cosas[/b] que me gustan así, en general, o que una vez me gustaron y ahora no tanto, o que me gustaban y siguen gustándome, o que me gustan cada vez más. El orden en el que aparecen no es significativo, salvo quizás en lo tocante a las dos últimas, que serán últimas por ser precisamente las que más me gustan. No están todas, tengo mis motivos para no incluirlas a todas, y casi todas estas cosas que me gustan han sido nombradas ya anteriormente aquí y en un montón de sitios más. Pero no hablamos de originalidad, hablamos de cosas que nos gustan y, aunque algunas de ellas no me habrían venido al pensamiento si no fuese porque las habéis mencionado como cosas que os gustan a vosotros/as, el hecho de volverlas a sacar es legítimo desde el momento en que lo que me interesa a mí en este momento es traer a colación algunas de las cosas que me gustan,
cuando más me gustan.
Empezaré por dos símbolos, dos en uno. Y no aludo a que sea un icono cultural, sino a que lo meto aquí como imagen simbólica. Bueno, dos en realidad.
Sue Lyon, vista por
Kubrick:
Y
Dominique Swain, por
Adrian Lyne. El agua es un elemento de esos que dan juego en algún que otro momento de
Lyne, basta con recordar la escena en unas escaleras en
Nueve semanas y media.
Pero insisto, son simbólicas en la medida en que lo mismo me daría que en lugar de
Sue Lyon o de
Dominique Swain estuviesen cualesquiera otras. Sin embargo, no consentiría que la actitud sugerida en esas imágenes cambiase.
Más
cosas que nos gustan, y hablando de nínfulas:
Luisana Lopilato.
Estrella de la televisión argentina gracias a su protagonismo en la teleserie-culebrón para adolescentes
Rebelde Way. Son cosas que nos gustan, sí, pero no puedo
contemplar esa
imagen tan calculada y con tan conspicuas dosis de
perversidad sin pensar que, de haberse tomado la
foto en algún momento durante el par de años que se rodó la serie -y no hay motivos para pensar otra cosa- la
joven había de tener por fuerza
15 ó
16 años como mucho.
He oído hablar por aquí de
Milla Jovovich. A mí me gustaba cuando sus facciones no eran angulosas todavía, o sea en la época en que retozaba en
entornos paradisíacos, con 16 años, porque para todo hay un
antes y un
después. Pero no es una cuestión de edades. La edad en sí misma no es factor condicionante, es todo mucho más simple que eso. Hablamos de cosas que nos gustan.
También me gustó mucho en su momento
Mena Suvari y su
anatomía, especialmente en el pasaje de
American Beauty que ilustramos a continuación. Se aprecia claramente, por cierto, la cabeza de
Thora Birch. Una vez más, la encarnación de una lolita.
Pero no es una cuestión de edades. Hablamos de cosas que nos gustan. Como esto, por ejemplo:
Aunque quizá sea de una belleza excesivamente
dulzona, no deja de gustarme esta
Denise Richards. Tuvo un punto álgido en una escena eliminada de mi estimada
Starship troopers. No es difícil hacerse con
Denise Richards - Starship Troopers (Deleted Scene 1).avi 
, por cierto. Me refiero a la escena.
Una belleza, de estas tierras esta vez, es la de la chica de cara aniñada
Elena Anaya. Su
menudez resulta irresistible, no como esas
jacas de 1'80. No siempre más es más.
Supongo que
Jessica Alba está más cerca de esas
jacas que decía, pero a veces, las turgencias por doquier acaban convirtiéndose en cosas que a uno le gustan:
planos que le regala
Lynch en
Lost Highway que degustando sus particulares
sueños húmedos con
Freddy Krueger.
Metidos de lleno en la feria de las exuberancias, cómo no hablar de, esta vez sí, un icono
erótico de los ochenta:
Kim Basinger. La película que la hiciera famosa, ya nombrada arriba, dejó perdurable rastro en mí. Es ver una imagen de
Kim Basinger, y mis oídos reproducen miméticamente la voz de
Brian Ferry en
Slave To Love.
verla, la verdad. Pero tiene algo, acaso sus nalgas sicalípticamente
hipertrofiadas, que me gusta. Allá va, pues, esa mención.
