Mensaje
por eljabatillo » Dom 17 Jun, 2007 00:07
Yo por unos temas que no vienen a cuento, he tenido una primavera en contacto casi permanente con toda clase de insectos campestres. Y se les coge cariño, en serio. Sólo es cuestión de irlos conociendo. Siempre he sido bastante maniático con los insectos y las arañas, y he tenido la ocasión de vivir mi propia terapia de shock que está resultando un éxito.
Pero... cucarachas no veo por el campo (o al menos por donde yo voy), y las pocas que he visto ha sido en casa (cuando nos mudamos unas cuantas, y al hacer obras en el baño alguna otra). Eso hace que les tenga bastante repelús, sobre todo por su condición cosmopolita y su asociación a lugares sucios o descuidados. Algo parecido me pasaría con las ratas si tuviera algún cruce con ellas.
En general, cuanto más desconozco un insecto (extensible al reino animal), más le temo. Las mantis, por ejemplo -lo siento Oliver_Alla, por mencionarlas-, por su macabra relación de pareja y su mimetismo, me dan bastante grima.
Los abejorros me caen simpáticos, pero no me gusta nada cuando me pasan zumbando cerca de las orejas, me producen escalofríos.
Las típicas "arañas" de techo en casas de campo, los opiliones, también me resultan agradables porque se zampan los mosquitos, unos auténticos hijos de puta que siempre vienen a chuparme la sangre a mí aunque esté rodeado de cien personas. Los mosquitos no me dan asco pero sí rabia.
Las mariquitas -sigo hablando de insectos- también me molan. Además se cargan a los pulgones, otros auténticos hijos de mala madre cuando intentas mantener plantas en cultivo.
Los saltamontes me daban algo de yuyu, pero verlos estridular y comprobar el sonido que emiten es algo sorprendente para un bichejo tan pequeño, tienen mi complacencia por llevar a cabo un cortejo tan festivo.
Las hormigas son espectaculares. Si igualáramos en tamaño todos los organismos y los sometiéramos a pruebas de fuerza, yo creo que las hormigas ocuparían las primeras posiciones. Sorprende ver a una hormiga llevando en sus mandíbulas el cadáver de una compañera obrera, a una velocidad que en relación a su tamaño es brutal, por un terreno totalmente abrupto a su escala, y con las únicas pausas obligatorias de reconocimiento cada vez que se cruza con una compañera de faena.
Las abejas me encantan, desaproveché la ocasión de realizar un cursillo que incluía una visita de colmenas en apicultura, espero poder realizarlo el año que viene, pese a la historia que me contaron de un tío al que le colocaron mal la capucha jaja.
Las avispas, pese a que me han picado varias veces, no me caen mal, aunque se merecen mis respetos, les aplico aquella máxima de "vive y deja vivir". Una en concreto, me cago en su aguijón, todavía la recuerdo. Estaba tan feliz en un parque acuático, haciendo cola para un tobogán, a punto de ser mi turno. Se conoce que alguna de estas furcias aladas se me coló por el muslo mientras esperaba de pie, por debajo del bañador. Al tirarme por el tobogán, y al entrar en contacto con el agua, la avispa se sintió atrapada y antes de ahogarse me obsequió con tres aguijonazos en el muslo. Yo creía que era de la superficie del tobogán, que no estaba pulida y me estaba destrozando al deslizarme por ella, pero al salir del agua vi el cadáver empapado de la avispa que me sonreía mientras me resbalaba por la entrepierna. Además, son unas putas holgazanas y ni siquiera nos deleitan con miel.
Las mariposas y polillas son un prodigio estético, sólo les tengo un poco de manía a la fase de oruga por lo voraces que son y por las plagas que a veces conforman.
Las libélulas van a su bola y tienen un vuelo caracerístico que me fascina. Además, son bastante fotogénicas cuando descansan.
Los escarabajos son tan torpes y hay tal variedad que me sería difícil guardarles rencor. Además, son unos glotones y viven de puta madre.
Las arañas, cuando te paras a observar con qué celeridad y facilidad construyen una tela, sólo puedes admirar su maestría arquitectónica. Además, como todo predador, controla las poblaciones de sus presas para que no se desmadren.
Los ácaros son cansinos y son un poco como los gitanos, siempre en grupo para desvalijar lo que encuentren. Van a saco.
Las moscas que mimetizan avispas, los sírfidos, son las putas reinas del disfraz, y aunque el vuelo las delate, de lejos podrían dar el pego. Juegan sucio, acojonan a la peña siendo unas mierdas, pero todo vale en estos mundos del señor, así que tienen mi bendición.
Las moscas, a menos que esté comiendo paella, no me fastidian especialmente.
Bueno, creo que se me está yendo la olla, que aquí el tema iba de cucarachas. La idea es que a medida que vas conociendo los bichos se pierden muchos "miedos" irracionales y llegas a simpatizar con ellos, quizás de una manera menos humana que con un perro, un gato, un caballo o un delfín, pero afectuosa en cualquier caso. Lo dice alguien con bastantes manías!
Ah! Y las garrapatas. No me ha quedado más remedio que convivir con ellas cuando voy al campo, al principio no paras de mirarte las perneras para abortar sus escaladas, pero con el tiempo pasas cada vez más de ellas. Una revisión de rutina cuando te desvistes en casa y va que chuta.