Mensaje
por Tuppence » Dom 06 Nov, 2005 16:03
Pues Noé sólo tomaba zumo de uva, porque era un hombre temeroso de Dios. Pero un día aquello sabía especialmente rico, y Noé siguió plimplando y plimplando y le entró un sueñecito muy rico y soñó y soñó con cositas muy agradables…
Se movía, sin querer, entre sueños y la túnica se le abrió un poquitillo, lo justo para que sus hijos le pudieran ver las partes más íntimas, aquellas que Noé sólo descubría para sí mismo, su mujer o alguna de sus concubinas…
Se rieron, los muy descastados. Quizá porque, comparado con ellos, Noé estaba un poquillo alicaído. Quizá porque les resultó chocante. Quizá porque, avergonzados, no supieron que hacer y les entró la risa floja y valga la redundancia. Pero uno, Sem, el más buenín, reconvino a los hermanos y cubrió los pudores de Noé para que no siguieran siendo motivo de risa.
Se rieron. A Noé le sentó fatal. Quizá porque se sintió alicaído, quizá porque se sintió avergonzado, quizá porque se sintió descubierto, quizá porque todavía le duraba la moña.
Y de ahí vienen los males de la Humanidad, porque maldijo a sus hijos y a su descendencia, excepto a Sem, que por eso sus hijos y los hijos de sus hijos han sido siempre el pueblo elegido.
Hasta entonces, sólo había buenos y malos (Cain y Abel), y algunos extranjeros (aunque no se si lo de Babel fue antes o después) pero, a partir de entonces, hubo elegidos, no elegidos, proscritos, malditos, desposeídos…
Total, que yo no sé si la moraleja es que Noé debería haber sido abstemio, o a lo mejor que bebía poco y no le daba tanto a la matraca como algunos de los que posteáis por aquí.