Charlize Theron no me tiene tan cansado. Tal vez porque nunca la oí cantar o porque no he visto ninguna de sus películas. Excepto su
anuncio de
Martini de 1996. Puede que eso haya ayudado sobremanera a conservar esa
imagen tan especial que tengo de ella.
Durante un tiempo confundía a
Ashley Judd con
Charlize Theron, pero supongo que las misteriosas razones para ello eran las mismas que me hacían pensar, hace muchos años, que
James Belushi era
Bill Murray y viceversa. Con la correcta
caracterización, es capaz hasta de recordar a
Marilyn, aunque esta última nunca me dijo nada, más que nada porque murió mucho antes de yo nacer. En
The Passion of Darkly Noon luce un
look sudoroso que me excita tanto como a
Brendan Fraser.
La argentina
Natalia Verbeke no llama a la sedición a mis pulsiones más atávicas. No necesariamente. Pero esa carnosidad de su cuerpo es atributo que valoro en gran medida. Merece ser contemplada un ratito.
seducida por John Malkovich?
La potencia corporal de
Elisabeth Shue siempre me ha atraído. Es de esas mujeres a las que la falda sienta tan, tan bien. El
delantal también.
Isabelle Adjani fue para mí un
objeto de deseo desde mi más tierna juventud. ¿Qué más puedo decir?
Voy a incluir aquí a
Elsa Pataky, pese a que pretendía limitarme a hablar de actrices. Haber hablado antes de
→J.Lo es un precedente que, al menos, sirve como atenuante. En su favor he de decir que es
ella y nadie más la responsable de que yo haya visto por primera vez por propia inciativa una
película de
Garci.
Hace muchos años que vi
Viva Maria! y los recuerdos son sumamente imprecisos. No obstante, sí recuerdo la sensación que
Brigitte Bardot me provocó. Yo era un adolescente cuando vi la película por TV, y todo mi sistema endocrino sufrió algo parecido a un colapso.
Pero pasa el tiempo y la acumulación de glucógeno en los labios disminuye dramáticamente, otorgando al rostro un aspecto más duro y afilado. Desaparecen las huellas de la insultante juventud. Y digo
desaparecen porque no es la edad la que marca sus huellas, sino la que se encarga de que se desvanezcan las primigenias, como un viento abrasivo. Valga lo dicho también para
Claudia Cardinale.
Cosas que me gustaron, tales como
Erika Eleniak, particularmente cuando hacía sus
turnos en bañador. Un cuerpo
explosivo que fue, durante largo tiempo, la diana exclusiva de mis más lujuriosas proyecciones -tanto literal como figuradamente- cuando mi organismo no era capaz de gestionar eficazmente el torrente hormonal que circulaba en su interior. Como secuelas me quedaron las orejas de sátiro. Aquellas
cejas de poderosa presencia
à la Brooke Shields me resultaban entonces de lo más
chic.
Menos mal que las generaciones se renuevan y aparecen
cosas como
Gretchen Mol, que se me antojó sexualmente atractiva hasta el
delirio en
Forever Mine.
Halle Berry es una mujer de
cuerpo atlético y proporciones harto agradables que tiene el don de la versatilidad. Y me gusta. Como a tantos otros y a tantas otras. Pero no se trata de ser original en los gustos, y menos aún de
pretender serlo. Se trata de hablar de cosas que nos gustan.
La cosa empieza a ponerse seria. Muy
seria.
Natalie Portman me gusta. Me gustó ya en
Beautiful Girls, película que fui a ver de la mano espiritual de
→Uma Thurman. Allí era jovencísima. Nació en el 81, así que visitando el enlace al filme sale rápido el cálculo. Pero el caso es que me gustó más aún en
Closer, bañada por ese líquido amargo que tan generosamente derrama
Mike Nichols sobre sus
criaturas.
