Publicado: Lun 14 Nov, 2005 18:07
Ante todo, gracias, dorn, por contestar, parece que eres el único que acepta el debate. Como creí que nadie iba a contestar, como de costumbre, me permití ser un poco irónico, actitud que abandono de inmediato
.
La tesis que me permito plantear, o reproducir, puesto que no es mía, sino más bien sería una suma de lo que he ido asimilando e integrando a lo largo del tiempo, es que el único modo de que perviva cierta multiculturalidad es que se dé en ambientes concretos y muy definidos, por oposición a otras zonas digamos homogéneas.
Integrar algo o alguien, como también podría deducirse de tus propias palabras, es asimilar algo a algo, da igual qué pongas por incógnita en cada uno de los términos. Dicho de un modo culinario, es digerir algo. Dicho de un modo algo más subjetivo o personal, es un aspecto que también se da necesariamente en el desarrollo de la personalidad: ciertos aspectos (cuales sean) deben prevalecer sobre otros igualemente potenciales en el individuo para permitir el desarrollo de éste y su constitución en un ser social dentro de una determinada sociedad. Más radicalmente, dice Nietzsche que es necesario castrar a la persona (bajo ciertos aspectos) como principio de civilización.
El fulcro, el centro de gravedad de un individuo, como el de una sociedad, debe ser lo más estable posible, para su buena salud mental, o incluso para su misma pervivencia como tal.
Este modo de ver las cosas puede usarse como defensa tanto de una "civilización" (úsese este término con todas las precauciones consabidas) como de otra. Es este sentido, necesariamente, somos etnocéntricos. Nosotros, los musulmanes, los negros (ahora me vienen a la cabeza las descripciones que da Hegel en sus Lecciones sobre Filosofía de la Historia Universal del concepto en que tienen/tenían a los blancos como de gente enfermiza, pálida en el peor sentido) y los de más allá. Es algo contitutivo de cualquier sociedad, por pequeña y aislada que parezca. Forma parte del núcleo, como la forma básica de la ciudad o el poblado, sin la cual algunas poblaciones simplemente se extinguían (véase Levi-Strauss y su descripción de la importancia del poblado en ciertas tribus amerindias). Para quien no haya tratado con negros quizá no sea tan fácil descubrir que el racismo, como creen ciertos cretinos europeos, es un fenómeno de ida y vuelta, y que no sólo lo hemos practicado nosotros, sino que al contrario somos de lo menos racista del orbe.
Otro asunto es que el relativismo cultural, o nihilismo, tienen un límite. Podemos suponer sin parecer ingenuos que la mítca existencia del buen salvaje fuese algo de por sí superior a nuestra civilización. Pero los hechos demuestran cansinamente demasiadas cosas en favor de la civilización occidental como para dudar de que, para bien y para mal, ha triunfado.
Es el famoso viaje de ida y vuelta del antropólogo, según Levi-Strauss, de nuevo (en sus Tristes Trópicos). Desesperados de nuestra civilización, salimos en busca de lo diferente en la utopía de que será algo mejor que la sociedad que abandonamos. Motivos adicionales tendremos si incluimos en nuestro viaje unas dosis de romanticismo aventurero, el hecho de que las sociedades que visitamos no sean irremediablemente más que meandros del curso de la historia, y la creencia de que de haber tomado ésta otros derroteros, todo habría sido indefectiblemente mejor.
Pero al cabo de los años, volvemos a nuestra patria, para descubrir descorazonados que la hierba es exactamente igual en todas partes. Las sociedades tienen todas sus ventajas e inconvenientes, no existe Utopía. Cada viaje, todo viaje, es por eso necesariamente de ida y vuelta. Quizá lo que nos distingue es que nosotros hemos capturado con más éxito esta verdad en nuestra telaraña de conocimientos. In fact, ninguna sociedad es tan relativa respecto a sus valores, ni tan insegura de sí misma, como la nuestra. También es verdad de que no hay tanta variedad.
Harold Bloom, a la sazón un incomprendido en EE. UU. y por extensión en Occidente, afirma desde hace tiempo que el multiculturalismo no es tal, sino simple no-cultura, falta total de cualquier atisbo de civilización. El canon es necesario. Aunque sea como hipótesis (y ya, por mucho que se quiera, no puede ser de otro modo).
Integrar es un imposible no sólo filosófico, sino fisiológico (a pesar de que he querido demostrarlo, sé que suena esto demaisado a axioma. Lo siento, son dificultade de lenguaje. Tendría que alargarme ad infinitum para resultar mínimamente lógico y consecuente a quién no quiera concederme "barco" como animal de compañía).
