Síndrome agudo de Navidad
Publicado: Lun 15 Dic, 2003 12:38
Hola, mi novia me ha recomendado este artículo que pudo leer en La Vanguardia de ayer, me ha parecido interesante por lo que he visto que se hablaba en un par de hilos en el foro, así que aquí lo teneis por si os apetece leerlo y comentarlo:
y es q ya no tienen ni la vergüenza de esconder sus intenciones mercantiles
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solo un apunte: los barceloneses reconocerán eso de las bolsitas de regalo como adorno (Portal de l'Àngel)Síndrome agudo de Navidad
Una Cuarta parte de los españoles afirma que estas fechas cada vez le gustan menos
MARICEL CHAVARRÍA.
BARCELONA. – "¿Cómo dice? No, cómo iba a molestarme la Navidad: somos muchos y no nos vemos nunca; si no celebramos ni bodas ni bautizos, déjenos al menos reunirnos una vez al año", contesta una barcelonesa mientras sortea el hervidero humano que abarrota las calles comerciales de la ciudad. Este año, los felices consumidores deambulan bajo un cielo raso de guirnaldas muy sinceras: en lugar de los tradicionales adornos, cuelgan bolsitas de regalo que contribuyen a llamar al consumo por su nombre. Tan aparente brillo esconde, sin embargo, que la esperada –y a menudo conflictiva– fiesta familiar navideña no resulta del mismo agrado para todos.
Un estudio realizado por Euro Netresearch revela que la Navidad gusta cada vez menos a un 27% de los españoles de entre 20 y 50 años, y no gusta nada a otro 11%. Por otra parte, y mientras sólo un 12% está cada vez más interesado en este periodo, la mayoría de consumidores rechaza su prolongación, ya que cada año se prepara con mayor antelación. Y eso teniendo en cuenta que España no se anticipa más allá de cuatro semanas y que la tendencia europea es otra: Gran Bretaña o Alemania, por ejemplo, se engalanan sin dilación el día 1 de noviembre.
Directos al aeropuerto
Muchos quisieran en su fuero interno dar un salto de noviembre a enero. Y no se trata sólo de personas sin familia o con una familia problemática, ni de quienes han perdido a seres queridos o viven una ruptura sentimental. Por lo general, los excesos de estas fiestas suelen acabar hartando. Evitarlos lleva a algunos directos al aeropuerto y a recurrir a la coartada del tipo "lo siento, familia, salgo de viaje" ante la perspectiva de una serie consecutiva de comilonas y reuniones que se eternizan.
Según Francesca Marsà, de la agencia de viajes de aventura Tuareg, su oficina registra un grupo importante de gente que se va de viaje el 20 o el 21 de diciembre, "los que no tienen obligaciones familiares y también los que huyen de ellas". La gente suele salir en busca de buen clima: con destino al Caribe, o hacia los países árabes que están más próximos. Marruecos, Libia, Túnez, Egipto... son, por otra parte, puntos del mapa que garantizan una no Navidad. No obstante, las agencias más tradicionales constatan mayor número de salidas los días 26 y 27, cuando de cara a Fin de Año se pone rumbo a una capital europea.
Al margen de estas escapadas, no es ninguna novedad que una parte de la población experimenta ante estas fiestas desde una ligera tensión o irritabilidad hasta tristeza o incluso depresión. Así lo confirma la psicóloga Isabel Larraburu, quien señala que "el entorno nos sumerge en una realidad virtual a medio camino entre el carnaval y la pesadilla: las calles taladran a villancicos, luces y adornos recargados y absurdos; se come y se bebe por encima de las necesidades y se espera que estemos contentos y no agüemos la fiesta a nadie".
Una de las causas que más influye en este ánimo son, según Larraburu, las expectativas no realistas: "El ideal interno sobre lo que las fiestas deberían significar no se corresponde con la realidad. Tendemos a comparar este ideal con nuestra situación personal y familiar, por lo que caemos en la insatisfacción y la melancolía". El sentimiento final es que, siendo una fiesta de contenido en origen espiritual, nada de lo que vivimos lo es; al contrario, "celebramos todo tipo de conductas mundanas y placeres materiales", dice Larraburu.
Por su parte, el sociólogo Salvador Cardús afirma que "la Navidad ha tenido siempre una dimensión nostálgica, ambigua y contradictoria: a la vez que se consume y se celebra, se critica el abuso consumista y se recuerdan las necesidades ajenas. Lo sorprendente es que tres cuartas partes de la población no se hayan rebelado aún ante la pérdida del sentido navideño. El mito cristiano refuerza el paroxismo de vivir las fiestas con cierta angustia, por eso tienen tanto éxito las campañas de solidaridad con los pobres".
Trascender lo mundano "A pesar del ruido exterior, la Navidad nos aboca a una mirada interior que nos confronta con nuestros recuerdos, sentimientos y el significado de la vida", afirma la psicóloga Isabel Larraburu. "Esta reflexión puede ser agridulce y uno de sus temas más inquietantes suele ser lo efimero de la existencia, la realidad de que todo nace y muere. Surge ahí la intuición de que lo que tenemos es nuestro aquí y ahora, que sí miramos atrás o adelante lo perdemos. Sólo podemos superar la tristeza inundándonos de presente."
No en vano, las tiendas de comercio justo experimentan un alza en este periodo. Intermón observa que el 40% de sus ventas son por Navidad y que el aumento interanual es del 30%. Al concepto de regalo navideño se le suma el compromiso de velar por la dignidad de quienes han fabricado el producto.
Por su parte, el profesor de Sociología del Consumo en la UAB Vicenç Borràs no cree que la población celebre ningún rito cristiano. "Es una fiesta impuesta por la tradición; si no la aceptas, te sientes socialmente presionado. Estás atrapado entre dos fuerzas: si por un lado té resulta pesado reunirte con la familia, por otro no quieres ni imaginar la Navidad sin nadie con quien pasarla, ni un día de Reyes sin regalo", observa Borràs, quien no duda en afirmar que las relaciones dentro de la familia son generalmente malas. "No olvidemos que el maltrato" de mujeres sucede dentro de la familia. No es un núcleo escogido, sino impuesto; implica hermanos, cuñados, herencias... Sí, ha cambiado el modelo de familia extensa a nuclear, pero sólo en cuanto a la convivencia. En realidad somos una sociedad familista", concluye. LA VANGUARDIA, 14 DICIEMRE 2003
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BARCELONA. – "¿Cómo dice? No, cómo iba a molestarme la Navidad: somos muchos y no nos vemos nunca; si no celebramos ni bodas ni bautizos, déjenos al menos reunirnos una vez al año", contesta una barcelonesa mientras sortea el hervidero humano que abarrota las calles comerciales de la ciudad. Este año, los felices consumidores deambulan bajo un cielo raso de guirnaldas muy sinceras: en lugar de los tradicionales adornos, cuelgan bolsitas de regalo que contribuyen a llamar al consumo por su nombre. Tan aparente brillo esconde, sin embargo, que la esperada –y a menudo conflictiva– fiesta familiar navideña no resulta del mismo agrado para todos.

