele, Luis Gordillo, Juan Diego Botto, Manuel Gutiérrez Aragón, Gonzalo Suárez, Cristina García Rodero... y el editor Amador Fernández-Savater (Acuarela Libros).
Todos iban convencidos de que se trataba de una cena privada y, como tal, hablaron con total libertad del principal tema de debate puesto sobre la mesa, la ley Sinde. Pero el veto de la privacidad fue levantado por Fernández-Savater al escribir ayer un post en su blog en el que daba su propia versión del menú degustado: «el miedo». «Antonio (Muñoz Molina) y yo asistimos a una cena privada y es absurdo saber nuestra opinión sobre ninguna ley porque no somos nadie», contaba una sorprendida Elvira Lindo.
Pero, para sorpresa, la de la ministra de Cultura, quien, según el diputado José María Lassalle, portavoz de Cultura del PP, busca un papel en el elenco de este proceso. «Trata de dar buena imagen entre su gente y en los medios, para rebajar la presión. Quiere tener el papel que no ha tenido hasta el momento, pero la filtración de la cena le ha estropeado el plan y, una vez que se pone bajo la ley de Murphy, haga lo que haga le va a salir mal».
Durante el último mes, la ministra que da nombre a la disposición final segunda de la Ley de Economía Sostenible ha puesto todo su afán en defenderla y recabar apoyos. Alejandro Sanz empleó Twitter para exhortar a los políticos (a quienes llamó «cobardes») a que votaran a favor. También en Twitter, Álex de la Iglesia defendió su postura frente a cientos de internautas. Luego organizó un encuentro con representantes de la Red en la sede de la Academia de Cine. ¿El objetivo? Acercar posturas... aunque el resultado se acercara más al refuerzo de la imagen pública del presidente de los cineastas.
El bloguero indiscreto
La chispa que prendió la mecha de las (hasta ahora) privadas cenas de Ángeles González-Sinde fue el post de Amador Fernández-Savater, titulado «La cena del miedo». Su principal conclusión es la preocupación: «Me preocupa que quien tiene que legislar sobre la Red la conozca tan mal, que sea el miedo quien organiza nuestra percepción de la realidad y quien toma las decisiones gubernamentales. Me preocupa esa combinación de ignorancia y miedo, porque de ahí sólo puede resultar una cosa: el recurso a la fuerza, la represión y el castigo».
El editor, hijo del filósofo Fernando Savater, considera que «hay mucho miedo entre los que tienen poder: miedo a la crisis irreversible de los modelos culturales y de negocio en los que “el ganador se lo lleva todo” y los demás poco o nada». Finalmente, y ante el pretendido objetivo de la reunión de pulsar la opinión sobre la ley Sinde, Fernández-Savater se pregunta quién es el mundo de la cultura. «Por lo visto: el establishment de la industria cultural. Su opinión es bien conocida: hay que perseguir más de lo mismo. ¿Cómo? El miedo como educador».
desde hace algunas semanas, una serie de encuentros «a título personal», según confirman fuentes ministeriales, con diversas personalidades de la industria cultural para debatir sobre internet, derechos de autor... y de paso confirmar el discurso único de apoyo a la ley Sinde.
Señaladas en negrita, cosas con las que coincido.También en Twitter, Álex de la Iglesia defendió su postura frente a cientos de internautas. Luego organizó un encuentro con representantes de la Red en la sede de la Academia de Cine. ¿El objetivo? Acercar posturas... aunque el resultado se acercara más al refuerzo de la imagen pública del presidente de los cineastas.
Hay días en los que sólo apetece salir de la cama para derrocar gobiernos. Total, para lo que nos está sirviendo en los últimos meses...tu2is escribió:Así se gestó la ley Sinde. Fuentes de distintas ministerios y de la Oposición, que han vivido de primera mano la presión norteamericana para que España actuara firmemente contra las descargas de la red, nos cuentan cómo nos convertimos en una 'experiencia piloto' para los lobbies de la industria de EEUU con la entrega del presidente Zapatero a la causa. Una versión actualizada de Bienvenido Mr. Marshall. Los intereses de los autores no se mencionaban.
(SIGUE)
Ummm que optimismo con lo de meses...m0ntaraz escribió: Hay días en los que sólo apetece salir de la cama para derrocar gobiernos. Total, para lo que nos está sirviendo en los últimos meses...
Salud.
Da miedo ya hablar en público del tema, pensarán que un mkv es un rifle rusoRoisiano escribió:¿Alguien especializado en leyes podría aclarar qué consecuencias para las web's (por ejemplo, esta), para los titulares de las mismas (por ejemplo, los actuales administradores), para los que publican enlaces, para los que comparten archivos y para los que los descargan pueden tener estas "modificaciones legales" (en estos últimos tres apartados, por ejemplo, yo mismo)?
Por pedir que no quede.