La tesis que me permito plantear, o reproducir, puesto que no es mía, sino más bien sería una suma de lo que he ido asimilando e integrando a lo largo del tiempo, es que el único modo de que perviva cierta multiculturalidad es que se dé en ambientes concretos y muy definidos, por oposición a otras zonas digamos homogéneas.
Integrar algo o alguien, como también podría deducirse de tus propias palabras, es asimilar algo a algo, da igual qué pongas por incógnita en cada uno de los términos. Dicho de un modo culinario, es digerir algo. Dicho de un modo algo más subjetivo o personal, es un aspecto que también se da necesariamente en el desarrollo de la personalidad: ciertos aspectos (cuales sean) deben prevalecer sobre otros igualemente potenciales en el individuo para permitir el desarrollo de éste y su constitución en un ser social dentro de una determinada sociedad. Más radicalmente, dice Nietzsche que es necesario castrar a la persona (bajo ciertos aspectos) como principio de civilización.
El fulcro, el centro de gravedad de un individuo, como el de una sociedad, debe ser lo más estable posible, para su buena salud mental, o incluso para su misma pervivencia como tal.
Este modo de ver las cosas puede usarse como defensa tanto de una "civilización" (úsese este término con todas las precauciones consabidas) como de otra. Es este sentido, necesariamente, somos etnocéntricos. Nosotros, los musulmanes, los negros (ahora me vienen a la cabeza las descripciones que da Hegel en sus Lecciones sobre Filosofía de la Historia Universal del concepto en que tienen/tenían a los blancos como de gente enfermiza, pálida en el peor sentido) y los de más allá. Es algo contitutivo de cualquier sociedad, por pequeña y aislada que parezca. Forma parte del núcleo, como la forma básica de la ciudad o el poblado, sin la cual algunas poblaciones simplemente se extinguían (véase Levi-Strauss y su descripción de la importancia del poblado en ciertas tribus amerindias). Para quien no haya tratado con negros quizá no sea tan fácil descubrir que el racismo, como creen ciertos cretinos europeos, es un fenómeno de ida y vuelta, y que no sólo lo hemos practicado nosotros, sino que al contrario somos de lo menos racista del orbe.
Otro asunto es que el relativismo cultural, o nihilismo, tienen un límite. Podemos suponer sin parecer ingenuos que la mítca existencia del buen salvaje fuese algo de por sí superior a nuestra civilización. Pero los hechos demuestran cansinamente demasiadas cosas en favor de la civilización occidental como para dudar de que, para bien y para mal, ha triunfado.
Es el famoso viaje de ida y vuelta del antropólogo, según Levi-Strauss, de nuevo (en sus Tristes Trópicos). Desesperados de nuestra civilización, salimos en busca de lo diferente en la utopía de que será algo mejor que la sociedad que abandonamos. Motivos adicionales tendremos si incluimos en nuestro viaje unas dosis de romanticismo aventurero, el hecho de que las sociedades que visitamos no sean irremediablemente más que meandros del curso de la historia, y la creencia de que de haber tomado ésta otros derroteros, todo habría sido indefectiblemente mejor.
Pero al cabo de los años, volvemos a nuestra patria, para descubrir descorazonados que la hierba es exactamente igual en todas partes. Las sociedades tienen todas sus ventajas e inconvenientes, no existe Utopía. Cada viaje, todo viaje, es por eso necesariamente de ida y vuelta. Quizá lo que nos distingue es que nosotros hemos capturado con más éxito esta verdad en nuestra telaraña de conocimientos. In fact, ninguna sociedad es tan relativa respecto a sus valores, ni tan insegura de sí misma, como la nuestra. También es verdad de que no hay tanta variedad.
Harold Bloom, a la sazón un incomprendido en EE. UU. y por extensión en Occidente, afirma desde hace tiempo que el multiculturalismo no es tal, sino simple no-cultura, falta total de cualquier atisbo de civilización. El canon es necesario. Aunque sea como hipótesis (y ya, por mucho que se quiera, no puede ser de otro modo).
Integrar es un imposible no sólo filosófico, sino fisiológico (a pesar de que he querido demostrarlo, sé que suena esto demaisado a axioma. Lo siento, son dificultade de lenguaje. Tendría que alargarme ad infinitum para resultar mínimamente lógico y consecuente a quién no quiera concederme "barco" como animal de compañía).