Voy a hacer una confesión: me gusta
Monica Bellucci. Un
alarde de ingeniería genética
natural. Me encanta en
Irréversible, donde luce un finísimo vestido de seda que sigue obediente los sinuosos
contornos de la italiana inalcanzable. Aquella vestimenta me hace pensar de nuevo en la
→Patricia Arquette de
Lost Highway.
Una de las más deseadas es, sin duda,
Scarlett Johansson. La más reciente de mis fijaciones. Preciosa en
Lost in Translation y con ese par de kilitos extras que ha sabido poner a su favor como pocas. Dan ganas de abrazarla, ¿verdad? Ni que decir tiene que su lado más
sexy aflora con extrema facilidad, a poco que se lo proponga.
Jennifer Connelly es lo suficientemente joven como para ser considerada una de las múltiples abanderadas de la generación de
cosas que me gustaron y siguen gustándome. Su
físico es tremendamente codiciable, como se ve en la imagen de abajo. Su cara goza de una cierta asimetría que elimina
ipso facto cualquier rastro de empalago visual, como debe ser en las caras bonitas de verdad. Esta característica es compartida por ésta y nuestras tres próximas protagonistas. Me gusta, más incluso desde el día en que la vi en
Hulk, toda flaca y huesuda: resumiendo,
hermosísima pese a quien pese y pese lo que pese.
La primera de estas otras tres es
Naomi Watts. Tiene una candidez malsana que me gusta, me gusta mucho. Aparte de eso, consigue que me zumben los oídos en cierta escena de
Mulholland Drive donde hace una prueba como actriz. Comprobado: esta chica debería llevar siempre falda.
La segunda de estas chicas que jamás resultarán empalagosas, sencillamente porque están más cerca de lo sublime que de lo bello, es la joven
Kristen Bell, más conocida como
Veronica Mars, su nombre en la serie homónima estadounidense que ha tenido considerable éxito. Dirigida a un público joven, pero presumiblemente no tan lerdo como el de
Rebelde Way. Su
sonrisa y la forma de su boca, el aspecto de su cara en líneas generales me hicieron pensar desde el primer momento en la tercera de esta serie de
mujeres en el terreno de lo sublime. Y también goza de la ventaja de la menudez, virtud horriblemente despreciada en esta era de
jacas supervitaminadas y supermineralizadas. Si un cuerpo no necesita ser grande para ser mejor, menos lo va a necesitar cuando sus
proporciones son tan absolutamente deliciosas.
Y otra:
Me refería antes a
Madeleine Stowe, que viene a ser para mí algo así como la quintaesencia de la feminidad, el prototipo femenino o la mujer paradigmática. Si alguna o alguno de vosotros quiere verla en todo su esplendor de
hembra excelente e inabarcable, no dudéis en regalaros los ojos con la escena del Jeep de
Revenge, junto a
Kevin Costner.
No puedo evitarlo:
Y llegamos al final de este recorrido. La detonante de mis fijaciones primeras, la de otro mundo. Me enamoré de
ella cuando era bisoño incluso para la mismísima adolescencia, en un papel que la obligaba a convertirse cada cierto tiempo en una
pantera de sedoso pelaje. No hablo de
Simone Simon, sino de
Nastassja Kinski, erigida en mi más alta
inspiración femenina prácticamente durante la primera mitad de la década de los 90.
Coppola contribuyó, y no poco, a que su presencia de
sueño hecho carne me llevase a pensar que nunca encontraría en este mundo algo parecido.
Hasta aquí este breve y resumido recorrido por las cosas que me gustan, cuando me gustan, como me gustan. Porque pocas cosas me gustan más que una mujer tumbada boca abajo -no perdamos el tiempo en psicoanalizar esto: es demasiado simple.
Es la imagen que acaba definitivamente con la voluntad del hombre, como si fuese tener el mundo entero ante uno mismo, comprimido en unos pocos metros cuadrados.
Saludos.
NOTA: Este post está sujeto a futuras ampliaciones sin previo aviso.